—Ja, ja, ja, ay nana, ni sé quién es ese, no conozco a nadie aquí más que a ti.
—Bueno señora, ¿qué quiere para desayunar?. le mandó a preparar lo que usted desee.
— No nana, yo comeré en la empresa, Yuli se encargará de todo eso, tu tranquila, solo manda a arreglar mis otros trajes con Livi, Yuli que le hará el pago correspondiente— agarrando sus cosas salió de la habitación y nana la detiene.
— Señora sólo quiero decirle una cosa más. Apretando sus manos — Estoy muy feliz de que por fin haya salido de esa cama, sé que mi hijo estuvo muy mal ayer, pero él es un buen hombre, solo está preocupado por su empresa.
— Tranquila nana, él tiene razón de estar tan preocupado y molesto, así que por eso yo tomé la decisión de salir hoy y empezar de cero para rescatar mi empresa y poder pagar su dinero, lo que pasó anoche... bueno esa discusión me hizo volver a la realidad.
Lía reconoció que Daniel estaba preocupado y tenía razón, aunque ambos actuaron mal, aún así ella no daría su brazo a torcer contra su esposo.
Salió de la habitación junto con Adela la verdad veía muy hermosa a pesar de haber perdido peso, aún así sentía muchas ganas de trabajar, comenzaron a bajar las escaleras y se escuchaban voces de hombres, al terminar de bajar, estaban dos hombres pero unos buenos ejemplares de hombres demasiados guapos, bien vestidos, altos, buen porte, la sala estaba impregnada del olor de sus perfumes amaderados y sus voces gruesas hacían eco al hablar, era Daniel y Alirio.
Ella continúa caminando como si nada y al pasar al lado de los caballeros saludo.
—Buenos días.
Por que ante los ojos de Daniel era una grosera y mal educada, aún así no quería dar una mala impresión, así que caminó con su cabeza en alto, y llegó a la entrada de la mansión, donde ya estaba Yuli esperando y hablando con el jefe de seguridad, por que no querían dejar pasar a su chófer de toda la vida. Daniel se acerca y el hombre de seguridad le explica que está el chófer de Lía afuera y que ellos no lo dejan entrar.
En todo momento Daniel no dejó de mirar a Lía, es que no podía disimular si ella estaba radiante, él estaba muy serio y sereno, pero ella no se incomodó por eso y también lo miraba de la misma manera, no se iba a dejar intimidar por él ni por nadie, estaba forjada para soportar indiferencia, orgullo y arrogancia de otros eso no la afectaba en lo absoluto y él simplemente dijo.
— Déjalo pasar— con una mano en el bolsillo y la otra sujetando su café— volteando a ver a Yuli le dijo— aquí tenemos un chófer asignado para la señora Blanchard— haciendo énfasis en el apellido—por hoy dejaremos que vaya con su antiguo chofer, pero mañana comenzará a ir con Julián quien es de mi entera confianza.
—Pues mi chófer es mi hombre de confianza—refuto Lía.
Daniel se acercó a ella y la miró a los ojos y le dijo.
—Que no se te olvide que estás en mi mansión, tengo mi propia gente de confianza y aunque sé que tu chófer es un buen empleado, ya no lo necesitarás.¡ah! y eso no se discute
Lía estaba molesta, no quería otro chófer, Pero antes de seguir con una discusión Yuli intervino.
—Si lo entendemos señor Blanchard, vamos Lía ya es tarde—haciendo señas para que no dijera nada más.
Daniel se giró para encontrarse con su abogado. La empresaria estaba muriendo por decirle que no aceptaría, pero prefirió callar para no seguir con discusiones además no quería que nada le quitará la alegría con la que se había levantado, cuando vio al frente estaba estacionado su auto y el chófer se bajó, ella salió corriendo y lo abrazo tan fuerte que casi le fractura las costillas.
— Mi señorita bella, cuánta falta nos ha hecho a todos— decía José un viejito dulce y cariñoso.
Era un señor muy profesional y al que Lía amaba como si fuera un abuelo más, además su esposa y sus hijos son también amigos.
—También los extrañé mucho, José, ¿cómo estás? Y la viejita ¿cómo está?— preguntó emocionada.
—Estoy bien y mi esposa, también, no ha dejado de preguntar por ti.
— Vamos ya es tarde, señora Thiago, suba a su auto—Yuli abriendo la puerta y José caminando muy rápido para poner el auto en marcha.
Daniel vio la escena desde lejos, le pareció que ella a pesar de su actitud de niña caprichosa también era tierna.
— Buenos días, querida jefa, al llegar a la oficina tendrás un delicioso desayuno y un cerro de carpetas, hice lo mejor que pude mi querida jefecita, a las 9:00 horas llegan los inversionistas del extranjero para certificar la oferta que ofrecieron hace uno dos meses, a las 10:00 horas hay reunión con los socios, debes aclarar todo lo referente a la empresa, eso se puede extender hasta el mediodía, hice reservación en el restaurante que te gusta, pero si no quieres salir, comemos en la oficina, la tarde está libre de reuniones, pero no de llamadas aquí está la lista de todas las personas que debes llamar, ya te la pase a tu teléfono, ah y te tengo una cremita y algunas píldoras para el dolor por si acaso.
La verdad es que una asistente como Yuli no iba a conseguir jamás, así que solo sonrío, ya se sentía en un día normal de su vida, muy movido, mucho trabajo y poco tiempo.
— Buenos días Yuli, gracias por todo, pero... ¿me puedes dar un abrazo antes de comenzar mi día?—Lia lo pidió por que de verdad lo necesitaba, Yuli era prácticamente lo único que le quedaba, la asistente la miró y sus ojos asomaron algunas lágrimas y la abrazó, muy fuerte.
— Perdón por mi ausencia, te extrañé mucho, mucho, se que soy una egoísta y caprichosa.
— Nada que perdonar amiga mía, yo también te extrañé mucho, mucho, pero no me vuelvas a sacar de tu vida, porque ahí si me molestaré y me iré lejos— Yuli limpiaba sus lágrimas y sonreía.
—Lo prometo amiga, no lo volveré a hacer. Hay algo que quiero hacer antes de llegar a la empresa— mirando mi reloj— aún hay tiempo.
— ¿A dónde quieres ir?—pregunta Yuli intrigada
— La comandancia policial, quiero saber como va el caso de mi hermana, quiero ponerme al día con todo.
—Copiado jefa, vamos para allá.
Le informaron a José y desvió la ruta hacia la comisaría.