El cielo teñido de naranja se colaba por los ventanales. Hana estaba sentada en la alfombra, estirando después de entrenar. Llevaba una coleta alta, una camiseta sin mangas y unos shorts deportivos que la hacían ver como una diosa guerrera casual. Travis entró sin anunciarse, como siempre. — ¿Tienes un minuto? Hana lo miró por encima del hombro, luego volvió a enfocarse en su estiramiento. — Para ti, tengo medio. Travis bufó, cerró la puerta tras de sí y se dejó caer en el sofá. — Vinieron unos reclutadores. Quieren llevarme al torneo nacional universitario… con todo pagado. Es la antesala al draft profesional. Hana se quedó inmóvil. Luego se giró lentamente hacia él. — ¿Estás hablando en serio? — Completamente. Es real, Hana. Todo lo que soñé desde que agarré un balón de niño. Es

