La venganza de Naomi (1)

3219 Palabras
Naomi Igarashi… Mi nombre es Naomi Igarashi. Reposaba en la cama de un desconocido. Mi cuerpo hedía a sake. Buscaba la ropa en el suelo, me hallaba los paquetes de condones, vacíos. Miraba mi entrepierna, gotas de semen caían desde mi v****a. Encontré a Naomi en el reflejo del espejo, la miré sin odio, asentí a la verdadera Naomi. —Debemos actuar, pronto terminará el espectáculo y acabaremos con ella —le dije al reflejo. No me contestó, solo es una proyección de mi cuerpo. Se quedó en silencio, no hizo nada más. Me vestí y recogí el dinero. La tía me esperaba en un coche, debía satisfacer a otro cliente y extraer información de sus celulares. —¿Lo tienes listo? —preguntó la tía guando me senté en la parte de atrás del coche. —Sí. Entregué un pendrive con información de las cuentas bancarias del dueño de una empresa de construcción. —Vas bien, Naomi. A este ritmo, serás mejor que yo. ¿Te gusta el trabajo? Lo odiaba, lo detestaba y quería matarme por mancillar mi cuerpo, pero no podía retroceder. —Me fascina —contesté. —Eres una perra como yo —afirmó Igarashi, relamiendo los labios, como un can hambriento. Pensé en Harumi, Sai y madre. Mi venganza estaba en progreso mientras las luces del túnel alumbraban mi rostro circunspecto. Debía fingir estar bajo sus pies, antes de atacar en el momento adecuado. Quizás moriría o viviría para contarlo, no tenía del desenlace de mi venganza. Una vez que llegamos al hotel, me preparé para el siguiente cliente. Tuve sexo durante cinco horas, con catorce hombres. No era la única mujer en la orgía, habían varias. Agotada, no sabía qué hacer para aguantar otro pene dentro de mí. La voluntad s****l se avivó cuando pensaba en mi hermana muerta, en el secuestro de Sai y la presión que mi madre tuvo de parte de la tía. —¡Viólame! —gritaba al siguiente hombre, borracho. Copulaban conmigo como si fueran bestias de una caverna. No sentía placer, no tenía orgasmos y no sentía dolor. Quería vengar a mi familia, costara lo que costara. Luego de la muerte de Harumi, la tía Igarashi asumió la responsabilidad de la etapa final de mi adolescencia. Lloré la muerte de mi hermana, en la casa de la tía Igarashi. Acostada, con el rostro cubierto con las manos, en la cama, repetía el nombre de Harumi. Sin embargo, unía las piezas del rompecabezas. Tía Igarashi desapareció a Sai, para herir a Harumi y así quedarse con mi custodia. ¿Por qué la tía necesitaba? ¿Por qué yo en primer lugar y no Harumi? «Te pareces a mí cuando era joven y pobre como tu madre», me había comentado. Después de la orgía, dormí por escasas horas. Durante el amanecer, Igarashi me llevo a otro cliente. El ciclo no culminaba. —¿Tienes el pendrive? —preguntaba, siempre. —Sí —contestaba. Mis días libres era un mes completo. En el decurso de los días libres, me dedicaba a planificar mi venganza. Había decidido envenenar a Igarashi, pero debía haber un modo de hacerlo sin la supervisión de Toshiba Yamamoto. Toshiba era un gordo de metro ochenta, exluchador de sumo. Era el guardaespaldas de Igarashi, además de ser su esbirro número uno. Él fue quien se encargó de desaparecer a Sai. Un fin de semana, me dedicaba a limpiar la casa que me concedió tía. Era una morada en un barrio residencial de una prefectura que no importa mencionar. Oculta de mis conocidos, alejada de la universidad donde iba a estudiar, arreglaba los objetos, retiraba las telarañas y preparaba la comida. No vivía con nadie y mi única comunicación… —¡Soy yo, Aiko! Era Aiko… Aiko me conectaba con el mundo real. Descorrí la puerta, estaba con su típico suerte de color rosa con estampado de Hello Kitty. Traía una bolsa de supermercado con dulces y gaseosas, teníamos planeado una noche de películas. ¿Puedes creer que un ser tan maravilloso como Aiko, se haya suicidado? La tía Igarashi me permitió la amistad de Aiko porque no interfería con sus planes. Aiko sabía mi tarea con los empresarios. De hecho, sabía que yo era una prostituta. Sin embargo, ella era una tumba. Ni a su novio, Tanimura Yoshimoto, le había hablado de mi profesión. Se filtraba la luz del atardecer por la ventana de la cocina. El moteado de luz, era el lienzo de las sombras que proyectaban los árboles. Veías las ramas negras en el suelo bañado de luz. Silbaba el viento y el siseo del follaje traía paz a la estancia. —¿Cómo te fue el mes pasado? —preguntó Aiko, sentada en la estera. —Horrible, participé en múltiples orgías. Igarashi no me dejaba descansar —dije mientras condimentaba el pescado. —La venganza no será tan fácil como creías —dijo en voz baja. —Debo sacrificar de mí misma para que siga creyendo que soy su esclava s****l. Era algo que ella, al fin y al cabo, deseaba hacer para conseguir sus objetivos. No te imaginas cuántas empresas ha extorsionado la yakuza gracias a mi desempeño en la cama. —¿Qué hacen con todos esos datos? —Me trae sin cuidado lo que hagan, Aiko… Solo me importa acabar con Igarashi y el gordo de Toshiba. —Hmmm… Nadie se espera tu venganza, ni deben sospechar. —Destapó una lata de Coca-Cola. —Igarashi es astuta, debe saber que la odio como mi hermana y mamá. También puede saber que conozco al secuestrador Sai. —¿Cómo está Sai? —A punto de morir. Lo metieron en un calabozo a comer solo arroz con agua. Morirá en cuestión de tres meses y podrá reunirse con Harumi. No podré salvarlo, ni siquiera vale la pena hacerlo. Sin Harumi, su vida no tendría sentido. Me duele dejarlo morir de esa forma, no lo merece. Un s******o sería más justo. —¿Por qué no hablas con Toshiba? Puedes transmitir la noticia de la muerte de Harumi y hacer que se suicide, ¿no? Es una buena idea. —A veces quisiera hacerlo, pero la tristeza sería profunda. ¿Sabes? —Dejé el pescado a un lado y la encaré—. Él está engañado. La tía le dijo que Harumi se había casado con otro hombre. Le mostró fotomontajes de una supuesta boda. Sai sonrió, y recuerdo aquella sonrisa, porque la vi por las cámaras de seguridad. Él dijo que mientras Harumi viviera feliz, sea con quién sea, él sería feliz. Ahora bien, imagínate que le digo que Harumi murió por su ausencia. ¿Cómo moriría? —Triste y desengañado. —Así es. La vida es una red de engaños, Aiko. Necesitamos creer un porcentaje de las cosas para ser felices. Preferimos la mentira a la verdad. Si todos fuéramos honestos, no creerías el caos que existiera en nuestra cotidianidad. Me duele decirlo, pero es mejor que Sai muera con la falsa creencia de que Harumi es feliz. Comimos en silencio. Aiko dejó el plato limpio, yo apenas probé bocado. —¿Ocurre algo? —preguntó. —No merezco este tipo de vida, ni lo que le ocurrió a Harumi, ni el s******o de madre. Todo el peso cayó en mí y estoy en la trampa de Igarashi. Pero estoy en su trampa, porque mientras ella viva, no podré vivir en paz. Debo matarla, de un modo u otro —dije, viendo la pecera. —¿Por qué no vemos una película? Así te puedes distraer… ¡Ah! Diablos —se rio con nervios—, se me había olvidado contarte algo. Enarqué una ceja, Aiko despertó mi interés. —¿Qué? —Takahiro Okada quiere buscarte, me lo dijo Tani… Se quedó callada y su sonrisa se esfumó. Tomé su frágil mano. Ella tragó saliva, sabía que se le había hecho un nudo en la garganta. Desde hacia unos meses, Tanimura desapareció. Solo enviaba postales desde un lugar ignoto. —Takahiro Okada quiere buscarme, ¿correcto? Era algo que me habías comentado antes de la desaparición de Tanimura. Tu inconsistente quiso nombrarlo, no te preocupes. —Lo sé —dijo, luego de respirar profundo—. Pero hace unas semana, hablé con Takahiro. —No me interesa que él me busque. Soy una mujer clandestina, voy de hombre en hombre, persiguiendo una venganza… —No lo entiendes, me dijo que tú eres la niña del Tokio Skytree. Mis ojos se extendieron de par en par. Recordé las palabras de Harumi aquella noche. Un niño me estaba viendo. Sentí espeso líquido que subía por mi tráquea. Era Takahiro, su nombre era Takahiro y es Takahiro Okada. —¿Viste un fantasma? Te quedaste pasmada —observó Aiko. —Takahiro es el niño que había dicho Harumi. El niño que me veía y yo no me di cuenta. —¿Enserio? ¡Qué hermoso! ¡Un amor desconocido que se une gracias al destino! Lo más gracioso es que has visto a Takahiro cientos de veces. Claro, él no te ha visto a ti porque ninguno de los dos se prestaban atención. ¿No recuerdas al chico que iba delante de Tanimura en bicicleta? ¡Ese mismo es! Él te pasaba por al frente, empeñado en ganarle a Tanimura. ¡Qué curioso es el sino! ¿No te parece? Aiko recuperó su actitud infantil. —Es muy extraño, porque Tokio es una ciudad inmensa. Me sorprende que estemos unidos u enlazados de esta manera. —Miré la taza de té que había servido—. Takahiro Okada… No es el momento indicado para conocernos. Ni siquiera sé si saldré viva luego de asesinar a la tía. Sabes que funge en la yakuza con una alta reputación. Que su propia sobrina la asesine y sea descubierta en el acto, es peligroso. Pongo en riesgo mi vida para vengar la muerte de tres seres queridos. Si Takahiro se metiera en mi vida personal, le traería problemas. Él es hijo de un empresario, supongo, ¿no? —Pues, sí. —Yo me acuesto con viejos del área de Minato. Robo información de sus cuentas bancarias y la yakuza se encarga del resto. Me gano mi parte y tengo protección del gobierno corrupto en secreto. Si la tía se entera que tengo una relación a escondidas con un empresario de mi edad… —Él no es empresario… —Pero guarda relación con los empresarios de Minato. Mires por donde lo mires, es arriesgado para él. La tía me pedirá que le extraiga hasta el último centavo para sus fines, los cuales desconozco. —¡Qué complicada es tu vida, Naomi-chan! —exclamó Aiko—. ¿Las cosas no pueden ser más fáciles? —Desearía, pero es mi destino. No escogí se esto, pues el camino me formó para ello. Harumi no me protegió de las garras de la tía, pero ella supo jugar sus cartas. Es una víbora de la que debo tener cuidado. Mis teléfonos están en vigilancia y mis pasos son observados. De hecho, tu visita también está registrada por alguien que se oculta en uno de los setos del jardín de enfrente. Por suerte, nadie escucha nuestra conversación. Tranquila, me he asegurado de ello; tampoco nos ven con binoculares para leer nuestros labios. La yakuza es confiada y tiene todo controlado. Puedo tratar de matar a la tía, pero ellos sabrán cuando lo haré. Siempre están un paso delante de mí y debo saber jugar con ello. —Pero puedes contar con nuestro apoyo. Quizás Takahiro te pueda ayudar o salvar de esto. Conoce un tal Inagawa, con poderes místicos. No, no es una broma. Es un tipo de lo más extraño. Es el guardián de Takahiro y de la familia Okada. Tanimura me contó sobre él. —Agachó la cabeza, guardó silencio durante unos segundos y prosiguió—: Puede ser tu salvador si logras contactar con él sin ponerlo en riesgo. —Este es un camino que debo seguir sola, Aiko —dije con suavidad—. Agradezco tu ayuda, pero la tía debe pagar por mi propia mano. Además, Toshiba Yamamoto también un tipo peculiar. No me sorprendería que Inagawa y él sean de la misma calaña. —¿Cómo qué es un tipo peculiar? —Sorbió el té que ya estaba frío. —Siempre que pasa cerca de un televisor marca Toshiba, emite estática y su pantalla muestra una cantidad de granos que hacen la imagen borrosa. Una vez, llegó a vaticinar que un cliente me trataría de matar. Él no me había acompañado esa noche y apareció en el baño del hotel. No me preguntes cómo diablos apareció en el baño donde yo me había aseado, horas antes del intento de asesinato. Tengo miedo de él, créeme, es un tipo raro. Su mirada es imponente y su porte no deja de atemorizar a cualquiera. Es capaz de intimidar a un militar con experiencia de guerra. —Bastante complicado. —Se mordió el labio inferior—. ¿Qué tal si vemos la película y discutimos sobre esto otro día? Me dará jaqueca, ji, ji, ji. Aiko se acostó en el sofá, conmigo. Vimos la película, abrazadas. En cuento cayó la noche, había terminado la película. Ella se durmió en mi hombro. Miré sus labios y sentí un deseo de besarlos, morderlos y libar su néctar. Un profundo anhelo homosexual se abría paso por mi interior. Ambas nos sentíamos solas en este mundo. Tanimura se había ido de su lado y mis tres seres queridos habían muerto. En un impulso por detenerme, me aparte de ella, con suavidad. Caminé hacia el baño y me lavé los dientes. Luego regresé y limpié el área donde habíamos comido. Habían envoltorios de barras de chocolate por todos lados. Salí a botar la basura, pero me percaté que, apenas abrí la puerta, una sombra entró en la casa. Quizás eran ilusiones mías. Cuando regresé a la sala, Aiko yacía dormida, hecha un ovillo. Sonreí, porque Aiko era como tener una mascota o una hija. Me senté cerca de la mesa y hojeé una revista de moda que tenía sobre ella. Nada interesante que leer. Cerré los ojos y sentí una presencia a mi espalda. Giré para comprobar que no había nadie, pero sí había alguien sentado en la estera. Mi corazón se inquietó, me levanté para encender la luz, pero la sombra levantó una mano. El humo de un cigarrillo salía desde su cabeza y se veían los espirales gracias al claro lunar que llegaba desde la ventana. Yo estaba en el lado de la luz y la sombra en la oscuridad. —Señorita Igarashi, ¿no? —preguntó, su voz era como la de un duende. —Disculpe, ¿quién es usted? —Mi nombre carece de importancia, pero puedes llamarme Inagawa. —Caló el cigarrillo y vi el naranja intenso de la punta del pitillo—. Soy el guardián de Takahiro Okada. —¿Cómo te metiste aquí? —Eso no importa, como mi nombre, ¿verdad? ¿Por qué nos importa saber como acceden las personas en nuestras vidas? No debería interesarnos, sino prestarle atención con que motivo ingresaron a la misma. No estoy aquí para hablar de estas reflexiones. Takahiro me pidió que rastreara tu paradero. Llevó meses rogándome, no pude seguir siendo sordo a sus peticiones. Eres una dama con un futuro brillante junto a Takahiro, pero con tragedias que deberás superar. Vales la pena para yo hacer esto. »Voy al asunto principal. Estás siendo vigilada veinticuatro horas. Incluso hay un guardián: Toshiba Yamamoto. Un excompañero de la segunda guerra mundial que también adquirió los mimos donde que yo. Verás, nos conocimos en Hiroshima y participamos en el frente de batalla en Manchuria. Regresamos con vida y eso es mucho decir. Pero estos donde los adquirimos cuando nos preparábamos para la invasión aliada en nuestras costas. Para aquel entonces, estábamos en Hiroshima. La bomba atómica destruyó todo, lo sabes bien. Pero nosotros, por un extraño milagro, quedamos vivos. Debimos ser vaporizados, pero no fue así. ¿Entiendes lo que quiero decir? Toshiba y yo somos sobrevivientes de una bomba atómica que debió matarnos. En lugar de morir, fuimos maldecidos con la vida eterna. Parece irreal, totalmente irreal, pero aquí me vez. »Nosotros nacimos durante la era Meiji. Casi a principios del siglo XX y a finales del siglo XIX. Pero esa no es la cuestión. Toshiba tiene los mismos dones que yo. Ninguno es más fuerte que el otro. No hay reglas entre nosotros. Y no solo somos nosotros, también hay otros alrededor de j***n. Incluso hay algunos en Nagasaki. Esto explica el por qué hago cosas que son insólitas y por qué Toshiba altera los televisores, que no únicamente son de marca Toshiba. »Debimos morir hace mucho tiempo. Esta vida no nos pertenece, señorita Igarashi. Quizás el destino esté moviendo sus hilos para acabar con nosotros. La forma de morir que tenemos, es que alguien nos asesine. Por el camino que conduce la vida de ambos, estamos enlazados por vías que creíamos desconocer. Hoy se alumbran esas vías y puedo entender que alguno de los dos, debe morir de una forma u otra. Si ayudo a Takahiro a encontrarte, cosa que ya hago, meto mis narices en asuntos que no me competen. Esto llamará la atención de Toshiba y no evitará un enfrentamiento. Yo protegeré al señor Okada y protegeré todo lo que el ama, eso te incluye. Por supuesto, él no te ama todavía, pero en el futuro sí. —¿Cómo puedes saber el futuro? —pregunté, abrumada por toda la historia. —Eso no te concierne. Ahora bien, señorita Igarashi. Usted quiere vengar a sus seres queridos. Es un camino que debe ejecutar por sí misma, pero cuenta conmigo para eliminar el primer obstáculo: Toshiba. Si usted no se ocupa de Toshiba, no podrá vencer a su tía Igarashi. Un guardián se adelanta a los acontecimientos y créame que Toshiba sabe de antemano lo que usted hará. Tragué saliva, era algo que había supuesto. —Mi recomendación es que no piense en matarla, todavía no. Espere el momento indicado y ese momento indicado será cuando Takahiro entre en su vida, porque allí me involucraré para defenderlo. No tengo nada en contra de Toshiba, era un buen compañero de armas, pero no permitiré que hieran a los seres queridos que protejo. Suficiente perdí cuando mis hijos, esposa y familia, murieron en Hiroshima. He cargado con el dolor de vivir sin ellos y saber que viví y ellos no. —¿Usted arriesgó su vida para decirme todo esto? —No arriesgo nada, la verdad. Toshiba sabe que un día nos encontraríamos. —Encogió los hombros—. Me despido, señorita Igarashi. —¡Aguarda! Tengo una pregunta… —El señor Yoshimoto se encuentra bien. No puedo decir su ubicación, él necesita paz. Disculpe que no pueda ayudar a su amiga, que a su vez es la amante del señor Yoshimoto. La sombra desapareció como el humo del cigarrillo. El canto de los grillos lo escuchaba lejano. No podía creer lo que sucedía en mi vida ni las personas que estaban en ella.
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