NARRA MELISA
Cuando Noah se fue de la casa, me sentía sola y triste. Jamás pensé que sería tan canalla al creer que lo estaba buscando por su dinero. No se merecía el término de padre. Ahora me doy cuenta de que hice una buena elección al criar solo a mi hijo.
Necesitaba hablar con alguien ayer y, después de que Adilene llegó, le comenté todo e incluso estuve hablando con mi hermana, quien también estaba enojada.
Ahora que me estoy levantando, lo primero que hice fue ver a Wade. Quería cerciorarme de que todo estaba bien con él. No quería volver a pisar otro hospital.
—Mi amor —susurré.
Él seguía durmiendo como todo un angelito. Hoy seguro que era uno de esos días que nunca terminan. De pronto, escucho el celular y reconozco que es mi hermana.
—Buenos días, Melisa. ¿Cómo amanecieron? ¿Cómo está Wade? —Justo lo estaba acariciando. Me gustaba verlo dormido. Es tan inocente.
—Buenos días. Estamos bien, por dicha. He revisado la temperatura y está fresco. De hecho, está muy profundo.
Wade movió sus labios tiernamente.
—Eso me gusta —dijo—. Ahora, necesitamos hablar de ciertas cosas. No te las dije ayer porque no era el momento ni la hora, pero ¿qué piensas hacer ahora que Noah lo sabe todo?
Me quedé en silencio. Recordar esa discusión me ponía mal. Me llenaba de cólera.
—¿Vas a dejar que él se integre en la vida de Wade?
—¡Por supuesto que no! No después de lo que pasó ayer. Me faltó al respeto con la insinuación que hizo. Además, él ha estado ausente todo este tiempo, entonces, ¿qué falta le puede hacer a mi hijo?
Mi hermana no pensaba como yo. Lo sabía, pero esa sería mi postura.
—Estás muy mal —me dijo con tono autoritario—. Independientemente de cómo se lleven ustedes, pienso que Noah tiene el derecho de acercarse a tu hijo.
Apreté el teléfono de rabia.
—Porque tu hijo va a crecer y te hará muchas preguntas. ¿Qué le dirás? ¿Que murió? ¿Que se fue a un viaje sin retorno? No lo creo.
Escuché que alguien tocaba el timbre.
—Hablaremos después, parece que alguien llegó. Adiós, hermanita —corté antes de que me siguiera regañando. O bien, saldríamos discutiendo.
Me acerqué a la puerta para abrir, pero jamás me esperé que la persona que estaba ahí fuera Noah. Esta vez estaba con varias cajas, como regalos, comida e incluso un ramo de flores. ¿Qué se supone que hace este sujeto?
—Buenos días —empezó él—. Antes de que intentes correrme, me gustaría poder platicar contigo. He traído todas estas cosas porque se las debo a mi pequeño. ¿Será que puedo entrar?
Lo pensé por un momento. Quería decirle que no, pero las palabras de mi hermana resonaban en mi cabeza. Frustrada, solté un suspiro y le dije:
—Sí, por favor, pasa.
Él pasó. Me sentía un poco extraña con el jefe y, a la vez, con el hombre con el que me había acostado hace unos años.
—Sabes, lo siento por lo que pasó ayer. Sé que mis palabras fueron hirientes, pero quizás solo lo dije en un momento de enojo o, mejor dicho, confusión —Noah estaba nervioso. Lo podía ver en el temblor de sus manos—. Es que la verdad no podía creer que no me hayas buscado en ese tiempo. Todo esto es nuevo para mí.
Asentí. Tenía razón, pero yo también tenía mis motivos.
—Sí, y te entiendo. Pero no lo hice porque era un error. Quería pagarlo sola y no arrastrarte a eso. Fue bastante difícil porque por mi mente pasaron pensamientos negativos —suspiré, recordando esas etapas dolorosas—. Pensé incluso en abortarlo, pero no lo hice. Me aferré a mi vientre. Sabía que el tesoro que llevaba dentro me cambiaría la vida.
Me sentía nostálgica.
—Pero también me disculpo por las bofetadas de ayer.
Él sonrió.
—No te preocupes, me lo merezco por bocón. Es por eso que me gustaría conocerlo. Quiero ser su amigo, su confidente. No he tenido la oportunidad de cruzar palabras con él. ¿Puedo?
Mi corazón se aceleró. ¿Noah y Wade juntos? No me lo esperaba.
—Está bien, lo haré, pero hay algo de lo que tengo miedo —él entrecerró los ojos—. Sé que tienes mucho poder en la sociedad y que las cámaras están detrás de ti. Es por eso que quiero que, por el momento, mi hijo se mantenga en secreto. No quiero que su vida sea pública —él asintió—. Además, tampoco quiero que tu familia sepa de él por ahora. Quiero que mi hijo siga desarrollándose como ha venido.
—No tienes por qué temer. Yo no voy a dejar que nadie se le acerque —me dijo en tono mandón—, tampoco mi familia. Aunque yo siento que sí les gustaría saber que hay un nieto y único en la familia.
Noah parecía contento con Wade. Tanto así que hasta yo me estaba alegrando.
—Por cierto, ¿cuáles son sus gustos? Porque le he comprado estos juguetes —señaló las cajas—. Ahí vienen de todo un poco: un avión y un coche a control remoto.
—Es perfecto. A él le gustan mucho los coches, le gustan los helados, especialmente el de chicle. Su color preferido es el blanco. Y le gusta mucho la naturaleza. Omito ciertos detalles porque quiero que tú mismo los conozcas.
Él se levantó. Sacó algo de una bolsa que traía. Era una hamburguesa.
—No sé si querías —me dijo y mi estómago empezó a rugir. Qué vergüenza. Espero que no me haya escuchado.
La tomé y le di un mordisco. Se sentía tan deliciosa. Necesitaba saber los ingredientes de esta hamburguesa.
De pronto, Noah se acercó a mí. Me sentí muy nerviosa con su presencia.
¿Por qué siempre tengo que actuar así? No es justo.
Casi podía sentir el cuerpo de Noah sobre el mío. Le iba a dar una patada para empujarlo cuando sus manos se dirigieron a mi mejilla. Mejor dicho, al borde de mi labio.
Me dio un escalofrío cuando sentí sus manos en mi piel.
—Es solo que tenías pepinillo.
El aire de mis pulmones salió apresuradamente.
*
NARRA NOAH
Cuando entré a casa, me sentía afortunado porque en un principio pensé que me diría que no. Sentía otra cachetada, pero fue todo lo contrario. Era una mujer muy dulce y educada.
Estando en la sala podía apreciar mejor la casa. Era una casa sencilla, pero acogedora. No me gustaba para nada que mi hijo viviera acá si.
Se que mi familia me caerá como un nido de hormigas. Me sentiré juzgado, pero desde ayer a hoy, he sentido una especie de sentimiento inexplicable.
Quería tener entre mis brazos a Wade. Pasé viendo sus fotos una y otra vez y vi supe la hora que me había dormido. Al ver su sonrisa contagiosa, hacía que mi corazón también saltara de alegría.
Melisa estaba con ropa de cama. Me gustaba demasiado, ahora entiendo por que terminé en la cama con ella y haciéndolo sin protección. El short que llevaba puesto hacía casi verse su piel. Además, su camisa era un poco floja, pero podía notar que no llevaba sostén. Por sus pezones.
Me puse tenso y podía sentir como un bulto creciente se asomaba entre mis piernas. Así que trate de reprimir todo deseo hacia ella.
Cuando se lleno de pepinillos sentí que era el momento de atacar. Por eso me acerqué tanto a ella que en ese momento quería hacerla mía. Solo mía. Me limite hasta tocarla.
Sus hermosos labios me ponían mal. Carnosos y Jugosos era una tentación para mi.
—Creo que se llevará muy bien con mi familia cuando sepan de él— trate de cambiar de tema para que mis deseos se apagaran. Melisa sonrió. Me gustaba verla contenta.
—Ojalá que si. Sabes que para una madre no sería bonito que no le quieran a su hijo. Me la he jugado Solá todo este tiempo como para recibir algún mal comentario o un desprecio hacia Wade.— Melisa era una madre fuerte. Su rechazó el aborto y decidió enfrentarse al mundo sin nada, me deja claro que es una mujer que vale la pena.
—Nadie puede humillar a mi pequeño, no ahora que yo estoy presente— le hice saber con aire de seguridad.— Además, me gustaría comprarse un poco de ropa. Hice estas compras improvisadas, pero no sé si le vaya a agradar. Como esto— le indique que se levantará para ver la caja en donde estaban las otras cosas incluyendo el enorme peluche que le había comprado.
Melisa me ayudó a sacar las cosas.
—No me dan las manos, ¿será que me ayudas?— me pregunto al momento de ella meter las manos en la caja, pero debido a la profundidad de la caja no podía llegar.
—Si, claro.— me ofrecí. Metí mis manos seguido de las de ella, pero por alguna razón tropecé y mi cuerpo se pegó al de ella.
Parecía que el tiempo se había detenido entre nosotros. Sus ojos me miraban como un cuervo asustado. Y yo… como un leon atento al ataque. Pude ver sus ojos como se dirigían a mis labios.
La miré descaradamente. Que supiera que deseo lo mismo. Sus pupilas se habían dilatado. De cerca era más hermosa y podía apreciar cada detalle de su piel. El brillo de sus ojos así como también el latir de su corazón.
—L-lo siento— dije torpemente.— no mire que había tropezado con esa cosa.
Escuchamos unos pasos pequeños que estaban bajando por las escaleras. Ambos giramos nuestras cabezas hacia donde provenía el sonido. Ahí estaba. Era Wade. Se había levantado.
—Buenos días, mi amor— Melisa salió a su encuentro lo cargó y le dio todos los besos que hubiera querido que me diera.
—Hola, mamá— le dijo. Sus ojos se clavaron en mi inmediatamente.— ¿Qué hace este señor contigo?— no sabía cómo entrar a una conversación con el pequeño Wade. Era muy guapo. Ahora entiendo el por que. Había sacado mis genes, genes que cualquier mujer moriría tenerlos en su vientre.
—Este señor es un buen amigo de mamá— le explico— ha venido porque trago algunos regalos para ti— Los ojos de Wade se iluminaron como brasas.— se llama Noah. Salúdalo.— lo soltó y vino corriendo hacia mi.
Me dio un abrazo inesperado. Me tomó por sorpresa.
Lentamente dirigí mis manos para envolverlo en un abrazo. Algo se había instalado en mi pecho que no pude descifrar. Quería llorar, pero no quería que él pequeño viera dolor en mis ojos. Esta sensación era única, pero agradable.
Sentir su pequeña espalda… sus manos tan pequeñas y frágiles… era todo un angelito.
—Hola Noah— acaricié sus mejillas.
—Hola Wade, que chico tan fuerte que eres— lo animé.— me dijeron que eres amante a los coches, pues yo te he traído uno muy especial— abrí la caja y le enseñé el coche a control remoto. Su expresión no tenía precio. Ahora entiendo el por que es mejor dar que recibir.
Su felicidad era la mía.
—¡Si!— gritó con toda la alegría del mundo.
Y ahí, en ese pequeño ser. Estaba mi mundo entero. Mi universo.