—Hey Kyu, ¿qué tal estuvo el examen?, ¿te fue bien? —escuchó una voz conocida acercándose hacia él detrás, en el pasillo.
—Oh, hola Eun. —contesta, ignorando descaradamente las preguntas del contrario.
—Vamos, Kyu, no te pudo haber ido tan mal —continua hablando.
El contrario no le daba la cara, su tono de voz era diferente al usual y emanaba una vibra completamente opuesta a la que tenía cuando lo conoció.
El muchacho no notó en su momento el estado de Kyujang, pues su mente también estaba aún en el exámen que ambos habían hecho y, la cantidad de gente ruidosa pasando por los pasillos le impedía dirigir su atención completamente a él.
—B-bueno...—responde Kyujang y para nada dispuesto a seguir con la conversación cierra su mochila, empezando a caminar entre toda la multitud, dirigiéndose a la salida y sin revisar si su amigo lo seguía, aunque sabía que así era.
Una vez llegaron a aquel árbol ahora escaso de hojas debido al otoño presente, en el que solían reunirse en cada receso que tenían o cuando tuvieran tiempo libre Eun, el chico al que conoció de una forma no muy buena cuando entró a secundaria, apenas en su tercer día de clases en ese instituto volvió a dirigirse hacia él y está vez con mucha más calma y atención, para su suerte o desgracia.
—Kyu...—lo llama mientras busca su mirada con insistencia, pero el contrario negándosela, mirando al suelo lleno de hojas secas. —Oye...
—¿Qué pasa? —se digna a responder sin mirarlo a la cara todavía.
—Mira, creo que es momento de hablar. He ignorado tu comportamiento por mucho tiempo pero no creo que siga siendo lo adecuado, estoy preocupado sinceramente
—No sé de qué comportamiento estás hablando, Eun
—¿No sabes? —pregunta y espera una respuesta del contrario, la cual sabía que no recibiría. —Has estado no sé cuánto tiempo de esta forma, creo que por meses enteros. Mírame, por favor —se detuvo, para pedirle algo desesperado que se dignara a mirarlo. —Mírame
—Y-yo...No comprendo. —musita y acto seguido, atreviendose por fin a mirarlo.
Mirar a detalle la mirada y el rostro de Kyujang despierta una preocupación mayor en Eun.
Su mirada se veía apagada, triste, sus ojos estaban irritados y una ojeras prominentes adornaban debajo de ellos a causa de las continuas noches sin dormir adecuadamente. Podían notarse varias cicatrices, no muy grandes, en la zona de su frente y mejillas ya completamente curadas tras mucho tiempo presentes. Observó detenidamente y en silencio ahora sus prominosos labios –los cuales estaban rotos por haberlos mordido varias veces al punto de romperlos y hacerlos sangrar– lucían secos, lo cual era extraño ya que Kyu era fanático a cuidarlos bastante.
Algo no estaba bien con él.
—Si tu mismo no comprendes qué es lo que pasa entonces el problema es aún peor —dice Eun terminando de analizarlo.
Cuando lo conoció reconoció que estaba algo sorprendido por lo detallista que demostró ser Eun desde el comienzo, le parecía incluso una cualidad hermosa y sin duda hacía un contraste curioso con su personalidad algo ruda y sincera al hablar, no parecía una persona que se interesara mucho por los demás pero tras años de conocerlo se acostumbró a ello y ahora, tal vez por primera vez en su vida consideraba eso un problema ya que, aunque decía la verdad y no entendía que pasaba con él, lo menos que quería era que alguien notara aquello.
—No me interesa si no quieres yo necesito hablar contigo —vuelve a hablar Eun, sin quitar su mirada de él. —Ven, siéntate
Reacciona y ambos se sientan en el suelo cubierto de hojas, éstas simulando almohadas.
Kyu espera que el otro hable. No tenía las energías de seguir con la conversación por su cuenta pese que tampoco quería irse del lugar y dejar a su amigo.
—No eres quien conocí hace años, Kyu...Solías llevar una sonrisa a todos lados y tu energía me sacaba de mis casillas incluso, vestías casi a diario con esos horrendos tonos pastel y ropa de verano —se sinceró Eun. —Ahora sólo andas con suéteres oscuros y como si viviéramos en la antártida —decía, agregando tonos burlescos a su voz, intentando animar a su amigo.
Algo que había estado haciendo por mucho tiempo.
—Las personas cambiamos Eun.—murmura y comienza a tomar varias hojas del suelo, intentando distraerse.
—Sí, pero no se supone que cambien de la forma en la que tú lo estás haciendo. Te ves cansado, estás pálido y no creo que estés comiendo muy bien
—Ú-ultimamente no tengo hambre
—Sé que hay algo que no me dices, pero...—pausa e intenta tomar una de sus manos y en el intento consigue que Kyu suelte un quejido, como si algo lo lastimara. —¿Estás bien? ¿Te golpeaste o algo? —pregunta y alterado intenta ver su mano, procurando revisarla.
Aquella acción alarma de sobre manera al contrario, quien aparta el brazo secamente e intenta cubrirlo aún más con el suéter n***o que lleva puesto.
Hace muy lógico que quiere ocultar algo y eso sólo provoca más insistencia en su amigo, quien ahora con más velocidad consigue tomar su brazo y levantar ligeralmente la manga, logrando ver la causa de su reacción tan agresiva.
—K-Kyu...—Tartamudea, impresionado por lo que estaba viendo. —¿Porqué? ¿Porqué estás haciendo esto?
Varias heridas estaban en la zona de su muñeca, cortes leves y unos profundos cubrían su brazo y lo que parecían ser quemaduras se encontraban en lo que podía ver en la palma de su mano ya que el menor –por sólo unos cuantos meses– apretaba su puño con algo de fuerza, procurando soltarse del agarre.
—No lo sé, me gusta —contesta, como si fuera algo normal, como si se tratara de cualquier hobbie y tras haber dicho eso logra deshacerse del agarre para así volver a cubrise el brazo.
—¿Cómo te va a gustar hacerte daño de esa forma, Kyu? Mierda...¿Porqué nunca hice nada?, ¿qué no piensas lo que me dolería tu muer...
—No. No quiero suicidarme, tonto —lo interrumpe.
—¿Qué? —pregunta, completamente confuso.
—No lo hago para matarme, sólo me gusta como se siente —le explica nuevamente, esperando que el otro lo comprenda, no obstante, sucede todo lo contrario.
—Necesito que me expliques bien porque en serio no puedo entenderlo. ¿Me estás diciendo que eres masoquista? —le cuestiona.
Eun siempre hizo lo posible por comprenderlo. Al ser personalidades muy opuestas sabía que era necesario preguntarle cosas que no entendía del contrario.
Cuando el mayor de tan sólo unos meses saltó a defenderlo varios años atrás de una profesora, que aunque en su momento sí tuvo la razón en defender el comportamiento algo rebelde y hiperactivo de Kyu creyó que sería cosa de sólo un momento pero estaba equivocado pues, éste, ahora resultó ser su amigo más cercano en su pequeño círculo de amigos, un círculo pequeño no porque no era sociable si no porque la mayoría, hombres y mujeres acababan enamorándose de él y pidiéndole algo más de una amistad, cosa que Eun nunca hizo.
Así era como tanto Kyujang como Eun actualmente eran como un chicle el uno con el otro, incluso llegando a confundir a la gente haciendo creer que eran novios, pero no, sólo eran muy unidos.
Conocer algo nuevo de Kyu tan de golpe le causó varios sentimientos al castaño, y sin duda, de aquellos sentimientos ninguno se trataba de uno bueno debido al gran cambio que presentaba su amigo.
—¿M-masoquista?, no, sólo lo encuentro llamativo pero pararé, no te preocupes.
—No sé si esto tenga que ver con tu cambio repentino de actitud pero ¿La señora Jisuk lo sabe? —pregunta, refiriéndose a su madre.
No sólo él, todos tenían un gran respeto por ella.
—Bueno...No lo sabe —responde, sin darle muchas vueltas a su pregunta.
Un error.
—Le diré. No me interesa si no estás de acuerdo yo no pienso permitir que sigas haciéndote dañ-
—¡No! —lo interrumpe con un tono bastante alto para parecer muy exhaltado por lo que decía el contrario. —No tienes que decirle nada, yo lo haré
—¿Seguro?, no te ves muy bien ahora, sería genial si fueras a un psicólogo, todos lo necesitamos —le explica.
Su amigo estaba claramente desesperado por ayudarle y él lo apreciaba a su forma, ya que, nunca terminó de comprender el trato tan puro y amable hacía él. Le confundía de varias maneras pues, no estaba acostumbrado a recibir cariño de esa forma.
El único "amor" que conocía fue con el que fue criado, el que su madre le proporcionaba, el primer amor que conoció y el que lo dejaría marcado de por vida de una forma que nunca sería capaz de ver.
Fue cuando varios pensamientos comenzaron a inundar su mente acompañados de recuerdos que hicieron que su expresión cambiara por una algo perdida en la nada. Quitó la vista de su amigo y la colocó nuevamente en las hojas secas que los acompañaban en el suelo sombreado por aquel gran árbol.
«Muchas personas tratarán de separarnos Kyu, sabes que tu madre siempre está en lo correcto»
La dulce voz de su madre resonaba en su mente, como un espejismo del que jamás escaparía.
«¿Porqué dices eso, mami?»
«Verás, mi pequeño principe, a la gente le gusta inventar o hacer cosas para separar a los hijos de sus madres. Si alguna vez intentan separarnos prométeme que no lo vas a permitir» la mujer tomaba su rostro con la misma dulzura con la que lo golpeaba, lo miraba llena de preocupación y apesar de que sus palabras ya estaban impregnadas en él no podía comprender el porqué de aquella preocupación repentina.
«Lo prometo, mami. Te amo mucho» Fueron las palabras, unas muy frecuentes, que el niño que era hace varios años le regaló nuevamente a la persona que lo hacía sentir protegido de cada cosa en el mundo, la mujer que lo abrazaba y lo reconfortaba tras corregirlo en cualquier cosa que hiciera mal.
Para él, cada forma vieja o nueva que su madre optaba para corregirlo se tornaron en acciones importantes y comenzó a apreciarlas lentamente y sin enterarse.
Cada golpe, cada herida, así fuera pequeña o grande se tornó en un legado para ambos, una conexión entre madre e hijo.
El dolor era lo que lo llevaba a escuchar palabras hermosas, abrazos y besos llenos de afecto y amor por lo que su mente tardó muy poco tiempo en hacerlo emocionarse cada vez que su madre le provocaba dolor.
«Si intentan separarme de mi madre haré lo que sea para impedirlo», fue lo que pensó tantas veces durante su vida.
Pensamientos acompañados de su agrado hacia el cariño que le brindaba su madre y la extraña fobia a la soledad que sólo crecía más en él.
Tras el evento traumático que fue el abandono de su padre lo que menos quería era ser separado de su madre. Las palabras que crearon ese nuevo temor hacían aún en sus recuerdos claramente, las escuchaba cada cierto tiempo nuevamente.
Era una advertencia que él no podía ver.
Aquel temor que era alimentado por su madre lo llevó a mentirle a su amigo como tantas de las veces anteriores. Apesar de que no era del todo una mentira pues, varias de las heridas que tenía en su cuerpo fueron provocadas por él hacía tan sólo una semana lo cierto es que otras tantas las había provocado su madre, para mantener el legado de ambos intacto o bien, para corregirlo.