En el mundo que habitamos se juega sucio por inmensas cantidades de beneficios. Dejó de ser algo extraño, incluso, desde el origen de los tiempos no era algo extraño, no obstante, algunas acciones terminan siendo más que moralmente incorrectas.
Eventos que desencadenan eventos en segundos, sin una pizca de precausión debido al desinteres por los otros.
Busan. Año 2000
—Ten —Sixx le da una clase de tarjeta color dorado a uno de sus compañeros. —Es la membresía. Es fácil entrar a la zona VIP, ¿no? —cuestiona con un tono burlesco. —Bien, lo que debes hacer es lo siguiente; en cuanto nos encontremos en la reunión esta noche no me sigas, únicamente te acercas a mí cuando veas indicios de querer separarme del resto, sé muy atento. Estaré con Han Jisuk probablemente en la parte trasera de la zona VIP y al haber tanta gente podrás escabullirte sin ser notado, cuando llegues hacia nosotros te escondes tras el vestidor dorado que esta a mano izquierda, bajo la cortina podrás ver si está drogándose...O no, si no lo hace no te preocupes y sal cuando no estemos
—Entiendo, es bastante fácil —dice su compañero escuchando atentamente las indicaciones mientras limpiaba distintos lentes de cámara.
Era bueno tener a todo un fotográfo profesional en la mafia, especialmente cuando por su gusto por invadir a las personas y stalkearlas era tan peculiar y grave.
—Lo es, pero no te dejes llevar mucho. Jisuk no está muy bien de la cabeza, si tenemos suerte no hará cosas estupidas esa noche —dice mientras observa las camaras colocadas en vitrinas. Era toda una colección y una enfermiza para su gusto. —Ah y maniaco de las camaras
—¿Sí? —pregunta, sin siquiera mirar a Sixx.
—Ya que te dí la membresía puedes entrar al club en cada evento que te plasca. Independientemente de si logres tomar las fotografías de Jisuk, durante esta semana necesito que vayas y tomes distintas fotos de las prostitutas, de todo lo que se hace en el lugar y ya sabes, preferiblemente que no llames mucho la atención.
—Bien, lo haré, puedes irte —murmura, aún concentrado.
—No quería quedarme tampoco —expresa Sixx y procede a salir del lugar repleto de cámaras.
Días después de hablar brevemente de lo que debían hacer se dispusieron a empezar el mismo día que hubo una reunión, pues Sixx sabía que las posibilidades de que la mujer imprudente se descontrolara con las drogas era alta.
Carecía de auto control.
Una vez más estuvo en lo correcto con cada cosa que dijo ya que, las cosas en el Club Dagger habían pasado justamente como él lo dijo, durante la reunión. Una reunión que en realidad no era más que una fiesta de socios y amigos llena de descontrol.
Han Jisuk se salió de control, incluso más de lo esperado. A las 2 de la mañana ya estaba llevando a Sixx de la mano hacia el lugar en el que solía tener varias sustancias ilícitas unicamente para su uso personal, metiéndose al cuerpo distintas cosas y entre ellas inhalando cocaína varias veces.
Habían logrado tomar las fotos apenas en el primer día de intentarlo y con unos pequeños problemas debido a la gente alrededor pero sin mucho esfuerzo.
Días seguidos el mismo hombre estaría fotografiando todo el lugar, el ambiente y todo lo más ilegal que ahí se hacía, concluyendo con su tarea.
—Dejalas todas en un sobre y ponlas en mi habitación
—Las tendré listas en una hora. Quise editar las mejores
—No hacía falta que lo tomes tan en serio —comentó Sixx.
El hombre apenas llegaba de una noche en el club y de haberse encontrado en otro hotel caro con Jisuk aunque quiso negarse terminó envuelto nuevamente en los actos insistentes de la mujer.
La misma mujer a la que estaba apunto de arruinar en tan sólo unas horas.
«Diría que lo siento, Han Jisuk», dijo para sí mismo mientras tomaba el gran sobre blanco que estaba debajo de su puerta, abriéndolo para acto seguido encontrarse con todas las fotos tomadas en este último mes. Las contaba mientras ahora las ponía en su escritorio, bastante interesado en ver a detalle a las prostitutas haciéndole sexo oral a varios hombres a la vez mientras lloraban de una forma poco placentera de ver, en otras fotos se podían ver mesas llenas de dinero y drogas pero las que más llamaron su atención fueron sin duda las más importantes; La misma Han Jisuk inhalando cocaína y la vez que fueron al hotel y "sin querer" terminaron fotografeados teniendo sexo.
—Son excelentes fotos...El desgraciado tiene talento
Sixx se encontraba hablando solo producto de lo que estaba viendo, hasta que termina su admiración por cuenta propia, volviendo a meter casi 26 fotos en el sobre, saliendo del lugar y disponiéndose a encontrar a la próxima y última persona que estaría involucrada en lo que su jefe le había encargado.
—Hoy a las 7 de la noche llega a la residencia de los Park y deja el sobre en la entrada de la mansión, a esa hora Jisuk llega al club
...
El pequeño niño de ahora 6 años se encontraba en la puerta de la mansión, saltando tiernamente con el yeso en su brazo, su padre se encontraba en la cocina preparando algo de comer para ambos. Eran los unicos momentos que podía estar con el ya que, una vez su madre volvía del trabajo su padre se iba al trabajo o cualquier otro lugar con tal de no estar en el mismo lugar que su esposa, por lo que sólo estaba con su hijo en la noche mientras ella no estaba.
El pequeño se dirige ahora hacia el jardín, pero sin antes rodear todo el lugar lleno de saltos alegres hasta que una cosa en el suelo capta su atención.
Era el sobre blanco.
—¡Oh!, un regalo —dice entusiasmado pero mantiene una expresión llena de incertidumbre y sus pequeñas manitas proceden a abrir aquel sobre.
Sacando todas las fotos que sus manos le permitían sostener, mirando escenas depravadas y momentos verdaderamente obscenos plasmados en aquellas fotos. Miraba todo con una curiosidad poco normal y a pesar de que era poco común para él, anteriormente había visto escenas parecidas gracias a su madre. Sin embargo, no fueron esas fotos las que lo llevaron a sentir algún impacto, si no en aquellas que tenían impresa la cara de placer de su madre mientras tenía sexo con otro hombre o bien, cuando sus ojos estaban cerrados mientras el polvo pasaba por su nariz, dejando al niño ahora sí, bastante conternado por lo que sus ojos veían y no supo porqué, simplemente comenzó a temblar ligeramente.
Sabía que no era algo bueno.
—¡P-papá! —grita con cierto nerviosismo el niño mientras ahora corría con las fotos en la mano y dejando caer algunas a su paso, dispuesto a enseñarselas a su padre pero sin ninguna mala intención, simplemente lleno de dolor.
—¿Qué pasa mocoso? ¿Porqué estás gritando así? —pregunta Wonsu, su padre, algo exhaltado mientras sale de la cocina.
—M-mira
La mirada del pequeño hacia su padre se encontraba preocupada mientras ahora dirigía las fotos hacia él, procurando que las tomara.
—¿Qué es es... —pausó inmediatamente al ver de que se trataba. —No puede ser. No, no... —repitió, viéndose conternado en segundos. —¿Quién te dio esto?
—Estaba en el...en el jardín
—Lo sabía, maldita sea, siempre lo supe —se limitó a decir el hombre aún congelado en el gran marco de la puerta que llevaba a la cocina.
No se movía, simplemente observaba las fotos.
Su semblante cambió de uno lo bastante lleno de enojo por uno temeroso. Lo que más temía había sucedido, dejándole ahora pocas opciones.
«No volveré a ese infierno otra vez», se dijo a sí mismo mientras volvía a la cocina, sentándose en uno de los bancos altos que habían, colocando descuidadamente las fotos en el comedor de vidrio, provocando que se esparcieran por todo el lugar.
Wonsu tocaba su cien, intentando calmarse pero a la vez siendo aplastado por sus pensamientos.
—¿Papá? —una frágil voz lo llamaba.
—Vete —sin pensarlo respondió.
Desde que todo había comenzado miles de pensamientos pasaban por su cabeza durante las noches, evitaba pensar en lo que podría estar pasando con su mujer pero su antigua experiencia dentro de ese mundo que lo destrozo no podía engañarlo. Una mujer por cuenta propia no podría haber hecho todo lo que ella hizo de la noche a la mañana, eso podía significar sólo una cosa para él. No obstante, durante todo este tiempo sólo se empeñó en no aceptar la realidad que asechaba cada vez más cerca de él.
Sabía que sólo había alguien en Busan que podía ofrecer esa clase de contratos a alguien en plena banca rota y con un local digno de un gran futuro y de su interés No quería que lo encontraran esta vez y mucho menos quería volver a la casa.
Manejado en su totalidad por el miedo corrió hacia las escaleras, subiendo a la habitación a la que se había instalado para huir de sus esposa, dejando a su hijo muy preocupado atras, dispuesto a perseguirlo en cualquier momento pero llegando cerró la puerta con seguro, evitando que el pequeño pudiera hacer algo. Tomó una de sus maletas, la mas grande de ellas y comenzó a empacar, tiraba su ropa por toda la cama, acomodaba tantas cosas como podía aún con la mirada conternada.
Tantos años atrás, incluso antes de conocer a Jisuk y formar una familia era un hombre completamente diferente, un delincuente especificamente, alguien desinteresado sobre su vida y la de los demas, simplemente cumplía con misiones que unos hombres le ordenaban, tan pronto como esa gente comenzó a aumentar el nivel de lo que le pedían, siendo cada vez más peligroso y arriesgado se dió cuenta de que estaba metido en algo mucho más grande de lo que creyó pero siendo muy tarde para hacer algo al respecto, pese que intentó escapar sólo recibió grandes castigos por ello, terminando en una calle abandonada, previamente torturado por los hombres que alguna vez le ofrecieron trabajo y dejandolo a su suerte, sabía que si volvía lo matarían y no tenía un lugar al que ir así que simplemente se entregó a la polícia, ilusamente, sin saber que eso significaría vivir un infierno ya que, habían encontrado a uno de los soldados de una gran organización criminal.
Logró salir de eso y por consecuencia vivió el resto de su vida lleno de temor por un futuro igual a su pasado y ahora que lo veía cerca estaría dispuesto a correr tan lejos de ese destino, aún si eso significara dejar a su propio hijo atrás. Era un completo cobarde, eso nunca había cambiado.
Al terminar con su maleta pensó dos veces en abrir la puerta y en cómo iba a actuar ante su hijo, le dolía, pero no estaba dispuesto a pasar por aquello una segunda vez, de ninguna manera. Así que sólo salió.
—Papá...¿Qué te pasa? —pregunta su hijo, muy preocupado, al frente de la puerta.
—M-me voy, iré a un viaje de trabajó, volveré cuanto antes. —explica al niño, quien ya había comenzado a llorar. Supo inmediatamente lo que significaba ya no tener a su padre, estaría solo todo el día.
—Papá, no te vayas por favor, no quiero estar solito. —su llanto hacia la tarea de hablar complicada.
Su papá también sabía lo que significaba abandonar a su hijo, pero no le importó inmensamente.
Sin decir una palabra llevó la maleta a su carro viejo y salió de la casa, dejando a su hijo atrás, sin retroceder nunca más por él.
Perder a su padre, o mejor dicho, ser abandonado por él, viendolo esfumarce de su vida en tan sólo unos minutos y sin entender el motivo en su momento, fue tan sólo el primer momento que verdaderamente sufriría Park Kyujang y más allá de un dolor físico, sería su primer trauma emocional.