✦Capítulo 8: El comienzo (Parte I)

951 Palabras
11:28 p.m. Viernes, 22 de enero, año 1999. —Entren. Recuerden ser precavidos, no anden juntos. Un hombre de voz rasposa ordena a dos hombres los cuales tenían como orden buscar información de la propietaria de un pequeño club posicionado en un gran terreno y a cercanías de la ciudad. Según habían entendido era un blanco perfecto y bastante fácil de persuadir, aunque su jefe no les dijera detalles de nada y sólo les diera la tarea, sabían que sólo irían unos cuantos días o con suerte sólo uno para confirmar tal cosa. Salió uno de los hombres de un auto color azul común y corriente, escogido para ser lo menos sospechoso posible y ahora se dirigía a dicho lugar. Esperando un rato después de verlo entrar, el segundo se bajaría del auto después, procurando ir separados. Estando ambos dentro empezaron su "breve" labor, pues irían simplemente a observar el lugar, a quienes lo manejaban y si se daba el momento, sacarían información fácil mediante una charla casual —Hola. Una cerveza por favor —dice el primer hombre sentándose tranquilamente en la barra. —Claro —una mujer pálida, con ojeras visibles aún con maquillaje y pelo algo desarreglado le atendió. Parecía cansada, triste y demacrada. El sujeto instantáneamente asumió que se trataba de la dueña del lugar, aunque la hubiese visto sólo a ella y a otro hombre atendiendo en la barra, tenía todas las características de serlo. El lugar no se veía tan mal como podría verse. A pesar de ser pequeño y un sitio para nada perstigioso, se notaba que ponían empeño en hacerlo ver bien con lo poco que podían. Luces de colores algo escandalosas y sin duda baratas daban ámbiente al lugar y se camuflaban con algunas grietas en la madera de la barra, un color beige cubría las paredes y mesas algo baratas estaban esparcidas en lo que cabían dentro de ese lugar. El segundo hombre entró, sentándose también en la barra pero lejos de su compañero, poniendo sus ojos en él por sólo segundos y viendólo –ya– tomando una cerveza mientras veía un pequeño televisor detrás de la barra. —Whisky para mí —pide el hombre al otro bartender mientras se encuentraba sirviendo varias copas de lo que parecía ser Jagger a otros clientes. En el lugar habían tan sólo unas cuantas personas, no era muy visitado. —Sí señor, deme un momento, me tienen apurado aquí —dice mientras embosa una pequeña sonrisa. Se veía alguien algo mayor pero no podía tener más de 45 años, un tipo que lucía bastante amable y conversador y el sujeto no pierde el tiempo, aprovecha eso. —No te preocupes. Es muy agradable este lugar, nunca había venido —comenta. —¿Hace cuánto abrieron? —pregunta al bar tender, con obvias intenciones de saberlo todo. —Oh, bueno...—medita.— ¿Hace cuánto tienes éste bar, Jisuk? —pregunta el agradable hombre a la mujer que ahora sí pudo confirmar que era la dueña. —Desde que mis padres murieron. El lugar lo compraron ellos, siempre quisieron ampliarlo más pero nunca mejoraron económicamente —la cansada mujer se acerca y responde a quien la acompañaba detrás de la barra con un tono nostalgico. Ambos ahora conversando con el hombre. —Sí...es bastante viejo, más que yo seguramente —responde el bartender riendo y dándole al hombre un vaso de vidrio con Whisky en el interior mas un limón al lado. El sujeto le responde riendo igualmente y continua con lo suyo. —Lamento escuchar eso, espero que tengas una familia que te acompañe —el hombre dice buscando más información. Persuadir, toda la gente así sabía cómo. —Sí, al menos tengo a mi esposo y mi pequeño hijo —responde la mujer, cayendo. —Oh, él es tu esposo —el hombre señala con la mirada al bar tender, asumiendo o más bien pretendiendo hacerlo. —No, no, mi esposo es secretario, Young —refiriéndose al bartender— Él es un amigo que quiso trabajar para mí desde que no tenía como seguir con el lugar. Las personas un día son imprudentes y al siguiente cuentan su vida a un m*****o de la mafia en una charla amigable. Mientras la conversación seguía fluyendo el primer hombre veía con atención y cada que podía el lugar y sobretodo el tamaño del mismo, por lo que se dispuso a caminar hacia el baño. Se veía a simple vista y unas ventanas que daban a la parte de atrás lo acompañaban. El jefe estaba principalmente interesado en conocer el tamaño del lugar de la forma más exacta posible y debido al gran espacio que sobraba fuera del lugar estaba cubierto y no se podía ver mucho. La única opción más sigilosa sería estar dentro y ver a tráves de una ventana que por suerte, estaba en el baño. «Perfecto», pensó al ver que era así. Abrió la ventana, pudiendo dar mejor el espacio que había en la parte de atrás del bar, viendo varios árboles y muchas plantas secas rellenando el lugar que se veía muy descuidado. Como pudo se dispuso a tomar fotos. Días antes —Ahora que clausuraron uno de los prostíbulos necesitamos urgentemente seguir con el negocio y posicionarnos en un lugar mejor que antes, Sixx. Y no voy a cometer error tras error esta vez, creo que ha sido suficiente. —¿Tiene algo en mente, jefe?, podríamos enfocarnos en ocultar el lugar de alguna otra forma. —Es precisamente lo que iba a mencionar. He pensado en varias estrategias pero de todas, sólo una de ellas parece ser la menos arriesgada y obvia —Soy todo oídos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR