12:10 a.m. Jueves 28 de marzo, año 2000.
No se qué fue lo que hice mal con él.
El amor de mi vida se desvanecía como arena entre mis dedos y yo sólo me limitaba a verlo. Luchaba pese a no entender el motivo.
Todas las mañanas, luego de una larga jornada de trabajo, me absorbían mis pensamientos y me cuestionaba diario qué podría cambiar, qué podría haber hecho mal para mi y mi familia. Todo lo he hecho por ellos y lo poco que lo veían me destrozaba.
Había luchando por esto durante años y tuve su apoyo y cariño en ese proceso. Una vez lo obtuve todo dió un giro excelente en nuestra vida, llevándonos fuera de la desesperación ecónomica y la terrible experiencia que era vivir siendo un estorbo en diferentes lugares.
Todo había cambiado para bien, sin embargo, para él era completamente diferente y no podía entender el porqué. Jamás le dí señales, jamás hablé de cómo conseguí tal éxito en un lugar que sólo iba en plena caía y de mal en peor.
Pese que hice todo lo que estaba en mi poder para cambiar las cosas. Había logrado cumplir mis objetivos todo por nosotros. Aún creía que podía hacer lo mismo otra vez, no obstante...En el fondo ya conocía los resultados, desviando mi mente y acciones de diferentes formas sólo para no aceptarlos.
Tengo deseos y ahora tengo control sobre grandes cosas, es eso lo que me mantiene con esperanza. Puedo cambiar las cosas, siempre he podido hacerlo y esta vez no será la excepción.
Tras leer un doloroso mensaje eché un poco de agua en mis mejillas, siendo cuidadosa para que esta no dañara mi maquillaje, quería llorar de enojo pero me negué a hacerlo. No me agradaba llorar, ya no era para mí.
Me ví en el espejo y bajo la luz brillante del baño rebusqué en mi cartera un labial rojo y retoqué mis labios suavemente con él.
Estaba ganando tiempo mientras esperaba a mi, ahora, gran socio.
Desde que había aceptado tal oferta en la plena quiebra de este lugar, estrechar lazos con un nuevo mundo como lo era este negocio fue sólo el comienzo de algo grande en mi vida y en la de mis trabajadores.
—Jisuk, ¿qué haces aquí? —escucho una voz masculina entrando por la puerta del baño sin avanzar más hacia mí.
—Estaba retocando mi maquillaje —respondo luego de darle una corta mirada al gerente del lugar. —¿Sabes si ya viene para acá?
—Según dijeron sí, en unos cuantos minutos él estará aquí
A pesar de que hoy no estuviera abierto el club solíamos tener reuniones frecuentes en el área más grande VIP, que daba también con otra sala más "íntima" en donde sólo podía entrar personal exclusivo.
A pesar de ser un club tan grande ahora, cuando lo obtuve era sólo un pobre y pequeño bar rodeado de una gran cantidad de hectáreas vacías llenas de maleza y sin aprovecharse. Había espacio de sobra, sí, pero a manos de alguien que estaba prácticamente en banca rota y atada de manos. Pero la realidad ahora era otra y lo que antes era una vergüenza de local para tomarse unos cuantos tragos ahora había sido reconstruído y ampliado con 4 salas interconectadas unas con otras en la parte de abajo, siendo una exclusiva y llevando a otra más pequeña en el segundo piso en dónde sólo había más diversión y si se daba, buenos negocios también.
He ganado la lotería con una herencia de tal magnitud.
—Bien, salgamos —respondo brevemente luego de estar lista.
Max, quien es uno de los empleados más viejos y fieles del club, estando ahí casi desde el comienzo, asiente y me da el paso para que salga del baño antes que él.
Una vez había vuelto podía ver varias personas reunidas en el lugar, una música suave hacia presencia y unas luces suaves decoraban la única sala que estaba siendo acudida en el club, unos ya se estaban yendo puesto que, la reunión había concluído.
Unos hombres conocidos no tardaron en hacer presencia dentro del lugar y caminé hacia ellos junto a Max.
Al principio me resultaron increíblemente intimidantes, en especial quien parecía estar en un puesto mayor que el resto, tal vez siendo más importante dentro de el negocio de lo que él quería dar a relucir. Era una persona de pocas palabras, hablando sólo cuando así lo requería, bastante inexpresivo y misterioso.
Sí, sin duda era alguien con bastante poder.
—¿Lista, Jisuk? —pregunta aquel hombre misterioso con otros dos hombres detrás de él que parecían estar cubriendo su espalda de cualquier situación aunque por supuesto yo y el club no representamos ningún peligro para ellos.
Todo lo contrario.
—Sí —soy breve y no tengo intensiones de hablar más de lo necesario tampoco. —Vamos
—¿Él vendrá también? —me cuestionó.
Parecía ligeramente disgustado, viéndonos fijamente a mí y a mi compañero. Y es que, ¿cómo iría a un lugar desconocido con tres hombres peligrosos sin siquiera una persona que me respalde? Muchas veces fuí tachada de imprudente pero no lo era tanto.
—Sí, ¿Hay algún problema?, deberías entender mi situación —respondo esperando una respuesta positiva de su parte.
—Lo hago...—me miró durante otros segundos más. —Está bien, vamos
El misterioso hombre se volteó y se dirigió afuera nuevamente, guiándonos a una gran camioneta negra parqueada no demasiado lejos del club y subimos. Uno de sus hombres al volante, su superior al lado y el último hombre detrás con nosotros, dejando completamente solos los demás asientos atrás de nosotros.
Estas personas parecían esforzarse muy poco por ocultar la clara desconfianza hacia nosotros, quienes, nos encontrabamos de la misma forma.
Yo me demostraba calmada y no emitía muchas palabras al igual que Max.
Era buena aparentado pero mentiría si dijera que no estaba algo asustada.
Aún sabiendo tal vez no del todo con quién me estaba metiendo, accedí, me atreví a hacerlo.
Llegamos a una calle que parecía pertenecer a una zona baja de Busan pues, se veía peligrosa y algo desolada a excepción de unos cuantos grupos de gente peligrosa perteneciente seguramente a estos lugares. Habían en su mayoría casas algo destrozadas y en mal estado, algunas en parte rodeadas por latas. Una escena que me causó nada más que un mayor miedo.
Aquellos hombres podrían matarnos ahora mismo y nadie se daría cuenta de nada.
«Estoy siendo paranoica», me dije, calmándome o al menos intentando hacerlo.
La camioneta se detuvo en un lugar al final de una calle estrecha y sin sálida, en la que habían casas muy similares unas de otras, hasta que mis ojos se posaron en una bastante diferente, captando mi atención. Debía ser una clase de galería abandonada y bastante extensa vista desde fuera.
Y ¡Sorpresa!, ahora aquellos hombres nos guiaban justamente a ese lugar.
Nos matarían, sí, lo harían.
—Pueden entrar, aquí están las chicas —avisa Sixx y espera a que nosotros entremos primero.
Al llegar al oscuro lugar, mi respiración se aceleró, temiendo aún más y buscando la presencia de mi compañero Max en reacción, pero justamente en ese momento atrás de nosotros encendieron una tenue y nada brillosa luz.
Efectivamente estábamos en un garaje.
Lo próximo que pude observar fueron cuatro chicas tiradas en el suelo y dos hombres cuidando de ellas. Estaban amarradas de pies y manos, rostros sucios y la mayoría parecían estar pasando por una crisis nerviosa, con lágrimas y maquillaje arruinado adornando su cara. Aún estando de esa forma fuí capaz de notar sus esbeltos y bien moldados cuerpos, piel de porcelana y caras pequeñas, lucían como muñecas, unas muy arruinadas.
—¿Las han secuestrado? —rompo el silencio y me atrevo a preguntar.
—Sí, para serte exacto llevan tan sólo dos días aquí —responde Sixx como si de lo más normal hablase.
—Ya veo —pretendo hablar con un tono claro y conciso, no dándole paso a mi nerviosismo, frente a lo que ya eran cinco hombres probablemente armados. —Espero que puedas comprender que la primera vez que acepté las mujeres ya trabajan como prostitutas anteriormente —digo e intento darme a entender lo suficiente con esas palabras.
—Sé a lo que te refieres, Jisuk —pausa y tranquilamente coloca un cigarrillo en su boca, encendiéndolo y cuando expulsa el humo continua a lo que –yo creía– sería una explicación razonable, y lo fue, al menos eso debía pensar ya que no tenía otra opción —Cuando te viste interesada por aceptar éste "lazo" entre negocios, eh...vamos a decirlo así, nosotros te entregamos un contrato bastante exacto y prolijo sobre la procedencia de la mercancía que te estabamos ofreciendo
Seguidamente a su respuesta por mi cabeza pasaron miles de preguntas y temores.
La primera vez que acepté este intercambio de "beneficios" trajeron mujeres con historiales diferentes al que al parecer tenían éstas mujeres, puesto que ya eran prostitutas o tenían trabajos relacionados y lo más importante siendo que dieron completo consentimiento de su trabajo, pero ahora este hombre escaló a otro nivel sin que yo me diera cuenta.
Puedo comprender aún mejor lo de "la imprudente Jisuk".
—¿Son todas mayores de edad? —sin esperar una respuesta de mi parte, mi acompañante Max se lanza a preguntar por algo que no se había dado paso en mi cabeza por el momento y asustada por su pregunta poco disimulada codeo su brazo en señal de que sea cuidadoso con lo que dice.
—Lo son, tenemos la información personal de todas, las localizamos como posibles objetivos, estudiando si cumplían con todo lo establecido y es por eso que ahora están aquí —explica Sixx.
—¿Eso qué quiere decir exactamente? —pregunto curiosa.
—Vienen de barrios bajos, no cuentan con familia que las protejan o las busquen. A ojos de las autoridades no son nadie —concluye aquel hombre misterioso y miro a varios lugares, intentando llevar toda la información a mi cerebro.
Puedo ver como una de ellas se intenta levantar impulsivamente seguramente queriendo escapar de este lugar pero uno de los hombres se percata rápidamente y la empuja fuertemente haciéndola caer al suelo otra vez, aún con una venda en los ojos lo intentó.
Me pregunto si nos ha escuchado debido a su reacción...No, no lo creo, estamos bastante lejos de ellas.
Sería una completa y burda mentira si dijera que me interesaban estas chicas indefensas y, de todas manera me preocuparan o no, el trato estaba hecho y no podía echarme atrás a este punto tan avanzado así que, habiendo pensado durante unos cuantos minutos la situación y qué sería lo correcto...Sólo acepté.
—De acuerdo. Necesito primero una explicación sobre cómo funcionará todo ahora, sabes que soy completamente nueva en esto. Si bien las veces anteriores fueron prostitutas, lo que hacía la situación más fácil de controlar, ahora esto se me sale de las manos —me explico sinceramente a Sixx.
Si ahora iban a trabajar en mi club necesitaba como mínimo instrucciones de cómo controlarlas y al menos hacer las cosas bien.
—Entonces el trato se mantiene...Me alegra. Eh...Espera—musita, cambiando el tema descaradamente, provocando que mi nerviosismo se eleve.
Observo con atención al hombre que luego de decir aquellas palabras se queda en silencio y ahora busca algo con su mano derecha en la parte de atrás de su pantalón mas no en su bolsillo. En tan sólo uno segundos una pistola se posaba en su mano mientras sonreía.
Podía ver el sarcasmo que detrás de aquel gesto se escondía y temo todavía más que en cualquier otro momento en esta noche.
—Ella...—señala con la mirada la pistola mientras eleva una de sus cejas.—Ella también se alegra de que el trato siga en pie —suelta con simpleza.
En ese momento supe que cometí un grave error, uno irreparable y también sabía ahora que no importaba cuanto quisiera nunca haber conocido este mundo ya no había vuelta atrás.
El arrepentimiento ya no me era permitido.
Y en una situación tan grave, si iba a verme afectada, era mejor sacarle el mayor provecho posible a haberme metido en la boca de un lobo que conocía tan poco pero que sabía lo peligroso que era.
Esto no sería en vano, no para mí.