A sus 8 años, Min Seongki estaría viviendo el peor trauma de su vida.
Si bien, había sido dañado por su padre millones de veces el asesinato de su madre a manos de aquel mounstro que lo había críado de la peor forma marcaría un antes y un después en su personalidad, en su mente y en su vida.
Nadie lo defendería ahora.
El niño luego de observar como su padre apuñalaba a su madre con aquel pedazo roto proveniente de una botella de vidrio dejó de intentar levantarse y se topó con uno de los peores momentos de su vida, provocando que cayera al suelo sobre sus rodillas mientras su cerebro hacía lo posible por mantener la cardura y poder comprender, pero, no había nada que comprender. Ya había pasado y la verdad es que en su momento él no lo vió.
No podía aceptarlo.
Minutos después de hacer lo posible por creerlo se levantó, sin importarle el desgarrante dolor que sintiera tras ser golpeado por el hombre que le arrebató la vida de la persona más importante en su vida.
Llegó como pudo al cuerpo sin vida de su madre, confirmando por milésima vez lo que no quería aceptar pues ella no respondió jamás. Aún con la sangre ya inundando lentamente el piso se acostó en su pecho, llenándose del líquido rojo, abrazándola mientras lloraba lo que jamás había llorado.
—M-mamá...Te amo mucho, por favor perdóname —soltó desde su pequeño y destrozado corazón, de la forma más sincera. —Perdóname...p-perdóname
Seongki con la ausencia de toda cordura repetía continuamente aquellas palabras y, en él, no se presentaba ninguna señal de querer despegarse del cuerpo de su madre.
En ese lugar no se escuchaba nada más que a un niño hablando bajo, como usualmente hacía, sollozando incoherencias lleno de culpa y dolor.
El mounstro que destrozó la vida de su familia y sin haber pagado por ello nunca, simplemente dejó el lugar después de volver en sí, dándose cuenta de lo que había hecho, no obstante, no mostró el minimo arrepentimiento o pesar por lo que había hecho.
Min Lee carecía en su totalidad de empatía. Parecía una máquina más que un hombre de carne y hueso con sentimientos, era alguien que estaba acostumbrado a únicamente usar su mente y no su corazón.
Y en esta ocasión no sería la excepción.
En vez de hacer lo que cualquier otra persona haría; sentir completo arrepentimiento de sus actos, sólo caminó hacia la cocina, quedándose inmóvil observando hacia el fregadero pero en realidad mirando a la nada, armando un rompecabezas en su mente, buscando los piezas faltantes para salvarse de la grave situación. Sin embargo, era inútil, no tenía que buscar.
El destino movió las cartas a su favor, como si fuera merecedor de algo como eso.
Aparte de los contactos que tenía que lo salvarían de la situación recordó los constantes mensajes que recibía de distintas maneras amenazándole con matar a su familia si seguía con su caso. Estaba claro que no sería cualquier persona la que tendría el valor y a su vez el descaro de amenazarlo a él.
La única persona que conocía que sería capaz de hacerlo era "The End"; un desquiciado pero uno muy destacable en su especie.
Los mensajes desde un número desconocido y que había intentado rastrear continuas veces era la prueba más concreta de lo que tomaría como arma en su defensa.
En un mundo tan injusto y cruel uno de los insectos del montón ahora sonreía desde la cocina mientras, en la sala, su hijo seguía hecho pedazos.
Estaría terminando de armar el rompecabezas pero para terminarlo del todo tal vez ahora tendría que trabajar más duro para conseguirlo así que avanza para cometer su próxima labor llamando a un número desconocido y le pide al sujeto –profesional en lo que hacía– tras la línea que llegue a su casa cuanto antes y que limpie todo indicio posible de que él estuvo ahí, dejando impune el lugar.
Después de que el hombre saliera con todas las pruebas del lugar se dirige sigilosamente hacia su hijo, aún abrazándo el cadaver de la mujer. Puede que se haya dado cuenta de la presencia de su padre y del otro hombre, aún así, en un momento como ese había perdido el interés por todo.
—Miráme —le ordenó Lee pero él no respondió, no era capaz de hacerlo. —Bien, entiendo —dice en un tono completamente distinto al anterior.
Su ira parecía haberse ido, estaba exhausto luego de ser controlado por ella de esa forma.
Al no escuchar respuesta de su hijo supo que realmente le había afectado, pero para su desgracia no le importaba.
Lo tomó del brazo, levantándolo y viendo como sus piernas no respondían lo sostuvo unos segundos. Seguía sin responder por lo que optó por darle una cachetada.
—Vamos, no te pegué tan fuerte. ¿Acaso quieres terminar como ella? ¿Eh, Min Seongki?
No tenía una pizca de piedad por su hijo.
Aún del brazo lo guió como pudo al sillón, dejándolo ahí y yendo a lavarse las manos retirando toda rastro de sangre y después, yendo hacia la cocina, está vez buscando otra botella igual a la que estaba en el suelo rota, y cuando la encontró se dirigió al sillón, teniendo sumo cuidado de no pisar la sangre ni el cadáver de su mujer.
Tomó el rostro del niño bruscamente y le sonrió.
Algo en Seongki se removió, llenándolo nuevamente del miedo con el que solía vivir y fue aquello lo que lo hizo ver a la perfección la realidad con la que se estaba topando.
En sus cortos e infernales años de vida jamás había visto a su padre mostrar alguna emoción aparte del enojo, y aunque nunca lo había visto sonreír no tardó en darse cuenta que no era una sonrisa sincera, si no una llena de maldad, contrastándola con su oscura mirada.
—Te mataría exactamente como lo hice con ella, ¿sabes? —expresa con tranquilidad mientras sigue sujetando su rostro y como si fuera lo más normal para él amenazar de muerte a alguien. —Pero no lo haré —suspira.— Porque creo que tú sí sirves para algo Min Seongki y, me lo vas a demostrar o te mataré no hoy, pero sí mañana.
Las palabras de su padre golpearon aún más y provocaron que comenzara a inundarse de miedo, haciendo que abriera los ojos incluso más.
—P-papá...—Seongki habla por primera vez luego de un largo rato de sollozos pero es interrumpido por su padre.
—¿Lo vas a demostrar? —cuestiona, obligándolo a responder un suave "sí".
—Ese es mi hijo. Sabía que tú no eras como tu madre —responde orgulloso. —Bien, primero tú no viste entrar a nadie más que un hombre de pelo rojo, repite conmigo "un hombre pelirojo entró a la casa, me golpeó y mató a mí mamá".
El niño, después de escuchar eso dudó en repetirlo, confundido, sin comprender a su padre, pero viendo insistencia de éste por la forma en lo que lo miraba esperando su respuesta sedió. No porque quisiera, si no lo hacía estaba seguro que acabaría como su madre.
—U-un hombre pelirrojo entró a la casa y...mató a mi mamá —balbucea, dudando que sus palabras fueran las indicadas.
Su mente no estaba con su padre ahora mismo, si no con su madre, aún derramando sangre en el suelo.
—"Me golpeó y mató a mi mamá", concéntrate —exigió el hombre.
—Un hombre pelirrojo entró a la casa, me golpeó y...—no quería siquiera decirlo pues más lágrimas caían por sus mejillas al decir esas palabras. —Y m-mató a mi mamá
—Perfecto, "se fue y después llegó papá" —continua haciéndole repetir aquellas palabras.
—Se fue y después llegó papá —repite ahora más rápidamente.
Aunque Min Seongki fuera un niño pequeño siempre demostró una gran inteligencia.
A pesar de no ir a la escuela y pasar encerrado con su madre, como si vivirían en una carcel, a corta edad le hizo saber solamente a ella, la única persona en la que podía confiar, cuán interesado estaba en aprender sobre el espacio, la naturaleza en sí e incluso las matemáticas, preguntando cosas cada vez más complicadas, aprendiendo a leer y escribir con facilidad, conociendo nuevos idiomas y aprendiendo todo lo que podía absorber.
La gran inteligencia era seguida por una capacidad de razonamiento destacable, los cuales se vieron perturbadas por el constante maltrato de su padre hacia él y su madre, llevando nueva información a su cerebro y ésta vez no de libros, si no de la violencia, comprendiendo en poco tiempo lo que venía ligada a ella; la maldad, sufriendo en el proceso y llenándose de ella también.
Fue así como entendió qué planeaba su padre, había hecho cosas parecidas muchas veces.
—Dime, Seongki ¿Qué sucedió? —pregunta otra vez, haciendo que sus palabras se quedaran grabadas en su hijo.
—Un hombre pelirrojo entró a la casa, me golpeó y m-mató a mi mamá, se fue y después llegó papá.
—Eres muy bueno, hijo —dice Lee mientras se levanta del sofá, alborotando el pelo del niño, quien no podría haber articulado una palabra si no estuviera dándole la espalda al cuerpo de su madre. —Si preguntan algo fuera de lo usual sólo dí que no recuerdas —le indica esto último mientras se dirige a la cocina, guardando la botella que todo ese rato tuvo en la mano, amenazando indirectamente a su hijo.
Lee saca el teléfono de su bolsillo, llamando a su superior, empezando con su plan.
—Señor Donghwan...A-asesinaron a mi esposa —tartamudea a propósito y cambia su tono intentando sonar afectado.
—¿Dónde estás ahora Lee? —la voz tras el teléfono se escucha calmada e intenta comprender la situación.
—No pude atraparlo...Lo tuve justo frente a mí —dice cambiando de tema, logrando sonar desconcertado.
—Luego hablaremos de eso, entiendo que tienes cosas más importantes que atender ahora —dice su jefe.
Ese hombre, que le llevaba tal vez unos 14 años, tenía una gran capacidad para empatizar con los demás y mantener un equilibrio perfecto en su trabajo, algo que él nunca fue capaz de conseguir. Una clara razón de porque estaba por encima de él en la APSN
—Estoy en mi casa, l-la mató en mi casa —su voz se rompía.
—¿La mató? ¿Quién la mató? —pregunta su jefe.
—Ese hijo de puta lo hizo...Él realmente lo hizo
—Comprendo tu situación, Min, pero necesito que seas claro
—"The end", él la mató —le explica de forma breve.
—¿Cómo sabes que fue él, lo viste? —le cuestiona Donghwan.
—Me amenazó varias veces con matar a mi familia si no archivaba su caso no lo informé porque sabía qué pasaría —explica aún en la cocina.
Su hijo en el sofá se ocupaba en prohibirse cuanto podía ver el cadaver de su madre otra vez.
Era incapaz de asimilarlo, todo había pasado en cuestión de un abrir y cerrar de ojos para él.
—¿Tu hijo está bien?
—Entró a la casa y lo golpeó, c-creo que está bien
—¿Sabía dónde vivías?
—Obviamente lo sabía, ese maldito me ha estado siguiendo y siquiera me he dado cuenta —explica y un largo silencio se hace presente pero él lo termina y continua. —Seguiré con la investigación, me encargaré
—¿Te sientes capacitado para continuar, Lee?
Luego de que el hombre pudiera comprender lo necesario gracias a las palabras del hombre acompañadas con un tono que jamás había escuchado en él, supo cuánto le estaba afectando. Sin embargo, aunque sabía quién era Min Lee, prefirió asegurarse de que fuera capaz de continuar con uno de los casos más importantes del APSN. Era lo mínimo que podía hacer para mantener al único agente que podría ser capaz de continuar con ello.
—Sí, jefe —respondió luego hacer una corta pausa, fingiendo pensar en la respuesta.
—Informaré al departamento y realiza el procedimiento habitual. Llama a la polícia de investigación, al equipo criminalista e informa el estado de tu hijo
—Entendido.
Con esas palabras colgó el teléfono y procedió a hacer varias llamadas informando la situación.
El caso fue atendido en un momento, llegando a la escena del crimen, una ambulancia atendía a su hijo y levantaron el cuerpo de su mujer.
El incidente era tratado como prioridad en la polícia y para su buena suerte...Él mismo iba a ser el informado de todo, manejando y manipulando la información a su antojo y beneficio.
Podía funcionar o no, estaba en sus manos y en las de la corrumpción.
Al final, ella siempre ha ganado por encima de todo.