Capítulo III. Mi media hermana Rosa

433 Palabras
Mi hermana, que era catorce años mayor que yo, había sido abandonada por su propia madre un mes después de su nacimiento, y pasó su infancia de un hogar a otro, siendo cuidada por la novia de turno de mi padre o por el abuelo, era una niña responsable y amargada, que fue guardando resentimientos con todas las personas que estaban a su alrededor, y que competía sin oportunidad de éxito conmigo, por el cariño de mi papá. Ella se encargaba de cuidarnos a mi hermano y a mí, hacía todos los quehaceres que mi mamá abusivamente le obligaba a hacer, cocinaba para mi papá y tenía buenos resultados en la escuela, todo eso con la esperanza diaria de que mi papá la quisiera, pero por alguna razón, la trataba como un familiar de menor categoría. En cambio a mí, me amaba sin que hiciera nada, de hecho, yo no tenía buenos resultados en la escuela, hacía muchas travesuras a mi hermano y me portaba mal con mi hermana, pero quién se atreviera a castigarme, se las vería duramente con mi papá por la noche, y por supuesto, yo me encargaba de contarle con detalles los sufrimientos que me habían causado los castigos, regaños o similares. En un afán por validarse como la hija que merecía más cariño, Rosa además de ser una excelente estudiante, era conforme y no exigía nada, en obediencia al mandato patriarcal nunca tuvo novio, y se vestía como anciana tragándose todas las pasiones naturales que seguramente ahora ahogan aún su rectilínea humanidad, al punto de que su vida adulta transcurrió de la misma manera, viviendo como una ermitaña y ahorradora mujer solitaria. Pero ni las mejores calificaciones, ni su virginidad intacta, hicieron que mi padre la quisiera más. Por lo que al pasar algunos años, trato de usar la herramienta de resaltar mis faltas, que siempre fueron muchas, incluyendo el color de mi piel morena, que para ella era de inferior categoría que la suya que era pálidamente blanca, trató de sacar provecho de cada falta que yo cometía en un intento de que nuestro padre dejara de quererme a mí, pero no pudo lograrlo, incluso después de todos mis tropiezos, siempre tuve su corazón en mis manos. Cada vez que me ayudaba a hacer tareas me decía que era lenta, tonta, incapaz; sentía un enorme rencor y trataba de desmerecerme con los vecinos, familiares y amigos cada vez que podía. Por otro lado, yo la quería y la admiraba, veía todas sus cualidades, quería ser como ella, pero por alguna razón, ella seguía sintiéndose inferior a mí.
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