Capítulo IV. Mi padre y yo

233 Palabras
Mi padre nunca fue el mejor compañero para sus novias, amantes y mujeres; pero fue el mejor de los padres para mí, en cada competencia de gimnasia a la que iba, volvía a ver hacia las gradas y estaba él allí aplaudiendo, cada día al salir del colegio se encontraba afuera esperándome, listo para hacerme chistes y contarme cosas divertidas. A pesar de que no era la mejor estudiante, yo disfrutaba mucho la relación con mis compañeras de colegio y con mis maestras, jugaba y me divertía en la escuela, así que siempre tenía muchas cosas que contarle a él al final del día. Por alguna razón mi hermana Rosa no iba a ese colegio, sino a una escuela cercana a la casa. Cuando mi padre me inscribió en las clases de natación, el profesor tuvo que sacarlo de los alrededores de la piscina, porque no quería permitir que me tirara al agua, cabe aclarar que llevaba puestos todos los flotadores posibles en mi cuerpo, cuando el maestro me estaba pidiendo saltar al agua. Los estudios no eran mi fuerte, y tampoco el violín que mi padre soñaba verme tocar, pero los deportes, la relación con mi cuerpo, esa si era mi materia preferida, era una excelente gimnasta, y nadaba muy bien, y por supuesto, mi cuerpo reflejaba todo eso, me hacía sentir orgullosa de mi. Mi padre aún no notaba este detalle.
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