Me encantaba el colegio, sobre todo cuando tuvieron que cambiarme a una nueva escuela, por mi bajo desempeño escolar y las constantes reuniones a las que convocaban a mis padres, a ninguno de ellos les gustaba presentarse ante un grupo de maestras para escuchar, que los problemas derivados de mi nacimiento me hacían una persona con baja concentración, proclive a un comportamiento impulsivo y a veces atentatorio incluso de mi propia integridad. Nunca he sido capaz de comprender los límites y por tanto las reglas, cuando mi madre me castigaba agresivamente por romperlas, yo me desquitaba poniendo la queja a mi padre cuando volvía, y él se encargaba de defenderme.
Las peleas entre mis padres por mi comportamiento se volvieron constantes, y el odio de mi madre contra mi persona se fue incrementando, me castigaba físicamente, pero lo que más me dolía era su violencia verbal, siempre estaba refiriéndose a mí como la tonta y la culpable de la cada vez más mala relación entre ellos dos, me decía que si mi padre se iba de la casa, sería mi culpa. Mi padre comenzó a pasar menos tiempo en la casa y a dormir en un cuarto de la primera planta.
Pero el nuevo colegio era más interesante, era mixto y eso abría una perspectiva que no había descubierto en el colegio de las niñas, mi cuerpo comenzó a llamar la atención de los niños y tuve muchos amigos, se acercaban para abrazarme y reírnos, nos llevábamos bien, empece a recibir un afecto que no encontraba en mi casa. Las maestras me llamaban la atención porque decían que no debía permitir tanta familiaridad pero se sentía demasiado bien, ser buena en algo, tener la atención que necesitaba y recibir abrazos.
Al poco tiempo un niño me mando una carta para que fuera su novia, fue el día más feliz de mi vida, le dije que sí, y Alberto se convirtió en el amor de mi vida, era mi existencia, mi todo, mi cielo. Ahora que lo recuerdo, su cuerpo parecía una lombriz, pero en ese momento yo lo veía como un hombre increíble. El primer beso fue un extasis, que me produjo una cantidad de sensaciones desconocidas e indescriptibles, pero comenzó a volverse rápidamente celoso, porque yo seguía teniendo amigos y seguía bromeando con ellos, y tal como acostumbrábamos nos dabamos abrazos, nos sentábamos todos juntos, así que tuve que terminar la relación una semana después.
Pasaron dos días y comencé a sentir angustia, la atención que significaba ser la novia de alguien había terminado, ya no era especial para una persona, pero en ese momento recibí una notita de otro de los amigos de mi grado, quien me dijo que no sabía como había dejado ir Alberto una mujer como yo, que él la apreciaría, en sexto grado y a los doce años, que alguien te diga mujer es como haberse graduado de secundaria, ya no era una niña, era atractiva como mujer pensé, y me pedía que fuera su novia, por supuesto que le dije que si.
Así transcurrió toda la escuela, mientras fui creciendo, tenía más pretendientes, ya no solo en el colegio, sino también en el lugar en donde vivía, y entre los amigos de mi hermano, nunca anduve de novia con dos personas a la vez, ni le quite el novio a una amiga, eran mis códigos, pero no podía dejar de tener novio, porque me daba angustia, me sentía extremadamente sola y abandonada, perdía mi valor como mujer, y por alguna razón mis relaciones nunca llegaban a ser muy largas, así que tuve la oportunidad de tener muchos novios, algunos de ellos volvían un tiempo después para retomar la relación, al recordar que yo era una buena novia, pero se volvían a ir pronto