Capítulo VI. La separación

589 Palabras
Mis padres tenían ya dos años sin hablarse, cuando finalmente, mi padre tomó sus cosas y sin dar explicaciones se fue de la casa, por supuesto mi madre me culpo de la separación y volvió un infierno mi vida, me golpeaba más y con diferentes utensilios, diciendo que ellos no se hubieran separado, si yo no existiera. Unos meses después, le dije a mi padre, que quería irme a vivir con él y con su nueva pareja y así fue, al llegar, mi misión era separarlos, a pesar de que ya tenía quince años, dije que quería dormir con ellos en la misma cama, y así fue; pero con los días me fui dando cuenta, que tres personas no cabían en esa cama, además mi madrastra era divertida, me dedicaba tiempo, platicaba conmigo y me sacaba a pasear, escuchaba mis locuras y me preguntaba cosas del colegio. Mi padre descargo en ella toda la responsabilidad de cuidado de mi persona, incluso era ella quién asistía a todas las reuniones de padres de familia y tenía que escuchar con preocupación los resultados que yo obtenía en la escuela. Me llamaba la atención y trataba de ponerme reglas, que por supuesto yo no cumplía y que mi padre tampoco respaldaba, como siempre. Pero, a pesar de mi comportamiento a veces grosero y agresivo con ella, nos hicimos amigas, era mi confidente y comencé a contarle sobre mis novios, leíamos las notas que me enviaban y me daba consejos, cada vez que terminaba una relación me decía que me detuviera que me diera un tiempo, pero yo no podía parar. Ella considero que debía contratarse a una persona que se encargara de la casa y estuviera pendiente de mí, mientras estaban en el trabajo, era un lugar con más control de lo que yo estaba acostumbrada, pero sabía que era porque les importaba. Para mis dieciséis años, mi madre no se preocupo por pensar en la fiesta, ni siquiera me llamaba por teléfono para saber si yo estaba bien, no llegaba al colegio a preguntar como me estaba yendo, al parecer se sintió aliviada de quedarse con la casa de mi padre, pero deshacerse de la incomoda hija oveja negra. Por lo que comenzamos a planear con Erlinda mi madrastra la fiesta, fuimos a ver vestidos y lugares, y le hicimos una propuesta económica a mi padre, que la acepto y dio indicaciones de hacer las reservaciones. Una semana antes de la fiesta, cuando había que pagar el hotel mi padre dijo que ya no estaba de acuerdo y que jamás había dicho que él cubriría los gastos; mi madrastra y yo nos volvimos a ver incrédulas y yo me fui a llorar a mi cuarto. Pero finalmente el sábado, mi madrastra cubrió los costos de una modesta fiesta en un restaurante de comida rápida para jóvenes, me compro un vestido y unos tacones, fuimos juntas a una sala de belleza en donde me peinaron, arreglaron mis uñas y me maquillaron; así pude celebrar la fiesta, ese lugar tenía una hermosa terraza en donde me sentí una princesa, mis compañeros de colegio llegaron y la pasamos riendo y tomándonos fotografías, allí comencé a descubrir las bondades de las r************* para obtener afecto. Yo era muy buena tomando fotografías, y desarrolle mis habilidades, al cumplir los dieciocho años ya sabía posar de forma sexy y sugestiva, y eso generaba muchos likes, que alimentaban mi necesidad de sentirme parte de este mundo, de sentirme querida y ser importante, era mi época de oro.
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