LA BODEGA DE LA CALLE DOS, A QUE EL SEÑOR LUIS VILLARREAL (Capítulo II)

1137 Palabras
Recuerdo muy bien como estaba distribuido su negocio, y la estructura que exhibía los artículos todo lo había construido el abuelo Luis, todo era madera, aunque no tenía un acabado profesional, estaban muy bien elaborados, con sus propios y escasos recursos podía hacer cosas que otros terminarían comprando para tener lo que él podía hacer con sus manos. La tienda de víveres tenía unos 16 x 8 metros cuadrados aproximados, estaba bordeado por un mostrador en forma de “L” podía atender a una buena cantidad de clientes alrededor, al estilo mostrador o mesa de bar, así no perdía la visión de cada uno de los compradores. En el centro del lugar estaba una cava refrigeradora de cuatro puertas o gavetas, la que siempre estaba llena de bebidas gaseosas, y tenía una sección que estaba reservada para los productos lácteos, como leche, jugo chicha y queso, tenía dos vitrinas de madera fina, con cristales para dejar ver los productos que exhibía, uno de ellas era de unos dos metros y medio de ancho por uno de alto, era para mostrar los panes, me encantaba meter mi cara dentro de ella, pues siempre olía a pan fresco en la parte frontal, era de cristal, la parte posterior tenía dos puertas corredizas muy prácticas para despachar cuando habían mucho clientes y no permitían perder la frescura del pan. No dejaba entrada a insectos, -Más que mis manos para sacar los panes que degustaba a escondidas- otra vitrina era solo para cosméticos y medicinas, es decir tenia de todo un poco y de productos que desearíamos que aún que se mantuvieran en venta, hasta yesqueros americanos  hermosos y decorados, de metal y que se podía recargar con bencina que el mismo vendía, abuelo pensaba en lo que la gente podía comprar, gozaba del afecto de los proveedores y una exclusiva confianza que les permitía dejar los productos y cobrarlos luego, unos viajeros regresaban a los [15] quince días, otros al mes pero los que salían más rápido como las golosinas y refrescos, de manera semanal. Los artículos de primera necesidad, eso sí que debía hacer los pedidos directo a los distribuidores mayoristas, siempre lo hacía en las mañanas y ya para la tarde llegaban los camiones con la mercancía; mi hermano José y yo teníamos el trabajo de escalar las estanterías de madera para ir ubicando cada artículo; como todo un supermercado, me fascinaba hacerlo, y me llenaba de orgullo ver la bodega surtida y hasta muy tarde en la noche nos dedicábamos luego a surtir la cava refrigeradora de cada especie de gaseosas, sobre la cava estaba un pequeño estante de pedestal largo con escalones, donde se exhibía las golosinas, donde siempre terminaba sacando algún caramelo o goma de mascar. Todo transcurría muy tranquilo, gozábamos de una paz familiar única, de vecinos teníamos a nuestro Tío Luis y su esposa Flor, -Quien no sé por qué razón nunca la tratamos de tía, tal vez por la confianza tan amistosa y cariñosa que nos daba a todos, o tal vez no le gustaba que la llamáramos Tía, en fin-  era muy querida en el vecindario, ella era madre de dos hijos, José Luis el mayor y Griselda, mis primos hermanos, lo tenían todo, y vivían mejor que nosotros, Flor siempre se preocupó por que tuviesen una vida colmada de atención, bien por ellos, la más malcriada era Griselda, mientras que José Luis siempre fue alegre, divertido y le gustaba compartir lo que tenía, no era egoísta, pero mi hermano no lo toleraba, en ocasiones los veía pelearse, pero José Luis era rápido para olvidar lo acontecido, mi hermano mayor siempre tuvo un carácter fuerte, supongo que estaba más cuerdo cuando sucedió la separación de nuestros padre y no atendía a papá cuando le tocaba ir a visitarnos, prefería ignorarlo, mas algunos consejos que susurraba mi mamá Consuelo con el cada vez que venía a visitarnos, papá tenía un gran afecto por José, más que por el resto y me atrevo a decirlo porque era testigo de la insistencia que tenía con él cuando llegaba o tal vez, intentaba ganar su amor y confianza. Sin muchas preguntas que hacer, sucedían cosas que por lo general nunca pregunte, será porque las veía como normales, mi mamá Consuelo salió embarazada, no supe de quien, mi  mamá Margarita nunca se lo recrimino, al menos no en nuestra presencia, ni siquiera abuelo Luis le tocaba el tema, recuerdo que ya se le notaba un embarazo muy pronunciado y las discusiones que tenía con mamá Margarita por qué no respetaba la dieta que debía llevar, el consumo excesivo de sal en la comidas el abuso de las bebidas achocolatadas, en las noche salía al patio a orinar cerca de un pequeño techado en el patio que servía de lavandería. Y,  ahí en esa obscuridad encontraba a mamá Consuelo, degustando una enorme vaso de chocolate frio, haciéndome señas que guardara silencio y que no le comentara a mamá Margarita de lo que estaba haciendo, tarde muy tarde comprendí porque se insistía abuela con ella de guardar la dieta, y todo exceso pasa factura, una madruga  de Octubre del año 1977, escuchamos como alguien caía pesadamente y el ruido de los recipientes alrededor de la cama -bacinillas improvisadas con latas para leche en polvo- esto evita que ella saliera al baño que quedaba fuera de la casa. Mamá Margarita salto de la cama como si aún fuese joven, y al encender la luz, vimos a mamá Consuelo tirada en el piso, su cabeza había quedado atascada entra la pared y un pequeño escaparate blanco que guardaba mi ropa, mamá Margarita muy desesperada nos pidió a mí y a José, buscar al vecino David, ya que él contaba con un viejo  y casi despintado Chevrolet Belair de los años 50, color rosado muy pálido, recuerdo esa fría madrugada, gritábamos frente a la casa del Señor David, casi no podía hablar por el temblor de mi mandíbula por efecto del frio que sentía, de paso nos fuimos en ropa interior; sin pudor, puesto que solo éramos niños. Apenas tenía  [6] seis años mi hermano [9] nueve años, pero pronto salió David y su esposa Sergia, la familia Vásquez;  a ver qué sucedía, luego de explicar el caso encendió el vehículo y corrimos de vuelta a casa, al ingresar vi como abuelo Luis, forcejaba el escaparate para liberar a mamá Consuelo donde estaba su cabeza, hasta que con la ayuda de David, la tomaron por los brazos y las piernas, y la condujeron hasta el carro, ella aun con su dormilona, transparente se dejaba ver una gran barriga estaba inconsciente, de allí el gran peso que tenía que les costó a los poderosos poder llevarla hasta el vehículo mi mamá Margarita, apenas tomo algunas prendas para atenderla en el camino.
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