Había pasado más de un año desde que tomé el puesto de CEO en la empresa de la familia. Al principio no sabía si esa había sido una decisión impuesta o voluntaria, pero lo hice. Y ahora lo disfruto, como si todo lo aprendido en Corea ahora estuviera dando su frutos, era lo que se esperaba de mí. Aquella mañana en los Hamptons, decidí mantener la distancia entre Bea y yo. No fue fácil. Ella ahora es un punto de equilibrio en mi caos, pero… tenerla cerca me dolía. Estaba enojado con la vida, con las circunstancias, conmigo mismo. Pero como siempre, frente a mis padres, fingí, sonreí, fui el hijo impecable, el heredero preparado, el CEO que no se quiebra. Nadie notó la tensión en mis hombros, ni el nudo en mi estómago al verla reír desde la otra punta del jardín. La herida era mía y la llevaba bien escondida.
Día con día durante ese tiempo fui descubriendo cosas de Valentina, no me cabía en la cabeza como es que ha logrado engañar a todos por tanto tiempo, contraté a alguien para que la cuidara, y también para averiguar en qué diablos estaba metida.. ojalá nunca lo hubiera hecho, esa hermanita inocente y frágil, que tenía las mejores notas de su clase y que no mataba una mosca.. ya no existe, o quizá nunca existió.. no lo sé.. el hecho es que está metida de lleno en las carreras clandestinas, y lo peor es que arrastra a Beatrice con ella cada que puede, Bea es una excelente corredora de motocicletas ¡Apenas se puede creer! ¿en qué mundo viven nuestros padres? y ahora que ya no viven en casa, no veo el día en que toda esta bomba explote.. y no por qué quiera que se metan en problemas, sino porque cada vez que suena mi celular en la madrugada, se que es el hombre que contraté para cuidar de ella.. de ellas.. mi mundo se paraliza, no puedo pegar el ojos hasta que vuelve a sonar y me avisan que ya están de regreso, eso tiene que acabar, mi hermana tiene que convertirse en una excelente abogada, Beatrice a su edad ya está por graduarse como la mejor en sistemas, aquí mismo en la empresa ha demostrado sus capacidades, mejoró el sistema de seguridad solo por diversión ¿Por qué insisten en vivir de esa manera?
Un buen día, la rebeldía de mi hermana Valentina volvió a arrastrarme hacia ella. Esa forma suya de romper las reglas con una sonrisa, de hacer que el peligro pareciera parte del plan, me tenía atrapado desde que lo supe. Pero esta vez fue distinto. Esta vez no se trataba solo de motores rugiendo en la oscuridad, ni de apuestas ilegales en un callejón lleno de humo y miradas turbias.
Fue un mensaje, uno solo -“Necesito que me ayudes. Es grave.”- cerré los ojos y suspiré, no lo habíamos hablado de frente, pero ella sabía que yo sabía y si está vez se animó a pedir mi ayuda, no podía negarme...
Segundos después un segundo mensaje -"señor su hermana está en problemas, necesito que venga y me diga como proceder"- maldije..
Al llegar al lugar, Valentina estaba desesperada, su Mustang n3gr0 tenía un golpe en la parte delantera y la pintura estaba manchada con algo que no era barro. Detrás de ella, tres tipos armados discutían en voz baja, uno de ellos me miró al llegar, como si ya supiera quién era yo, como si me esperara.
Hablé con Pietro, ella había ganado una carrera que no debía ganar. El tipo al que le ganó "El Coyote" no era alguien que aceptara la derrota con dignidad. La carrera era una pantalla, se estaba moviendo droga en el maletero del coche del perdedor, y ahora nos acusaban de haberla robado. Valentina no tenía idea, yo tampoco.. hasta ahora... y todo empeoró cuando ví llegar a Bea a toda velocidad en esa mald¡ta motocicleta..
Esa noche, mientras ella lloraba en silencio detrás del volante mientras Bea la abrazaba en un intento de consolarla, supe que tenía que ensuciarme las manos, no solo por ella… sino por las dos, porque si caía ella, caía también mi Bea. Y eso jamás podría permitirlo ¿Que pasaría con mi padres? ¿Con mis tíos?
Esa noche desaparecí un coche en un deshuesadero ilegal, compré silencio, fingí que el Mustang se lo habían robado, amenacé a un mecánico que sabía demasiado... Y regresamos a casa, a las tres de la madrugada, yo… yo no dormí en tres días.
Pasaron tres semanas.. Pensé que lo había solucionado, pensé que las amenazas, el dinero, la mentira bien tejida habían sido suficientes para apagar el incendio. Pero el problema con el fuego, es que no siempre se ve, a veces arde por debajo. Valentina juró que se alejaría de todo eso, pero yo la conocía mejor que nadie, ahora ya no podía engañarme... su sonrisa era más rígida, y su risa sonaba vacía, días después, cuando llegué a la oficina, un sobre me esperaba, sin remitente. Dentro, una foto... Valentina saliendo de un almacén abandonado en el barrio industrial… y detrás de ella "El Coyote" .. había vuelto a verlo..
Salí como alma que lleva el diablo a buscarla, la confronté y no negó nada, me miró como si yo fuera el que no entendía -No tengo opción- dijo.
-¿Qué significa eso? ¿Te tiene amenazada?- pregunté enojado, asustado
-No exactamente, le debo algo, bueno… le debo a alguien más- dijo avergonzada, cabizbaja.. y empezó a hablar, entonces todo se derrumbó. resulta que la carrera no fue un error. Valentina había corrido por encargo. ella solo debía perder, pero ganó... Y con eso, perdió la protección de quien realmente mandaba. Un tal “Padre”, un nombre que nadie decía en voz alta. El Coyote solo era un perro guardián.
-Si no pago la deuda, van a venir por mí, por Bea... y por ti.. ya saben quién eres- Esa noche entendí que lo que habíamos hecho no fue un escape, fue una provocación, esto apenas comenzaba, porque cuando un tipo como “Padre” te pone la vista encima… no basta con correr, tarde o temprano, hay que enfrentarlo.
No dormí esa noche. El dinero no era un problema en la familia, pero no podía disponer de esa cantidad sin que se dieran cuenta, por lo que tenía que pensar como sacarlo de mi cuenta sin que hicieran preguntas. Valentina estaba rara, más callada que de costumbre. Sabía que me estaba ocultando algo, otra vez... Y eso me ponía los nervios de punta, esa tarde decidí seguirla, le dije a Pietro ya no lo necesitaba, no por ahora, la seguí no por celos, ni por control, sino por miedo. La vi salir en su moto "vieja" con una mochila a la espalda, y tomé distancia en la calle. No se detuvo en casa de ninguna amiga, ni en la de Bea, ni en el centro, fue directo a un callejón del barrio norte, uno de esos donde hasta los perros callejeros caminan con cuidado. Allí, la esperaban... Pero no era “Padre”, ni "Coyote" era alguien más, una chica.. -¡no puede ser!- pensé.. Bajé del coche y me acerqué por una esquina, la reconocí por la voz. Bea.. mi Bea.. La misma que siempre estaba en las fotos familiares con cara de ángel y vivía posteando cafés bonitos en Insta.. estaba ahí, vestida de n3gro, con un bate en la mano y cigarro en la boca.
-Te dije que no lo trajeras- le dijo a Valentina, molesta -Me siguió- respondió ella, mirando hacia donde yo estaba, no tuvo sentido esconderme, di un paso al frente.
-¿Así que eras tú?- le pregunté a Bea, sin rodeos -¿tu la solapas en todo ésto?- dije molesto, ella me miró como si yo acabara de decir una tontería.
-Valentina se metió sola. Yo solo la ayudo a no morir en el intento- Hubo un silencio espeso, de esos que solo se rompen cuando alguien miente, o dice la verdad y Bea eligió lo segundo.
-“Padre” no es un tipo. Es una red. Un grupo que controla las apuestas, las carreras, el contrabando… todo. Valentina corrió por encargo de uno de ellos. Pero el trato salió mal... ahora estamos en su lista- dijo
-¿Y tú por qué sigues ayudándola?- le solté. Bea sonrió de lado
-Porque es de los nuestros, porque cuando nadie en la familia la entendía, yo sí. Y ahora, si cae ella… caemos todos- No me gustó lo que escuché, pero me gustó menos lo que vi después, una camioneta, sin placas, que frenó al fondo del callejón, de ella bajaron dos hombres, y no hicieron falta palabras, solo uno habló, con una voz tan suave que podía asustar a cualquiera, pero no a mí..
-Así que tú eres el hermano, por fin nos conocemos- La puerta trasera se abrió, y por primera vez, vi a alguien que podía ser “Padre” o algo peor, todo el callejón se quedó en silencio, ni un motor, ni un ladrido, ni el más mínimo viento.. tenían la forma de caminar que tienen los que saben que pueden destruirte y salirse con la suya, detrás de ellos, un tercero más delgado, con traje a medida, rostro afilado y mirada tan limpia que asustaba más que las armas, se detuvo frente a mí y sonrió -Charlie, ¿verdad? Qué gusto ponerle cara al chico valiente- No respondí, solo lo miré, estaba midiendo cada uno de mis movimientos, como si fuera un cazador aburrido jugando con su presa -Valkiria...Valentina nos debe una carrera- continuó, con voz tranquila -Pero tú… tú te has convertido en una variable inesperada- sonrió
Bea dio un paso adelante, pero uno de los matones la detuvo con un gesto. Valentina apenas respiraba, yo mantuve la mirada -Dime algo, ¿tú eres “Padre”?- pregunté.
Él soltó una risa suave -No, nadie ve al Padre.. yo soy solo una voz, un mensajero- dijo
-Entonces dile esto- dije, dando un paso hacia él, sin bajar la mirada -ni con todo el dinero del mundo van a escapar de mí- Silencio, hasta los hombres armados parpadearon con sorpresa -Ya lo arruinaste todo- continué -Tocaron a mi hermana... se metieron con mi familia, y créeme… el dinero, los coches, las amenazas… nada de eso va a salvarlos de mí, voy a buscar cada uno de sus puntos débiles, cada contacto, cada calle, cada negocio sucio... Y cuando menos lo esperen, voy a destruirlos desde dentro- aseguré. El mensajero dejó de sonreír, dio un paso hacia mí.
-Tienes agallas, Charlie, pero eso no te hace inmune, el miedo te va a encontrar, tarde o temprano- dijo serio
-Tal vez- le dije -Pero cuando llegue, lo miraré a los ojos… como lo estoy haciendo contigo ahora- Hubo un momento eterno, luego, simplemente giró.
-Tienen siete días- dijo al subir a la camioneta -Ni uno más- El motor rugió, y desaparecieron en la oscuridad.
Valentina me miró como si no supiera quién era. Bea, por primera vez, no dijo nada.. Y yo… por dentro, sentí que acababa de declarar la guerra.