—¿Quieres contarme qué ocurrió ahí? —la voz suave de Emmeline fué acompañada por caricias reconfortantes en la espalda de Lucile. La pequeña negó. —¿Tú le pegaste primero? Ante el silencio de Lucile, Emmeline se separó lo suficiente para poder verla a la cara. —No voy a regañarte, bonita. Solo quiero saber, ¿si? Lucile agachó la mirada. —No quise pegarle, Emmeline —confesó con voz apagada—. No soy una salvaje. —Lo sé, Luci —pronunció suave, comprensiva, mientras dejaba una caricia en su rostro—. ¿Qué te dijo esa niña? Lucile la miró. —Que Lucien es un monstruo al que todos le temen y no es así, Emmeline. Le dije que es un pirata y ella se burló de mí, me dijo cosas feas y yo la empuje, pero no quise hacerlo, lo prometo —sus ojos se cristalizaron. —Te creo, tranquila. —Así no se

