La llegada del circo había vuelto Coldbourne un lugar de cuento. Habían instalado llamativos juegos y los niños correteaban por las calles emocionados. La energía vibrante que envolvía el pueblo, aún apesar del frío, le daba un toque mágico. El rostro de Lucile tenía un brillo especial mientras observaba todo con un asombro inocente. Arrastró a Emmeline a un juego donde uno de los premios era un oso blanco con un tutú con brillos. La niñera había llevado dinero por si acaso, así que lo utilizó para ganar ese peluche para la niña. Tras unos cuántos intentos, ambas continuaron con su camino con la pequeña Lucile aferrada al oso de peluche, su sonrisa era enorme. —¡Atención! —exclamó un hombre con un traje rojo, bastón y sombrero—. El espactáculo está por comenzar —anunció, llamando la aten

