capítulo 5

1111 Palabras
*Narra Angelo* ── Estamos listos -dijo el doctor cuando entró. Joana apretó mi mano, la miré con lágrimas en los ojos.- ── no hay nada porqué llorar, nos volveremos a ver pronto -hizo una pequeña sonrisa, sus ojos estaban inundados de lágrimas.- ── princesa -me interrumpió.- ── te amo, Angelo. Tomé su cara con ambas manos y me acerqué a su boca. Esta vez el beso me dolía, sabía que a ella también. No era un beso como los que nos dábamos siempre. Era un beso que nos estaba matando a los dos. Algunas de nuestras lágrimas mojaron nuestros labios, volviendo el beso salado. Tenía una de sus manos en mi nuca, con la otra agarraba fuertemente mi chaqueta manteniéndome cerca de ella. Nuestras lenguas bailaron juntas, sintiendo lo que le pasaba a nuestros corazones, los cuales lloraban de dolor. Me dolía hasta el alma. Me estaba despidiendo de la mujer de mi vida, y no sabía si sería para siempre. No queríamos separarnos, pero tuvimos que hacerlo por falta de oxígeno. Miré sus preciosos ojos azules, que estaban rojos y acaricié sus mejillas. ── te amo, princesa. Ella acarició una de mis mejillas. Tomó una de mis manos y la llevó a su barriga. ── si me pasa cualquier cosa, cuídala Angelo. No dije nada. El maldito nudo de mi garganta no me dejaba hablar. ── sé que lo harás -hizo una pequeña sonrisa y acarició mi mano que estaba en su barriga.- Fausto, confío en que mantendrá a Angelo a raya -le dijo a mi padre. Él sonrió.- ── por supuesto Joana. Ella miró al doctor y asintió con la cabeza.- Observé como se la llevaban y no pude decir o hacer nada más. Me había quedado estático y sin habla. Sentía que la respiración me faltaba y no podía tragar saliva. ── hijo -miré a papá.- todo estará bien. ── siento que me muero -me acerqué a él y lo abracé. Me abrazó más fuerte.- Las siguientes horas me estaban torturando. No dejaba de dar vueltas de un lado para otro mientras le rogaba a dios que me perdonara por todo lo malo que había hecho y que por favor me devolviera a Joana bien. ── por favor dios -susurré.- ── hola -papá, Olga y yo miramos al doctor. Mi preocupación aumentó cuando lo ví con mucha sangre. Negó con la cabeza, ese maldito gesto me confirmó lo peor.- mientras hacíamos la ooforectomía movímos un poco a la niña, al hacerlo nos dimos cuenta de que el cáncer era peor de lo que nos mostraron las pruebas. Su mujer tenía mucho tejido dañado alrededor del cáncer, así que tuvimos que abrirla y sacar a la niña, mientras extirpábamos todo lo malo, ella sufrió una hemorragia, intentamos reanimarla, pero su cuerpo ya no pudo soportarlo más. La niña tiene que estar en una incubadora estos meses. Lo sentimos mucho. Me dejé caer de rodillas mientras lloraba. Con mi puño le dí al suelo con fuerza varias veces. ── ¡hijo! -papá me sujetó los brazos por detrás.- ── ¡quiero morirme! ¡no soy nada sin Joana! ── tienes una niña, ahora tienes que velar por ella. Logré soltarme y me puse de pié. ── no la quiero, es vuestra. ── ¿qué estás diciendo hijo? ── no quiero a esa niña, Joana dió su vida por ella, no quiero verla. Salí seguido por ellos. En el mostrador pedí unos papeles para autorizarlos a cuidar de la niña. ── Joana te pidió que la cuidaras. ── ¡Joana está muerta! -la gente que iba por el pasillo nos miró. Yo firmé los papeles y se los dí a la chica que estaba ahí. Salí del hospital y fuí hacia mi coche.- ── hijo, por favor. ── voy a arreglarme para el funeral -dicho eso, me subí al coche.- Una vez en casa, cogí una botella de Whisky y fuí hacia la habitación. Entré directamente al baño sin detenerme a mirar nada, sabía que si lo hacía no saldría de ahí. Después de ducharme bebí más de la botella y me vestí de n***o. ── ¡Margaret! ── señor. ── llama a una funeraria, pide una sala para hoy mismo. Se quedó mirándome. ── ¡ya! -le grité.- Yo salí al patio y me senté en una tumbona. Ahí estuve durante horas hasta que llegó el momento de ir a la funeraria, Margaret se había encargado de todo. Al llegar, papá y Olga estaban ahí. Llevé la mano a mi boca cuando vi a mi preciosa Joana. Tenía un vestido blanco y parecía feliz. Me acerqué a su ataúd y puse mi mano encima de la suya. ── ¿por qué? ¿por qué me has dejado? ¿ahora qué voy a hacer sin ti? Limpié mis mejillas con el dorso de mi mano. Me negaba a que se la llevaran para incinerarla, no quería dejar de verla. Papá tuvo que sujetarme. Cuando me tranquilicé, me senté. ── no me has perdonado y como castigo me has quitado a Joana -dije mirando hacia el cielo.- te odio. ── hijo por qué dices esas cosas, dios todo lo oye y lo ve. ── genial, espero que me haya oído. Me ha dado la espalda cuando le he pedido ayuda. No una vez, no, ¡dos veces! ── ¿has estado bebiendo? - ── ¿algún problema? ── así no puedes conducir. ── tranquilo, dios no me dejará morir porque como castigo quiere que vea como mueren las personas que me importan. ── Angelo, deja de decir tantas tonterías y de faltarle a dios. ── tu dios no es nadie para mí -resoplé.- Esta vez no dijo nada. Estuvimos en silencio varios minutos. ── deberías ver a la niña, está pequeña. Estaría bien que empezaras a crear un vínculo con ella desde ahora. ── ¡no quiero a esa niña! ── Fausto, déjalo, dale su tiempo -escuché que Olga le dijo.- Cuando me entregaron las cenizas, salimos de ahí. Yo fuí directo a mi coche mientras papá venía diciéndome cosas, cosas que yo no escuchaba. Me monté dejándolo con la palabra en la boca y conduje hacia casa. Al llegar, dejé la urna en la mesa y cogí otra botella de Whisky. Cuando me fijé en la foto que había sobre la chimena, apreté la botella con fuerza. Éramos Joana y yo, detrás de nosotros se veía la Torre Eiffel y nos estábamos besando. ── ¡me mentiste! -lancé la botella hacia una pared haciendo que se rompiera y mojara varias cosas.- ¡me dijiste que todo estaría bien! ¡ahora me has dejado solo! ¡te odio, Joana! ¡te odio!
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