*Narra Angelo* Al llegar a Italia, fuimos directos a casa de mi padre. Cuando nos abrieron, pasamos. ── les presento a Scarlett, mi mujer. ── ¡oh, querida! un gusto volver a verte -dijo Olga. Fruncí el ceño.- ── ¿de qué se conocen? -pregunté.- ── ¿eh? pues...-Olga parecía nerviosa. Miré a Scarlett.- ── del gimnasio, ¿verdad, Olga? me fijé en que estaba haciendo mal un ejercicio y me acerqué a ayudarla. Miré a Olga. ── ¿de verdad, Olga? ¿por qué te daba vergüenza decirlo? -dije.- ── es que a ustedes los jóvenes siempre les parece que los mayores no valemos para esas cosas. Yo simplemente intento cuidar mi figura. Me reí. ── ¡por dios, Olga! no eres tan mayor y está muy bien que te cuides, se nota que haces ejercicio. Papá, deberías ir al gimnasio con Olga, no te vendrí

