Capítulo 17: ¿Boda?

1425 Palabras
Por supuesto que antes de dirigirme al comedor, tuve que hacer una parada en mi habitación para cambiarme de atuendo y limpiarme. No puedo creer que me haya corrido sin siquiera tocarme, ¿tan caliente estoy? No puedo dejar de pensar en ello, ¿cómo es posible que me haya corrido sólo por dar una mamada? Esto es humillante, aunque por suerte Derek no lo noto, o eso quiero pensar. Por supuesto que me puse un pantalón similar al anterior, no quería levantar sospechas, así que una vez estuve listo, me dirigí al comedor donde todos nos fuimos acomodando para cenar. Mi padre obviamente se mantenía en la cabecilla de la mesa, mientras que Derek se encontraba en el otro extremo, con su hijo a su lado, a mano izquierda. Normalmente me siento cerca de mi padre, pero esta vez me senté al lado de Derek, dejando a Martín frente a mí. Por supuesto que la mesa estaba completa, nos acompañaban mis hermanos y demás esposas de mi padre, lo que mantenía la mesa ocupada a un 100% Cuándo nos sirvieron, no pude evitar sonreír, el cocinero había conseguido hacer un trabajo extraordinario en un tiempo récord. Le pedí al mayordomo que le diera una recompensa monetaria por su trabajo, lo que obviamente consiguió la atención de mi fastidioso hermano mayor. –Es su trabajo, si le das dinero cada que hace algo bien, el reino se irá a la quiebra– me aseguraba. –Fue un pedido especial, hecho en un tiempo récord, además yo no me entrometo en los gastos que haces con tu dinero, entonces tú no te entrometas en los míos ¿bien? –le pedí amablemente, viendo cuan furioso estaba por mi respuesta. –Muchachos, compórtense– pidió mi padre, mientras mi madre estaba nerviosa por la opinión que tendría Derek de todo esto. –Papi ¿qué es esto? –me habló Martín, consiguiendo que todos lo miraran. Ellos no sabían que él se refería a mí de ese modo, lo que obviamente generaba confusión. Si bien Martín ha venido conmigo en tiempos anteriores, yo me aseguraba de que no se relacionaran para así poder regresar más pronto al castillo de Derek. –¿Papi? ¿Por qué te llama así? –preguntó mi madre confundida. –Porque es mi papá– respondió inocentemente Martín. –Cuándo él aún no hablaba, le enseñé a decirme "Papá" para molestar y presumirle a Derek que fui la primera palabra de Martín– expliqué– desde entonces me llama así. –Entiendo– comentó mi padre soltando una carcajada– es curioso pensar que ahora mismo el pequeño los ve a ambos como sus padres. –¿Crees que eso le guste a tu futura esposa? –preguntó una de las esposas de mi padre, consiguiendo que rápidamente Derek me mirara. –¿Futura esposa? ¿Te vas a casar? –me interrogó mientras yo evitaba sus ojos. –Ese es el plan– habló mi padre– casarlo con una bella chica, aunque aún no se ha decidido a cuál escogerá. –¿Ya las ha conocido? –preguntó, viendo a mi padre en busca de respuestas, sabiendo perfectamente que yo no se las daría. –Sí, estas últimas semanas ha salido con todas las pretendientes que elegimos para él– le respondió mi padre. –Ya veo– dijo en un tono inquietante, claramente estaba enfadado, pero disimulaba para que el resto no se diera cuenta. –Así funciona esto, ¿no? – dije viéndolo a los ojos– tarde o temprano debía pasar. –Sí, supongo– comentó viéndome directamente a los ojos. –Papá, no me quiero comer esto– me habló Martín haciéndome sonreír. –Está bien, pero no habrá postre– le advertí, a lo que rápidamente abrió sus pequeños ojos de par en par, viéndome con preocupación. –¿Cómo que no habrá postre? –me preguntó desconcertado. –Claro, es sólo para los que se comen las verduras– le aseguré. –Padre– le habló a Derek, manteniéndose estupefacto por la noticia. –Así son las reglas aquí, no les dan postre a los niños que no quieren sus verduras– me siguió el juego, mientras el resto nos miraba atentamente. –¿Por qué? –le preguntó a mi padre, haciéndolo reír, ya que parecía realmente asustado por la idea. –Si no te comes las verduras, no crecerás– le aseguró mi padre. –¿Papi no voy a crecer? –me preguntó aún más asustado. –Sí, te quedarás chiquito y si comes sólo postres, encogerás, llegando al punto de ser así de chiquito– dije mostrándole la pequeña cuchara de postres– y tu padre te va a pisar. –¡Padre! –le chilló completamente pálido– ¡no puedes pisarme! –No te voy a ver– le aseguró Derek, tratando de no reírse para sonar más creíble. –M-Mejor si me las voy a comer– dijo haciéndome reír por su inocencia. Mis padres, debido a la situación, comenzaron a comentar sobre el modo que usábamos para convencerlo de hacer algo que no deseaba, incluso añadieron que nos comportábamos como si fuésemos realmente sus padres. –Si hubieses nacido como chica, te habría casado con el rey Sherman– me aseguró mi padre, mientras yo me sentía realmente nervioso. –No digas tonterías...– pedí. –En términos económicos, es un buen plan– comentó Derek, alineándose con mi padre, aprovechándose de la situación, ya que obviamente le convenía. –Habría sido un acuerdo increíble– insistía mi padre– pero lastimosamente, no te puedes embarazar– añadió en un tono de regaño, viéndome incluso con enfado. –Eso no lo sabemos– comentó Derek, viéndome con una sonrisa juguetona– Deberíamos hacer el intento. –¡Ya basta! –chillé, haciéndolos reír. –Papá, ¿te vas a casar con mi padre? –preguntó Martín. –No– respondí rápidamente. –Quizás– respondió mi padre. –Es una posibilidad– añadió Derek. Yo miré a mi padre con enfado, viendo a través de sus ojos como parecía estar pensando seriamente en esta conversación, ¡esto es absurdo! Mi padre lo veía como un buen negocio, puesto a que, aun cuando la economía de Derek disminuyó a comparación de los años anteriores, sigue teniendo varios recursos importantes, además la economía está recuperándose, lo que obviamente significaría que la de mi padre también aumentaría en caso de un acuerdo de matrimonio. Los gobiernos se alinean, las riquezas se dividen por igual, lo que le permite a mi padre aumentar su economía, incluso la población. A comparación del reino de Derek, nuestras tierras son más pequeñas, en términos de seguridad, estamos por debajo de lo estándar. En caso de tener problemas con otro rey, es más fácil ganar una guerra cuando tienes el doble de soldados e incluso más. Entiendo el punto, los beneficios económicos son considerablemente altos, aunque no deseo casarme con Derek ¡me niego! No me voy a casar con alguien que ya tiene dos esposas y que para variar ya se ha casado 4 veces. Por suerte, la conversación acabó cuando de improvisto se abrieran las ventanas debido al fuerte viento que había. No había notado que había comenzado a llover, en el comedor no se podía oír que ocurría al exterior, por ello, Martín, tras oír un gran estruendo, corrió a mis brazos mientras me aseguraba que no le gustaban las tormentas. –Papi no quiero dormir solito– me decía aferrándose a mi cuello. –Está bien, no te pasará nada– le aseguraba con paciencia. –No me gusta como cruje el cielo– decía refiriéndose a los truenos– no quiero quedarme solito. –Está bien, compartiré mi habitación contigo– le aseguré, viendo como parecía un poco más aliviado, aunque no dejaba de mirar hacia la ventana. Los sirvientes rápidamente la cerraron, aunque Martín no le quita la vista de encima. Derek me miró directamente a los ojos, entendí lo que deseaba decirme con aquella peculiar mirada, sin embargo, evité sus ojos, casi fingiendo que no recordaba mi promesa. Gracias a Martín, podré evitar aquella indecente propuesta que hablamos anteriormente en el cuarto de baño, además por suerte dejaron de hablar sobre matrimonio, lo que me hacía valorar muchísimo más la compañía de Martín. Él es como mi salvación divina, supongo que debo comprarle un regalo como agradecimiento por todo lo que me ha ayudado sin darse cuenta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR