Leer que ellos venían en camino me hizo correr a toda velocidad hasta la zona principal del castillo, donde le pedí a los sirvientes que prepararan todo para su llegada, incluso que les avisaran a mis padres para que pusieran dos puestos extras en la mesa.
Es tarde, anunciarle al cocinero que tendremos dos invitados inesperados, obviamente lo hizo tirarse de las greñas, mientras en el proceso completamente estresado decía "No podre, me cortarán la cabeza, no alcanzo, ¡es absolutamente imposible que logre tener la cena para todos!"
Fue gracioso verlo en ese estado, yo fui quién le anunció lo ocurrido, así que una vez me alejé de la cocina, pensé en salir a encontrarlos a la entrada principal de la ciudad, sin embargo, mi madre me mandó a llamar.
Ella estaba como loca, parecía nerviosa y no dejaba de repetir "No podemos recibir al rey luciendo tan mal" a lo que, mientras sus sirvientas la ayudaban a vestirse, me exigía cambiarme de atuendo.
Yo vestía normal, no usaba una exagerada vestimenta, sino que me encontraba con una camisa de color blanco y unos pantalones del mismo color.
Como ella estaba loca por lucir bien, tuve que correr hasta mi habitación, ponerme un blazer con costosos adornos y las demás cosas que lo acompañaban, ya sea guantes y corona.
El blazer era de color azul, puesto a que, combinaba perfectamente con mis pantalones blancos, o al menos daba un contraste elegante.
Ya para cuando me acerqué con apresurados pasos a la zona principal, Derek y Martín ya había llegados. Me los topé justo en la puerta donde los guardias me abrían para dejarme salir en su búsqueda.
–¡Papi! –chilló Martín soltando la mano de su padre para correr a mis brazos.
Yo inmediatamente me puse de su tamaño y le di un fuerte abrazo mientras él me aseguraba que me había extrañado.
–¡Estás tan grande! –dije llenándolo de besos– mi pequeño príncipe crece demasiado rápido.
–¡Crecí 6 centímetros!– decía con felicidad y emoción– ya soy un niño más grande.
–Si sigues así, me alcanzarás– le dije mientras podía ver sus ojitos brillar por la idea de medir lo mismo que yo.
–¡Majestad! –oí chillar a mi madre– ¿Qué hace aquí de pie? Harry, debiste invitarlo a pasar, ¡él debe estar cansado!
–Supongo que querrás acomodarte antes de cenar, te llevaré a tu habitación– le anuncié mientras cargaba a Martín en mis brazos.
Él me contaba con felicidad sobre las cosas que había hecho en mi ausencia, lucia tan feliz que no podía evitar sonreír mientras me contaba sobre sus travesuras.
Los sirvientes traían las cosas de ambos, así que les enseñé su habitación para que pudieran acomodarse. Los cuartos se mantenían unidos por una puerta, como aquella que nos ofreció su hermano en su cumpleaños, aunque la cama de Martín era más pequeña.
Yo sabía que Derek querría darse un baño y cambiarse de vestimenta antes de cenar, por ello, lo avisé donde estaban las cosas que necesitaría, mientras una sirviente salía del cuarto de baño, anunciando que la bañera estaba lista.
–A ti te bañaré en tu nueva habitación– le anuncié a Martín.
–¡Quiero bañarme con papá! –pidió.
–En ese caso...– titubeé– tú lo ayudas, ¿verdad?
–Mi padre no sabe hacerlo, ¡me entrará jabón en los ojos! –decía Martín tomándome de la mano mientras me arrastraba al baño– báñame tú.
Yo sé que todos somos hombres, no debería generar un problema, de hecho, Derek no parecía incómodo, sino que mientras yo ayudaba a Martín a quitarse la ropa, él se desnudaba a mi espalda, antes de meterse a la bañera donde había bastante espuma.
Ambos caían perfectamente debido al tamaño de la tina, de hecho, hasta sobraba espacio y como no quería ver directamente a Derek, puse a Martín en la esquina contraria de donde se encontraba, además de este modo Martín podía hacer salpicar el agua como tanto le gusta sin tener que molestar a su padre.
–Papi, te extrañé mucho, ¿tú también nos extrañabas?
–Por supuesto– dije acariciando su pequeña mejilla.
–Pero a quién extrañaste más, ¿a mi papá o a mí?
–A...– logré decir antes de que Martín me susurrara "Di que a mi papá" a lo que pregunté la razón de su insistencia.
Resulta que hicieron una apuesta, Derek le dijo que le mandaría a construir una casa en el árbol si yo decía que lo había extrañado a él. Sé que lo dijo para no construirla, puesto a que, si yo decía que había extrañado más a Martín, él no recibiría nada.
–A tu padre– respondí viéndolo, quién rápidamente sonrió, negando con la cabeza.
–Papi, a mi papá no le diste un besito al llegar.
–Ahora que lo mencionas...– comentó Derek, expandiendo su sonrisa.
–Pero...– traté de explicar, sin embargo, Martín comenzó a decir que, si lo extrañaba, debía darle un beso también.
Para complacerlo me acerqué a su padre, deseaba darle un beso en la mejilla, sin embargo, Derek giró su rostro para robarme un beso en los labios.
Yo de forma casi inmediata le tapé los ojos a Martín, mientras Derek aprovechaba para deslizar su lengua dentro de mi boca, poniéndome nervioso al instante.
El beso se sentía bien, quería acercarme incluso más, mientras disfrutaba de aquella prohibida caricia, sin embargo, cuándo cortamos el beso, fingí estar molesto y le pedí que no lo repitiera.
Terminé de bañar a Martín poco después, pero por alguna razón, Martín estaba siendo demasiado insistente a la hora de repetir lo mismo con su padre.
Si a él lo abrazaba, también debía abrazar a Derek, si a él le daba un beso, también debía dárselo a Derek, por tanto, si a él lo bañaba, también debía ayudar a Derek.
Intenté poner resistencia, aunque terminé deslizando mis manos por sus brazos desnudos, mientras él se acomodaba en la bañera, esperando a que continuara.
¡Él ya estaba listo! Mientras ayudaba a Martín, él obviamente se bañaba, sin embargo, disfrutaba que tuviese que atenderlo.
–Me vestiré solito– anunció Martín, caminando hacia la habitación mientras me dejaba a solas con Derek.
–No deberías seguirle el juego– le dije alejando mis manos de su cuerpo.
–Aún no terminas– me dijo con diversión, tomando mi mano para deslizarla por su pecho e ir bajando peligrosamente hasta su entrepierna.
–Derek– traté de detenerlo, pero él guiaba el movimiento de mi mano, haciéndome sentir como pronto se ponía duro.
Debo confesar que me gustaba tocarlo, pensé que no sería capaz de ponerse así de duro sin los efectos del alcohol, aunque los besos subidos de tono no estaban en mis planes.
Me prometí que no me dejaría llevar por alguien que claramente busca un amante, pero ahora mismo, mi mano se agita con velocidad, creando cierto chapoteo en el agua mientras su boca domina la mía.
Quiero más... me estoy calentando y sé que no está bien, pero ahora que estamos a solas en el cuarto de baño, no puedo evitar pensar en que quiero meterme con él en la bañera.
–aah...–suspiró sobre mi boca, estremeciéndose en el proceso– entra conmigo...
–No haré eso– respondí rápidamente.
–Pero quiero tocarte...– me aseguró, mientras que yo me apresuraba para que se corriera.
Quería que lo hiciera, por un momento pensé en que deseaba borrar las huellas de sus esposas, sin embargo, cuando se puso de pie, alejándose de mí, mis pensamientos se centraron.
No estaba bien, además sería sospechoso que me encerrara en el baño junto al rey, quien tras notar que pensaba escapar, me acorralo contra la puerta de salida.
–Déjame follarte...– pidió besando mi cuello en el proceso.
–No voy a...– logré decir, mientras él colaba sus manos dentro de mi pantalón, tocando mi trasero descaradamente.
–Seré rápido...– murmuró.
–Sí, y meterás sólo la puntita ¿no te jode? –dije haciéndolo reír– no voy a caer en esos trucos.
–Entonces déjame probar tu boca...– susurró en mi oído.
–No... yo no...– dije mirando su entrepierna, mientras al mismo tiempo, deseaba hacerlo.
Derek me fue inclinando hacia abajo, ejerciendo presión sobre mis hombros, dejándome de rodillas en el suelo, donde sostuvo su erecto pene y lo acercaba a mis labios.
Yo lo miré hacia arriba, él estaba sonriendo, sabiendo perfectamente que lo aceptaría y sí, lo hice, metí una gran parte de su pene en mi boca mientras lo miraba.
Él se estremecía, mientras yo ponía en práctica todos mis conocimientos.
Debido a que acaba de salir de la bañera, su sabor se mezcla con el jabón y aceite de baño. Era extraño, aunque entre más chupaba, el verdadero sabor aparecía y lo peor es que me gustaba.
Era agridulce, Derek se aferró a mi cabello mientras ahogaba los gemidos y suspiros que salían de su boca, mientras que, por mi parte, trataba de no ponerme duro.
–mmmh... –gimió moviendo su pelvis, embistiendo mi boca de forma leve.
No era un problema, aunque cuándo lo hizo con más fuerza sentía que me ahogaría. Lágrimas que no eran precisamente de tristeza salieron de mis ojos, mientras me aferraba a su erección y dejaba que embistiera mi boca.
Él se corrió acompañado de un ronco y seductor gemido que estremeció mi cuerpo, además de paso dejó mi boca cubierta con su semen mientras él quitaba su pene, viéndome atentamente.
Esto no me resultaba vergonzoso, pero el hecho de sentir mi ropa interior mojada debido a mi corrida, hacía que mis mejillas se sintieran muy calientes.
¡Me corrí sin siquiera tocarme! Esto es denigrante...
–Realmente te extrañé...–susurró con la respiración agitada, mientras yo me levantaba del suelo y limpiaba mi boca.
Poco después intenté pasar por su lado e irme, aunque él me tomó del brazo y me besó, apegándome contra la pared.
–Ven a mi habitación más tarde...– susurró sobre mis labios– quiero terminar con lo que acabamos de empezar.
–Lo pensaré– dije tratando de alejarme.
–Harry– me detuvo.
–Derek, debemos salir, es sospechoso que tardemos tanto...–dije nervioso, quiero correr a mi habitación y limpiarme, ¡realmente estoy muy avergonzado por esto!
–Promete que vendrás y te dejaré ir– me propuso.
–Está bien, lo prometo, pero ahora...
–Un beso más y ya...–susurró deslizando su mano por mi mejilla, dándome un espectacular beso que me hacía creer que llegaríamos hasta el final en ese precio instante.
Mierda... estar con él se siente muy bien...