Al momento en el que la cena acabó, todos nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones, o al menos la mayoría lo hizo, puesto a que yo tenía que compartir la cama con Martín.
Él estaba nervioso debido a la lluvia, así que opté por acostarlo en la cama que en un principio dispuse para él, donde lo arrope y me mantuve recostado a su lado, esperando a que se durmiera.
Antes de meterlo a la cama, obviamente lo ayudé a que se pusiera su pijama, incluso a que lavara sus dientes, sólo que me tomó mucho tiempo hacerlo dormir.
Yo aún debía marcharme a mi habitación, necesitaba alistarme para dormir, así que con tranquilidad preparé todo lo necesario y regresé con una bata envolviendo mi cuerpo.
Bajo esta prenda llevaba puesta mi pijama, así que, tras entrar en la habitación, pude ver a Derek sentado sobre la cama, con el pecho descubierto y bastante inquieto.
–Buenas noches– le dije queriendo dirigirme a la habitación de Martín, aunque rápidamente él se me acercó y me cargó como un costal de papas para terminar arrojándome en su cama.
–Prometiste que pasarías la noche conmigo– me recordó.
–Lo sé, pero a Martín no le gustan las tormentas.
–Ahora está dormido, no se dará cuenta...– susurró acercándose peligrosamente a mis labios.
Nosotros nos comenzamos a besar, incluso él se acomodó entre mis piernas, queriendo quitarme la bata que cubría mi pijama, lo que logró sin mayor dificultad.
Yo deslicé mis dedos por su espalda, pensando en que debía cumplir con mi promesa, sin embargo, cuándo él comenzó a frotarse contra mi entrepierna, oímos la puerta abriéndose.
–¡Papá! –chilló Martín, así que rápidamente empujé a Derek para que no se diera cuenta de lo que hacíamos– dijiste que dormiríamos juntos.
–Sí, sólo me fui a poner pijama– dije mientras Martín se subía a la cama.
–¿Puedo dormir aquí? –preguntó.
–No– le respondió Derek.
–Sí– le respondí, ayudándolo a que se recostara en la orilla de la cama, mientras yo me ponía por detrás, abrazándolo cariñosamente.
Podía oír la lluvia golpear con fuerza en el cristal de la ventana, así que era mejor simplemente cuidarlo hasta que se durmiera.
Derek soltó un bufido, poniéndose por detrás de mí, abrazándonos a ambos.
–Buenas noches– dijo Martín.
–Buenas noches– respondimos.
Él se durmió unos 10 minutos después, lo que motivó a Derek a besar mi cuello.
–Derek– susurré en un tono de regaño.
–Shhh– dijo alejándose un poco, para alejarnos de Martín.
Estábamos en la misma cama, aunque había dos almohadas suplantando nuestra anterior cercanía. La cama es grande, caemos sin problemas y hasta sobra espacio, pero Derek se mantenía realmente muy apegado a mi cuerpo.
–Ya basta, ¡se despertará! –continué diciendo en un tono bajito.
–Si dejas de hablar, entonces no lo hará...– me aseguró bajando mi pantalón de pijama.
–Yo no...– traté de oponerme, pero Derek también bajó su pantalón y apego su pene contra mi trasero.
Cielos, no quiero hacerlo en la misma cama que Martín, pero es inevitable sentirme caliente.
–¿Podemos hacerlo mañana? –pregunté como solución.
–Mañana buscarás otra excusa– me aseguraba, mientras yo me giraba para verlo a los ojos.
–No, no lo haré– trataba de convencerlo.
–Joder...– soltó mirándome a los ojos– está bien, pero mañana te lo haré aun si Martín está con nosotros.
–Si tan caliente te sientes, deberías haber traído a una de tus esposas– comenté con disgusto.
–Hablando de esposas, ¿por qué no me dijiste que venías para buscar esposa? Pensé que se trataba de algo más urgente.
–No vine para eso, lo de las esposas surgió después– comenté.
–¿Realmente te vas a casar? –preguntó deslizando su mano por mi mejilla.
–Sí– respondí, aun cuando no estaba seguro sobre ello.
–Entonces, si quieres casarte, ¿por qué no lo haces conmigo?
–No soy como Tyler, Derek–le dije con enfado– yo no voy a conformarme con lo mismo.
–¿Con lo mismo? –preguntó extrañado.
–Con ser una de tus tantas esposas– respondí– tu atención debe ser únicamente para mí, no pienso compartir el título de "mi esposo" y definitivamente, no compartiré tu cuerpo con alguien más.
–Y si...
–Además, prefiero evitar suegras problemáticas– lo interrumpí, algo que lo hizo reír.
–No te cases...– me pidió trepándose sobre mi cuerpo, acomodándose entremedio de mis piernas.
–No prometo nada– le aseguré.
–Hablaré con tu padre– me dijo acercándose a mi oído– y seguramente conseguiré que no lo hagas.
–Ni te atrevas– le dije mientras que él comenzaba a rozar nuestras entrepiernas.
–Cambié de opinión...– murmuró– no voy a esperar a mañana.
–Ya no estoy de ánimos– dije quitándolo de encima, consiguiendo de paso despertar a Martín, quién fue despertado debido al golpe que se dio Derek tras caer de la cama.
Fue imposible detener la carcajada que se escapó de mis labios, no pensé que se caería de la cama, creí que había más espacio, sin embargo, tras verlo con un semblante serio, mis carcajadas se hicieron más fuertes.
–¿Estás bien? –le preguntó Martín, acercándose a la orilla para ver a su padre.
–No, tu papá me empujó– le respondió levantándose con pesadez.
–Papá, pudo haberse lastimado– me decía Martín con enfado– no te rías, no es gracioso.
–Lo siento, no quería reírme...– dije tratando de no hacerlo.
–Ay que dolor...– soltó Derek recostándose en la cama como si estuviese agonizando.
–¿Ves? No es gracioso– me continuaba diciendo.
Martín se acomodó en la cama, quedando en medio de ambos y acariciaba el cabello de su padre, diciéndole "Con un besito sanará más rápido" para seguido darle un beso en la frente.
–¿Ya no duele? –le preguntó inocentemente.
–No, pero falta otro de parte de tu papá– le aseguraba.
–No te lo daré– dije acomodándome en la cama.
–Papá, debes disculparte– me decía Martín.
Yo fingí que me había dormido, incluso fingí roncar, sabiendo que la inocencia de Martín le haría creer que yo me había dormido así de rápido.
Por supuesto que lo conseguí, ya que dijo "Se durmió" y hasta trató de despertarme, sin embargo, poco después simplemente se acomodó y permaneció en medio de ambos, cuidando que no peleáramos.
A la mañana siguiente, fui el primero en levantarme y como aquí no tenía ropa para cambiarme, me dirigí a mi habitación donde me alisté para comenzar con un nuevo día.
Mi padre me pidió resolver unos inconvenientes con unos mercaderes, por tanto, salí del castillo y regresé al mediodía, donde ya todos estaban despiertos.
Como seguía lloviendo, no podíamos divertirnos fuera, aunque con otros juegos conseguí que Martín olvidara que durante la noche empujé a su padre.
Lo curioso es que recibí una visita que mantenía a Derek muy pendiente de mí, puesto a que era la hija del duque quién acompañaba a su padre.
Mi madre buscaba la forma de dejarnos a solas, pero Derek fingía no darse cuenta de las indirectas de mi madre, quién trataba de dejarnos a solas para conocernos un poco más.
Ya había cenado con ella, es una chica agradable e inteligente, por ello, como la última vez fue agradable estar con ella, no busqué la forma de alejarla.
–Estoy leyendo el libro que mencionó durante la última cena– comentó un poco incómoda por la presencia de Derek.
–¿Y qué tal?
–Hasta ahora va bien, de hecho, tengo muchas ganas de saber cuál es el secreto del que tanto habla el protagonista y enormes deseos de que se case con la cocinera – comentó haciéndome reír.
–Le dije que no era una historia romántica– le recordé.
–Pero tienen química– me aseguraba con una sonrisa.
–¿De qué libro hablan? –preguntó Derek, por lo mismo, respondí sin esperar que él lo conociera– ¿hablan del libro donde el protagonista es contratado por una princesa para asesinar a una cocinera que guarda peligrosos secretos sobre ella? –preguntó mientras la hija del duque lo miraba con sorpresa y yo no sabía qué decir.
–Sólo voy en el segundo capítulo, aún no sabía todo eso…–susurró con cierta tristeza.
–Bueno, al menos no te dije que el protagonista termina casándose con la cocinera y que en plena noche de bodas, este le corta la garganta sin misericordia alguna, cumpliendo así la petición de la princesa, quien resulta ser su amante y el secreto del que tanto habla en los primeros capítulos es justamente ese, que sale con una princesa y para rematar, para no dejar testigos, la princesa lo manda a asesinar también– agregó mientras sonría satisfactoriamente.
–Pero…– trató de quejarse la muchacha.
–Hija– nos interrumpió su padre– ya he terminado, podemos regresar a casa.
–Está bien– dijo levantándose del sofá con bastante tristeza por haber escuchado el final de la historia.
–Quizás a la próxima podamos salir a pasear– le sugerí, mientras la sonrisa de Derek se desvanecía.
–Me encantaría– me respondió con una gran sonrisa, casi recuperando la alegría que tenía al llegar.
Yo esperé pacientemente a que se fuera para mirar con enfado a Derek.
–¡Eres un tonto! –dije lanzándose un cojín del sofá.
–No es tan bonita– me aseguraba, acercándose para sentarse a mi lado.
–Eso no es verdad, es una muchacha joven y bella, seguramente le quedaría muy bien la corona de reina– le dije, viendo como me miraba con disgusto.
–Deberíamos regresar a mi castillo, ya no tienes nada que hacer aquí– me aseguraba.
–Entonces adelántate, me quedaré unos días más.
–No puedo, Martín no querrá irse si no vienes con nosotros– me aseguraba.
–Llevas un día, ¿por qué quieres regresar? Además, todavía tengo cosas que hacer aquí.
–¿Cómo qué? ¿Buscar esposa? –preguntaba claramente celoso.
–Sí– respondí con una clara mentira, pero disfrutaba ver su rostro enfadado.
–Ahora que lo mencionas, tengo una conversación pendiente con tu padre– me dijo, tratando de hacerme recordar que buscaba convencer a mi padre para que me casara con él.
–No te atrevas– lo desafié
–¿Desde cuándo un rey le obedece a un príncipe? –me preguntó con diversión.
–Muy bien, hazlo– le dije viéndolo directamente a los ojos– pero te haré pagar las consecuencias.
–Sí, claro– dijo queriendo marcharse.
–El que advierte no es traidor– le avisé, viendo como salía del salón para buscar a mi padre.