Quedarnos en la cama desnudos bajo las sábanas luego de una apasionada ronda de placer es algo que me encanta. Ya no hay lujuria, simplemente nos acariciamos dulcemente compartiendo el calor de nuestros cuerpos extasiados.
La cama siempre termina hecha un desastre, las sábanas se salen de su sitio y debido a lo desordenado que ha quedado todo, estas únicamente cubren nuestras piernas, obligándome de cierto modo a pegar mi cuerpo contra el suyo, tratando de ocultar mi desnudez.
Derek acariciaba mi brazo derecho mientras permanece recostado boca arriba. Por mi parte, me mantengo de lado, utilizando su pecho como almohada y a su vez acaricio su pecho con mis dedos, creando pequeños círculos que me permiten sentir la suavidad de su piel.
Ninguno de los dos estaba hablando, nos manteníamos cansados y hasta podría decir qué somnolientos, sin embargo, sabíamos que debíamos levantarnos antes de que Martín y mis padres regresaran.
Ojalá el tiempo se detuviera ahora mismo, no me quiero mover, el calor de su cuerpo desnudo es lo único que en estos momentos me daba paz, logrando al mismo tiempo que sintiera mis ojos cansados y con enormes ganas de dormir.
El sexo es bueno, pero lo que viene después de esto es lo tedioso. Sé que debo darme un baño, incluso soy consciente de que tendré que sacar su corrida, aunque ahora mismo, no tengo ganas ni de pensar.
–Todo es tu culpa– me quejé cortando el silencio, casi recolectando energías para levantarme, aunque sólo conseguí moverme de su pecho a su brazo, dónde él pronto buscó mi mirada.
–¿El qué? –preguntó con una sonrisa.
–Que esté cansado– respondí– si no fuera por ti, estaría en mi habitación, esperando a que Martín llegue con las suficientes energías como para querer cenar.
–Pero se sintió bien…– comentó ampliando su sonrisa.
–No dije lo contrario– confirmé copiando la sonrisa que tenían sus labios, donde él, debido a la cercanía, aprovechó para darme un dulce beso– quiero dormir... –confesé– esta es la mejor parte justamente porque puedo descansar, pero por tu culpa no podré hacerlo.
–No es una de mis favoritas– confesó viéndome a los ojos– normalmente esta parte me resulta aburrida.
–Supongo que eres la clase de sujetos que prefiere irse luego del sexo– comenté con disgusto.
–Sí, pero contigo se siente bien– me trataba de asegurar, pero obviamente no le creí.
–¿Qué hay de tus esposas...?
–Con ellas es muy aburrido, no dejan de hablar de maquillaje, joyas y nuevos vestuarios– me respondió antes de que pudiera terminar mi pregunta.
–¿Por qué aún no han salido embarazadas? –pregunté queriendo descubrir discretamente qué estaba haciendo en su despacho aquella vez que me fui.
–Es mejor así– me aseguraba.
–¿El día que me fui de tu reino, estabas con una de tus esposas? –pregunté directamente.
–No lo sé, supongo que sí –respondió despreocupado.
–¿Cómo que "supones"? –pregunté frunciendo el ceño, sin comprender la situación.
–No sé a qué hora te fuiste– respondió– sólo sé que fui informado por un guardia.
–Planeaba avisarte directamente, pero me informaron que estabas en tu despacho con una de tus esposas.
–Entonces dejaste el recado más temprano de lo que pensé– murmuró despreocupado.
No sabía cómo preguntar, sé que no podía decirlo directamente, sería sospechoso si le digo: Derek ¿Estabas teniendo sexo en tu despacho el día que regresé?
Él podría deducir que gracias a eso luego no quería verlo, lo que podría llegar a demostrarle que estaba celoso en ese momento en el que nos vimos.
Pensé que estos agobiantes sentimientos ya no formarían parte de mis pensamientos, cuando me casé con Johan no pensaba en estas cosas, de hecho, por mi mente pasaban sólo dos temas que en ese momento consideraba importantes: Sexo y escapar de la presión generada por mis padres, sin embargo, el estar con Derek genera pensamientos mucho más problemáticos que me agobian muchísimo.
De cierto modo, ahora entiendo a Tyler, él muchas veces tuvo que pasar por situaciones como estas donde simplemente aguantaba sus celos para no causar problemas, además él no quería alejarse de Derek, mientras que yo lo pienso constantemente.
Me gusta esto, pero no me puedo conformar con ser uno más del montón ¡Soy un príncipe! Estar a la misma altura que esas desagradables y codiciosas esposas, es sin duda impensable e incluso humillante.
Por lo que sé, ellas en el pasado eran ciudadanas normales, sin riquezas ni títulos, tampoco pertenecían a una familia de clase, sino que se trataban de mujeres ordinarias que trabajaban como cualquier otra persona, sin embargo, tuvieron la suerte de estar en el lugar y a la hora correcta como para cruzarse con el inmaduro, terco, mujeriego y desagradable rey que actualmente me logra confundir.
Derek sólo actuó por impulso, es bien sabido que los reyes tienden a tener una debilidad por las chicas bonitas que parecen inocentes, además si a eso le agregamos un buen escote, por supuesto que incrementa las posibilidades de una boda.
No las amaba, ni siquiera lo hace actualmente, de hecho, si no fuera por la calentura que tuvo hace unos años, él ahora mismo no estaría casado con ellas.
–¡Ag... eres un tonto! –dije empujándolo con enfado, recuperando mágicamente mis energías.
–¿Y ahora qué hice? –preguntó desconcertado, mientras yo me vestía lo más rápido posible– Harry, dime qué...
–No quiero verte, adiós– me despedí saliendo de la habitación con enfado.
Si él no hubiese estado de calenturiento, nada de esto estaría pasando, de hecho, ni siquiera existe la posibilidad de que hubiésemos estado juntos.
Tyler estaría vivo, nosotros no nos hubiésemos conocido, ni tampoco hubiésemos sido amigo, puesto a que, si sus otras esposas no hubiesen existido, asumo que su relación hubiese sido diferente, o al menos eso me gustaría creer.
Igualmente, ya no puedo hacer nada al respecto, aunque me agobia sentirme de este modo.
¡Es estresante! Por un lado, quiero ser más cercano a Derek, incluso tener momentos románticos como aquella cita que tuvimos hace unas semanas, también quiero tener momentos poco éticos donde los gemidos sobresalen dentro de la habitación, estos últimos sin duda son mis favoritos, de sólo pensarlo mis labios crean inmediatamente una sonrisa, pero no está bien…
No sé en qué momento aquella rivalidad que teníamos se convirtió en esto, nosotros no deberíamos mirarnos de este modo y me siento culpable cuando pienso en lo que diría Tyler si me viera ahora.
Él lo amaba, lo amaba tanto que muchas veces lloraba y ocultaba su lamento sólo para permanecer a su lado y ahora yo...
Estoy traicionando su confianza…
Sé que está muerto, no existe nada que pueda hacer para revivirlo, si existiese un modo de salvarlo o retroceder el tiempo, no cabe duda de que lo haría, quizás por culpa o para evitar estos desastrosos sentimientos que golpean mi pecho cada que pienso en su esposo.
Además, también está el hecho de que tiene esposas, ¡yo no debería sentirme celoso de ellas! No tengo el derecho...
–Demonios...– dije acercándome a mi cuarto de baño para de una vez por todas bañarme y dormir.
Quería dejar de pensar, todo lo relacionado con Derek logra hacerme sentir un nudo en el vientre, así que luego de bañarme me dormí.
Ya al siguiente día me topé con Derek en los pasillos, mientras Martín le hablaba sobre lo mucho que se había divertido con sus "abuelitos" o al menos eso hacía antes de verme y chillar con alegría, consiguiendo de paso que Derek se diera cuenta de mi presencia.
–¡Estar aquí me gusta mucho! –me aseguraba Martín.
–Entonces nos quedaremos para siempre– dije bromeando, mientras lo cargaba en mis brazos.
–Ni lo sueñes–habló Derek rápidamente– desde que llegamos, todo se ha complicado.
–¿El qué? –pregunté, creyendo que había ocurrido algo malo en su reino.
–¡Lo que teníamos! –respondió con frustración– o al menos lo que buscaba tener…–susurró.
–Pero fue en tu reino donde comenzó todo el problema– le dije con disgusto, mientras Martín nos miraba en silencio, sin comprender por qué estábamos enfadados.
–Lo sabía ¡Estabas enfadado! –me dijo mientras yo desviaba la mirada, recordando que no debía hablarle sobre ello– dime qué ocurrió y lo solucionaré.
–No– respondí– en realidad, no quiero solucionarlo– añadí– lo estuve pensando y estamos mejor distanciados.
–Martín– le habló quitándomelo de los brazos– ve a jugar, tu papá y yo debemos hablar.
–Sí...– dijo con incomodidad, alejándose de inmediato.
–Nosotros no...– traté de decir, pero él me tomó de la mano y me obligó a entrar en una habitación cercana.
Entramos a una habitación de invitados, no estaba adaptada para recibir a nadie, puesto a que la cama no tenía sábanas y en temas de decoración, estaba vacío. Sólo había muebles y floreros sin flores.
Derek me apoyó contra la puerta, viéndome directamente a los ojos, demostrando abiertamente su desagrado con respecto a mis palabras.
No desvíe la mirada, no planeaba intimidarme por la cercanía y su atenta mirada, más bien lo miré sin expresión, esperando a que esto terminara pronto.
–Dilo– me exigió– ¿por qué quieres alejarme?
–No funcionaría– le aseguré.
–Entonces, me quieres alejar porque, ¿crees que no funcionará? –preguntó aún más desconcertado.
–No, es una afirmación– le aseguré– puedo intentarlo, pero sé que no funcionará.
–¡¿Por qué?! –me preguntó con impaciencia– no te entiendo, ¿por qué no funcionará?
–Somos diferentes...
–No me vengas con esa estupidez– me interrumpió.
–Derek, hace unos años las cosas eran muy diferentes, ¿por qué simplemente no...?
–¿Es por Tyler? –preguntó– ¿Me alejas por él? –continuó preguntando mientras fruncía el ceño.
–Y otros factores...–murmuré.
–Él murió, Harry –me recordó– comprendería si me dijeras que no sientes nada, pero sé que eso sería mentira– me aseguró, deslizando su mano por mi mejilla– me gustas y no creo que a él le importe si estoy contigo o no.
–Pero...
–En serio quiero estar contigo...– murmuró acercándose a mis labios– me gustas muchísimo... –añadió rozando sus labios con los míos, casi seduciéndome.
Él no estaba cortando la distancia, sus labios se rozaban levemente con los míos creando una sofocante tensión, donde él estaba esperando a que respondiera a sus palabras a través de un beso, uno que deseaba darle, pero…
No quería dejarme llevar…
Deseaba mantenerme firme frente a su seducción, no me podía dejar llevar por su calidez, no podía cortar la distancia a pesar de estar cerca… muy cerca de sus labios…
Su cálida respiración chocaba con la mía, incluso en leves instantes entreabría sus labios, casi como si me fuese a besar, pero segundos después se alejaba para mantener la tensión entre nosotros.
Lo mismo pasaba conmigo, me acercaba casi inconscientemente y hasta separaba un poco mis labios, buscando hacerlos encajar con los suyos, no obstante, alejaba mi rostro un poco cuando me daba cuenta de lo que estaba por hacer.
¡Debo sucumbir a la tentación! Pase lo que pase, no puedo besarlo o será dará cuenta de que me está enamorando...