*Natanael*
Al regresar a la habitación con una bandeja con flores y todo ella ya no estaba.
Agatha SonofHeaven De LaCurt Bleer Luchestember.
Primera Hija del Dios Creador.
Antigua heredera de los Vampiros y los Lobos.
Una belleza de metro ochenta y seis, curvas perfectas, un trasero generoso y pechos llenos.
El pelo n***o como la noche y los ojos azules como el mar del caribe, con motas violetas y rojas.
Un remolino de colores formaban el par de iris perfectos.
Pasar la noche con ella había sido una fantasía cumplida, pero entendía porque se había ido sin decir adiós.
Agatha perdió su otra mitad.
Fue asesinado en su propia boda por un grupo de Vampiros.
No solo perdió a su compañero destinado, sino también a su pequeño cachorro no nato.
Fue en ese momento en que le juró lealtad al Dios Creador.
Convirtiéndose en la Primer Hija sin haber pasado ninguna prueba extra.
—¿Nat estás en casa?—gritó Rebecca desde la entrada.
Fui hasta ella y la vi con una docena de libros entre sus brazos.
La ayudé con ellos y los pusimos en la sala.
—Hueles bien—dijo olfateando a mi y al aire a mi alrededor.
¿De verdad olía bien?
Antes de convertirme en el Sexto Hijo del Dios Creador era uno de los Seres prisioneros en el amuleto de sangre.
Al igual que Agatha yo tomé el puesto sin haber completado una prueba.
—Al parecer tu olfato te está jugando una mala pasada—dije intentando no que note mi nerviosismo.
—Es eso o hubo una mujer aquí—dijo Rebecca sin dejar de oler el aire.
—Si la hubo y no, no quiero responder preguntas—dije cerrando el tema.
Aunque sabía que era inutil.
—Por fin, ya era hora de que complacieras a una mujer—dijo ella dándome un pequeño empujón.
¿La complaci?
Dioses y si no lo hice.
Y si por eso ella se fue sin decir nada.
No fui un buen amante.
Dioses.
—¿Por qué estos libros?—pregunte para cambiar de tema.
Esperaba que ella no note mi pobre desempeño en la cama.
—Me dijistes que querias saber más sobre Ches, aqui esta todo—dijo ella señalando los trece tomos que trajo.
¿Trece?
—¿Aquí hablan sobre Ches? ¿Franchesca Bleer Luchestember?—pregunte mirándola.
Ella asintió.
¿Cómo es posible que muera a los veintiséis años y tenga trece libros?
—¿Leiste alguno?—pregunte mirándola a los ojos.
Ella negó.
—Aquí el que disfruta de la lectura eres tú—dijo con rapidez.
—Bueno gracias por ese halago, ahora quiero leer—dije señalando la puerta.
Ella hizo un mohín y se fue.
Rebecca era una buena amiga.
La Decimo Primer Hija del Dios Creador se había convertido en una buena fuente de charlas sin sentido y buenos tiempos.
Ella era una Sirena antes de jurarle lealtad al Dios Creador, igual que yo estaba encerrada en el amuleto.
Su nombre era mucho más largo y difícil de pronunciar, así que lo acortamos y quedó Rebecca.
Todos en los Cielos la llamaban así.
Cuando me quedé solo, mi cabeza empezó a funcionar al cien por ciento.
Demasiadas preguntas, pocas respuestas.
Tenía que empezar a estudiar ya.
Pasaron las horas y pasaron los días, Rebecca me trajo más libros.
Ashmela, la compañera destinada de Ches era un Ser mucho más antiguo que ella, tenía un papel principal en la guerra del amuleto de sangre y fue liberada de él uniendola con la Corona Luchestember, un objeto que no solo era decorativo, representativo o cercano a una corona para lucir bonita en una fiesta.
Pero eso no era lo que quería saber sobre ella.
Llamaba mucho mi atención el salto temporal en sus dos líneas de vida.
Explicaré mejor para la clase.
En la biblioteca de los Cielos se guardan tomos donde están escritas las vidas de los mortales.
Por insignificantes que sean, todos tienen un libro con su nombre.
Decidí buscar las fechas en concreto y tampoco encontré nada.
En toda la Familia Real de Todas las Razas había un espacio de tiempo vacío.
Y esto ya había comenzado.
La visita de Agatha a la casa del lago y la noticia de que Ches moriría dando a luz a Eros era lo último que se registraba.
—¿Por qué buscas información sobre la Familia Real de Todas las Razas?—preguntó repentinamente Agatha.
Estaba en la biblioteca leyendo un nuevo tomo.
Uno que hablaba sobre su primo.
Xander.
—Yo ya te dije, soy su biógrafo no oficial—dije cerrando el tomo.
Uno que comenzaba a los siete años de vida y no al momento de su concepción como era costumbre.
—Biógrafo no oficial, podrías decirme porque Reichel Luchestember confía en que podrá salvar a su hija de una muerte ya escrita—dijo ella siendo más una afirmación que una pregunta.
—No lo sé con exactitud en estos momentos, pero tu Bisabuela es la fuente de amor primigenia en el mundo humano, su poder se compara con el de Padre aquí en los Cielos—dije viendo como la sorpresa transformaba un rostro partido en dos.
Uno demasiado hermoso.
—Ella ya no es mi Bisabuela y no, ella no tiene más poder que Padre, sabes en donde están todos los libros en la biblioteca, ayúdame a encontrar uno que habla sobre la Primer Estrella—dijo ella dándome una orden.
Su rostro se recompuso poniendo esa cara de nada que intentaba ocultar mucho dolor.
—La Primera Estrella es una Diosa Antigua, madre de la Diosa Luna y el Dios Sol, ascendió cediendo sus dones a sus hijos, el resto es historia—dije poniéndome de pie.
Las alas negras de Agatha son hermosas.
Concentrate Natanael.
—No busco información sobre la Diosa, quiero información sobre el objeto—dijo ella con rapidez.
¿Objeto?
¿Cual objeto?
—Me dijeron que podías ayudarme, solo estorbas—dijo ella empezando a caminar por los pasillos llenos de estantes con libros.
—No, no espera, no hay ningún objeto con ese nombre—dije poniéndome a su altura.
—Si lo hay y lo necesito—dijo ella mirándome fijamente—si alguien más se entera de que lo busco te voy a matar, no me importan las consecuencias—afirmó al final volviendo a caminar.
Su amenaza me aterro.
Porque sabía que ella era más que una Hija del Dios Creador.
Agatha aún conservaba sus otros dones.
Una Loba negra con ojos como la noche sin estrellas llamada Alina, dones de Portadores de Joyas y la habilidad de crear lanzas de sangre.
Definitivamente de mis labios no saldría esa información.