Ya faltaba poco para la cena. La carne se estaba asando afuera, y adentro Elba, mamá y tía Lucía terminaban de preparar las ensaladas. Los más jóvenes, siempre listos para no cargar con lo más difícil, empezamos a poner la mesa. Los primos estaban de buen humor, lo que a su vez me animó a mí. Me pregunté si sería posible pasar un fin de año medianamente normal, sin muchos problemas. Pero bastó ver cómo miraban a la prima, que lucía ese sensual vestidito, y a Eugenia, para darme cuenta de que la lascivia de esos dos, sumados al alcohol podrían ser un problema. —Mirá cómo vinieron las chicas —me comentó Matías, con su voz aflautada, confirmando mis sospechas, mientras íbamos poniendo los cubiertos en la mesa—. Me parece que esta noche va a terminar bien —agregó después con una sonrisa aniña

