Pasando la medianoche golpearon mi puerta suavemente. Me exalté. Lo primero que pensé fue que se trataba de Zoe, que iba a pedirme discreción o alguna cosa por el estilo. Pero si había sido lo suficientemente loca como para hacer eso, yo le diría unas cuantas cosas que no pensaba guardarme. Pero cuando abrí la puerta me encontré con Matías. Tenía en la mano una botella de whisky. Mamá era muy rígida con respecto al alcohol y no le gustaba que los jóvenes bebieran. Tío Julio era mucho más liberal, pero por respeto a mamá solía restringir esas bebidas a sus hijos, permitiéndoles solo un vaso de cerveza o dos. Así que entendía por qué ahora estaba con esa botella, con la sonrisa de un niño que estaba a punto de hacer una travesura. —No tengo ganas de tomar —le dije. —Bueno, no hace falta q

