Capítulo 298

1349 Palabras

Recordé que, de más chicos, habíamos hecho en alguna ocasión una paja colectiva. Esas cosas raras que tenemos los hombres. Pero la presencia de Rosina llevaba eso a un nuevo nivel. —¿Estás segura de que no querés probarla, prima? —preguntó Juanjo. —No. Solo quiero ver —dijo ella—. Y cuidado cuando acaban. No vayan a ensuciar nada del cuarto. Entones hizo algo que terminó por volverme loco. Se mojó los dedos de su mano derecha con su propia saliva, y luego la llevó a su entrepierna, para masturbarse también ella. Cualquier escrúpulo que hubiera tenido hasta el momento, se esfumó por completo en ese instante. Llevé mi mano a mi v***a, y empecé a masturbarme. Era una locura. Los cuatro ocupábamos las mismas posiciones que cuando jugábamos a las cartas, formando una cruz encima de la cama

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