Las tres semanas que siguieron a aquella cena no dieron espacio para la reflexión; fueron un avance continuo, casi implacable e imperceptible, como si detenerse significara correr el riesgo de que todo se viniera abajo.
Alice se entregó a los preparativos con una urgencia desgastante, cosiendo el vestido de novia a deshoras, corrigiendo medidas, deshaciendo y rehaciendo costuras con manos firmes, aunque el cansancio se le notara en los hombros, ella no se permitia sentirlo, pues en cada puntada había una necesidad clara de que, al menos en la forma, su hija estuviera a la altura del matrimonio.
Y lo hacía a través del vestido, que debía quedar perfecto, no por vanidad, sino porque era lo único que sentía que podía controlar; mientras Ellie observaba ese esfuerzo con una mezcla de gratitud y opresión en el pecho. Aún así, apenas intervenía, dejándose medir, probando telas, asintiendo cuando su madre tomaba decisiones rápidas, la joven no quería añadir más carga a un proceso que ya era forzado por el tiempo y las circunstancias.
Mientras el hotel se convirtió en un terreno hostil para ella, ante el anuncio de la boda los rumores no tardaron en multiplicarse con mayor velocidad y facilidad, cambiando de tono según quien los repitiera; algunos la miraban con obvia desconfianza, llamandola "zorra" o "arribista" o incluso tratandola con desprecio y sin intenciones de disimularlo; otros con una evidente envidia, y por supuesto, no faltaron los juicios crueles que la reducían a una versión conveniente de la historia.
Pero Ellie simplemente siguió trabajando, sosteniéndose en la rutina, aprendiendo a ignorar comentarios a media voz y sonrisas cinicas. Lydia y Eugune siguieron ahí atentos a cualquier exceso, defendiendola cuando era necesario, aunque incluso su apoyo tenía límites frente a un ambiente cada vez más hostil.
Declan, por su parte, se vio arrastrado a un papel que exigía constancia, no bastaba con anunciar una boda; había que sostenerla y acudir a las necesarias visitas para resolver trámites, las conversaciones sobre fechas, testigos y documentos se volvieron habituales, y con ellas, la obligación de parecer involucrado, interesado, incluso emocionado. En tanto el contacto físico, al principio medido y consciente, terminó instalándose como una costumbre, manos entrelazadas al cruzar un pasillo, un gesto protector al sentarse juntos, una cercanía que ya no se cuestionaba, sin embargo, no dejaba de ser una coreografía ensayada tantas veces que empezó a ejecutarse sin pensar y por simple reflejo; aunque para Ellie esa cercanía constante era una tensión que no disminuía, y para él, una herramienta necesaria; ambos sabían que cualquier distancia sería observada, interpretada y amplificada.
Y así, entre prisas, silencios incómodos y una intimidad impuesta, los días avanzaron sin tregua, hasta que finalmente la fecha del matrimonio civil llegó. Evidentemente no lo hizo como un acontecimiento esperado, sino como el cierre inevitable de un proceso que ninguno de los dos había podido detener.
La mañana de la boda, Declan ya se encontraba de pie frente al espejo en la suite de la finca hotelera que había sido reservada exclusivamente para el evento. La habitación estaba impecable, demasiado ordenada, con ese lujo discreto que no buscaba impresionar sino recordar quién mandaba ahí, pero nada de eso lograba acentarlo en la realidad de lo que estaba a punto de hacer.
Sí, su arreglo lucía perfecto e impecable, con su elegante y costoso traje a la medida color beige claro, de tres piezas, la chaqueta de corte entallado y dos botones, se ajustaba a su cuerpo con una precisión sobria. Las solapas de muesca media estaban enmarcadas por un pequeño boutonnière combinado de flores color azul pálido y blanco.
Bajo el saco, el chaleco a juego dibujaba una línea sobre el torso, con botonadura frontal recta e imperceptible, que aportaba un aire de continuidad, y por supuesto que le sentaba a la perfección, como todo lo que llevaba puesto desde hacía años, pero justo ese día su arreglo se sentía vacío.
Su semblante estaba tan contraido, cómo lo estuvo en la última semana, y aunque se observaba en el espejo, en realidad no se veía a si mismo, incluso mientras se ajustaba el nudo de la elegante corbata satinada de seda, su mente parecía ausente.
Los recuerdos de la noche de su compromiso lo habían estado atormentando sin descanso, el nombre de Aarón aparecia de nuevo, incómodo y persistente; en realidad no había desaparecido de su memoria desde que fue pronunciado en la casa de su prometida, lanzado casi sin pensar mientras Ellie y su madre se refugiaban creyendo tener un mínimo de privacidad. Y no era solo el nombre, sino la forma en que fue pronunciado y el contexto que lo rodeaba, como algo que no debía estar ahí.
Declan frunció aún más el ceño frente al espejo; su sobrino no encajaba del todo en la historia y, sin embargo, se volvía tan importante que podría significar la clave de todo. E inevitablemente, pensó en Ellie, en lo que su madre había dicho sobre la joven honesta, trabajadora, capaz de dejarlo todo por cuidar de ella, cuestionandose si tenían algún fundamento o solo eran parte de un plan en el que Alice era participe; sin embargo esa teoría contrastaba con la actitud de su futura esposa, en la rigidez de su cuerpo cada vez que él la tocaba en público, en la manera en que su sonrisa siempre parecía llegar un segundo después de lo esperado, en cómo había aprendido a sostener su mano, a aceptar un abrazo, a permitir un beso en la mejilla con una precisión que no tenía nada de espontánea, nada de eso coincidía con la imagen de una mujer calculadora, ambiciosa o desesperada por escalar.
Esa descripción no encajaba con la joven a la que él había decidido responsabilizar de lo ocurrido, y de cualquier manera algo seguía sin cerrar del todo, e inconscientemente desvió la mirada del espejo, Declan dió unos pasos por la suite, deteniéndose frente a la ventana que daba a los jardines, donde en pocas horas se celebrarían la boda y las protocolarias fotos, brindis y felicitaciones.
Y al ver el camino que en pocos minutos recorrería con su futura esposa, volvió a pensar en ella pero ahora la imagen que lo agobió fue totalmente diferente. El hombre recordó el arreglo de Ellie la noche de la cena, en lo sencillo, pulcro y sin excesos que fue y lo mucho que le había agradado, más de lo que estaba dispuesto a admitir entonces y ahora.
Y, casi sin darse cuenta, bajó la vista hacia sus propias manos, ambas se abrieron frente a él con un creciente cosquilleo, llenas de una memoria que no le pertenecía del todo, y aquel sueño que se había vuelto recurrente en las últimas semanas, regresó para atormentarlo con una nitidez dolorosa.
No era una imagen completa, nunca lo era, era más bien una sucesión de sensaciones incomprensibles para él: la suavidad tibia bajo sus palmas, la forma que había apretado con una hambre que le resultaba ajena aquellos erguidos senos, caricias que estaban acompañadas de sonoros gemidos.
En el sueño sus manos se movían con una seguridad que no tenía cuando estaba despierto, recorriendo a Ellie con una familiaridad que no se correspondía con la distancia que ella imponía cada día, incluso podía sentir ese impulso, el fervor casi involuntario, y la respuesta de su propio cuerpo, rendido mientras dormía, la manera en que, aún en ese estado difuso, su cuerpo reaccionaba sin pedir permiso. La disfunción eréctil que había vivido los últimos años parecía una mentira creada por su mente, aunque a veces la erección era plena, casi siempre era incompleta, pero siempre presente, siempre traicionera, despertandolo con un desasosiego que comenzaba a preocuparlo.
Declan apretó los dedos con brusquedad y apartó la mirada, le molestaba no solo el contenido del sueño, sino la frecuencia y el hecho de que su mente insistiera en volver ahí, una y otra vez, como si tratara de completar algo que en la vigilia permanecía truncado. Pues no era deseo simple y primitivo; era una reacción física que se le imponía, que no encajaba con la versión fría y calculada de sí mismo que había sostenido durante años, y lo más complicado de esa situación es que Ellie no era parte del plan de esa manera, nunca lo había sido, y, sin embargo, su cuerpo parecía no haber recibido ese memorándum.
El hombre soltó un largo suspiro, mientras sacudía la cabeza intentando despejar su mente, se enderezó de nuevo, recompuso el gesto y volvió a colocarse la máscara de control que tan bien conocía. En pocas horas estaría frente a ella, tomándole la mano, repitiendo gestos ensayados, manteniendo una cercanía que el mundo esperaba ver, y se aferraba a la necesidad de que nadie notará el leve temblor que aún sentía en los dedos, nadie debía saber que esas manos, tan correctas a la vista de todos, cargaban con recuerdos que él no había elegido y que empezaban a incomodarlo más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Pero no tenía tiempo para dudar o permitirse sucumbir a lo que, aseguraba, era el resultado de la droga que confundió sus recuerdos de alguna manera y con la rectitud que se esperaba de él, camino de regreso hacia el espejo alisando su cabello hacia atrás repetidamente, mientras se sonreía con orgullo, confiado en que estaba a punto de ganar un juego en el que no había entrado voluntariamente.
Más allá, al final de ese mismo pasillo, la suite destinada a la novia estaba llena de una luz suave que parecía empeñada en suavizar lo que Ellie sentía por dentro, y al igual que él, se encontraba frente al espejo observando el reflejo que apenas reconocía como propio.
La joven ya portaba el vestido color blanco marfil de crepé de seda de textura lisa y acabado mate, que fue confeccionado en una tenue silueta estilo sirena, construido con un trazo limpio ajustado en la parte superior, y abierto de forma progresiva desde la cintura hacia el bajo, culminando en una pequeña cola que se arrastraba ligeramente sobre el piso.
El escote en V perfectamente delimitado llegaba apenas al inicio de su pecho, complementado con mangas largas de corte ajustado, que aportaban sobriedad y equilibrio al conjunto. Y sobre uno de los lados del escote, una delicada aplicación floral tridimensional, compuesta por pétalos finos que ascendían en dirección ascendente hacia el hombro, fue cosida con suma con precisión, dándole un toque único y elegante.
- Si hubiéramos tenido una semana más....- dijo Alice por enésima vez, mientras se movía a su alrededor con una energía nerviosa y contenida, acomodando una costura aquí y alisando una arruga inexistente allá- o al menos unos días, podría haber reforzado el dobladillo, ajustar mejor la espalda.... no me gusta haberlo hecho todo tan a la carrera.
- Está perfecto, mamá, de verdad- Ellie respondió apenas girando la cabeza, regalándole una sonrisa ensayada y tensa en los bordes, sin embargo esa palabra le supo hueca y amarga, pero la sostuvo con firmeza.
Era el mismo gesto que llevaba repitiendo desde hacía semanas: asentir, agradecer, no contradecir; afortunadamente su madre estaba más enfocada en el vestido que en él inexistente ánimo de su hija, hasta que finalmente se detuvo, tomandola de los hombros para observarla a través del espejo con una melancolía agridulce.
- Nunca pensé que llegaría este día- confesó de pronto, con la voz suavizada por la emoción- verte así....- la mujer se llevó una mano al pecho- se siente tan.... diferente.... aunque al principio me asusté y me preocupe por tu futuro.... todo fue tan rápido.... tan inesperado, pero ahora.... ahora estoy feliz- Ellie sintió un nudo cerrársele en la garganta, siendo testigo de como su madre la miraba con tanto orgullo- y tranquila porque Declan ha demostrado ser un hombre de principios..... de valores, Ellie....y eso.... eso importa más que cualquier cosa..... ahora estoy segura de que tu matrimonio será mucho mejor que el mío.
La joven bajó la mirada un segundo, pero Alice continuó, sin darse cuenta del golpe silencioso que cada palabra provocaba en su hija.
- Y no hablo de las comodidades, ni de los lujos que tendrás.... hablo de cómo ha demostrado que le importas, al estar pendiente de ti, de la forma en que te cuida, aunque tú no lo notes.....eso no se finge.
Ellie sostuvo la sonrisa como pudo, antes de girarse para abrazarla y evitar que su madre pudiera notar el brillo traicionero en sus ojos; hundiendo el rostro en su hombro, respirando ese perfume tan conocido para aferrarse a lo único que le daba seguridad en todo el mundo y afortunadamente para ella, Alice interpretó el gesto como resultado de su emoción.
Y simplemente le devolvió el abrazo, acariciándole el ondulado cabello con ternura, Ellie, en cambio, cerró los ojos, mientras sentía como la amargura le recorría el pecho como un veneno, porque en el fondo no había ilusión, ni esperanza, ni nada de aquello que se suponía debía sentir una novia el día de su boda. En ella solo dolor, tristeza y una culpa espesa que le pesaba más que el vestido por todo lo que ese matrimonio había arrastrado consigo: mentiras, presiones, dolor y un creciente sufrimiento.
Y en silencio le pidió perdón, como una súplica que nadie escuchó, perdón: Por engañarte, por involucrarte en esto, por hacerte creer que hay algo bueno en una unión que nació torcida; se repetía en su mente esperando que, de alguna manera, el mensaje llegara hasta su madre.
- Hoy no, mi niña.... hoy no!!- exclamó Alice sobándole la espalda para que se tranquilizara- es un día en el que solo debemos sonreír, porque mi niña se va a casar!!- exclamó con emoción.
Ellie apretó los ojos, por supuesto que su madre estaba feliz y más cuando sentía que finalmente tendría la vida que merecía, sin embargo, ya no tenía la intención de decir la verdad, solo podía seguir la marea que Declan había marcado esperando que el tiempo pasara lo suficientemente rápido para en algún momento poder olvidarse de todo.
La joven se separó, lo justo para que Alice no notara la humedad en sus pestañas, y con su fingida sonrisa volvió a mirarse en el espejo, recompuso el gesto y sostuvo la farsa con la misma disciplina que la había llevado hasta ahí: como la novia perfecta que debía ser; aunque por dentro, todo en ella estuviera quebrándose.
Y no era la única que se encontraba en una frágil situación, en otra de las habitaciones, el ambiente no era mejor, aunque si más tenso, lleno de una energía que chocaba contra la calma artificial del lugar.
Susan estaba sentada frente al espejo del elegante tocador terminando de colocarse unos pendientes con una parsimonia casi irritante. Aarón, en cambio, parecía incapaz de quedarse quieto, el joven no dejaba de dar vueltas por la habitación con pasos largos y desordenados, pasándose una mano por el cabello, mascullando entre dientes, deteniéndose solo para volver a arrancar.
- De verdad vamos a permitir esta mierda?!- soltó al fin, sin detenerse- de verdad vas a dejar que esa puta boda ocurra?!- sin embargo su madre no levantó la vista, Susan solo ajustó el broche con cuidado antes de responder.
- Sí.
- Me estás jodiendo, no?!- Aarón se detuvo en seco, totalmente incrédulo- no puedes estar hablando en serio, Declan no puede casarse con esa criada, esto.... esto no era parte del puto plan!!!
La mujer ladeó ligeramente la cabeza, observándolo por el espejo, con la ceja levantada y no por su arranque, sino por su innecesario lenguaje.
- Efectivamente, no era parte del plan- aceptó con la suficiente ironia para que su hijo entendiera el origen de su molestia- pero eso no implica que no deba suceder- la mujer se detuvo, observando a su hijo con un creciente reproche- o es que esa empleadilla realmente te interesa?
- No!- respondió Aarón con demasiada rapidez- por supuesto que no, no digas tonterías.....pero el plan era joder a mi tío, no empujarlo directo a un matrimonio.
- No hay más alternativas, no importa cómo empezó- Susan se giró completamente, apoyando una mano en el tocador y aunque su expresión seguía siendo serena, había un filo nuevo en su mirada- lo único que ahora importa es que llegamos hasta aquí- su hijo soltó una carcajada amarga y llena de desprecio.
- Siempre hay alternativas, al menos podemos decir la verdad- los labios de la mujer se abrieron con incredulidad mientras clavaba su inquisitiva mirada en su hijo.
- La verdad?!- repitió con una voz demasiado lenta para que Aarón no lo entendiera como un insulto.
- Bueno.... al menos parte de la verdad- corrigió bajando la voz.
- Qué parte de la verdad prefieres que contemos?- preguntó con un sarcasmo que no intentó ocultar, cruzandose de brazos- la parte donde explicamos cómo Declan y Ellie terminaron en esa suite?, o tal vez prefieres aquella en la que dejamos claro que esa empleada fue tu novia?
- No fue mi novia!!- replicó el joven negando con la cabeza- no como tal, pero.... al menos podríamos exponer que esta boda es una farsa- Susan lo observó y por primera vez su calma se resquebrajó ante la necedad de su hijo.
- Con qué pruebas, tesoro?!- preguntó, ahora sí con un dejo de desesperación- no tenemos nada, ninguna evidencia, ningún respaldo, si vamos corriendo a contarlo las preguntas empezarán y lo único que lograríamos es enterrarnos a nosotros mismos- finalmente se levantó alisando la falda de su vestido con una gracia demasiado perfecta para el gusto de su hijo- al final, sería nuestra palabra contra la de Declan- continuó- y sabes perfectamente a quién va a respaldar el consejo.
- Entonces....- reclamó entre dientes y apretando los puños- solo vamos a dejar que esta maldita boda se lleve a cabo?
- Sí- respondió la mujer sin titubear, retomando el control de sus gestos, de su postura y su máscara- y vamos a asistir, a sonreír y a felicitar a los novios- Susan tomó la botella de perfume del tocador rociando un poco sobre su cuello- y vamos a esperar, porque esta boda es un gran error, tu tío lo sabe.... él no es todo poderoso y sabe, tan bien como yo, que no tardará en explotarle en la cara.... y entonces, nosotros estaremos ahí, para aprovechar ese error- dijo con una sonrisa maliciosa.
- Pero tenemos que hacer algo más!!!- exclamó totalmente exasperado- tal vez, yo podría....no sé.....ir a la habitación de Ellie, seducirla y propiciar que alguien nos vea!!!
Susan se giro con brusquedad y en dos pasos estuvo frente a él; sin darle tiempo a reaccionar, le tomó el rostro con fuerza, presionándole las mejillas entre sus dedos.
- No- ordenó con una voz baja y peligrosa- no vas a hacer nada, no vas a hacer ninguna estupidez- advirtió agitandole el rostro levemente- te vas a quedar quieto como un buen niño y vas a obedecer, me oiste?, porque si no, lo único que lograrás es meternos en un problema del que no podremos salir..... así que, asumirás tu papel de sobrino y actuaras acordé a las circunstancias..... y hay de ti si te veo cerca de esa empleadilla, entendiste?
Aarón la miró con la furia rebosándole los ojos, pero como era habitual siempre terminaba sucumbiendo a las órdenes de su madre, y esta no iba a ser la excepción muy a su pesar.
- Entendiste?!- repitió Susan abriendo los ojos en una clara señal de advertencia.
- Creo que ya decidiste que debemos seguir con esto, solo espero que Declan y Ellie no le den un heredero a la familia..... porque entonces sí estaremos jodidos, podremos despedirnos de cualquier sueño de controlar el emporio- y con frustración dió un paso hacia atrás, alejándose de su madre- aunque claro, al final la de los planes brillantes y “efectivos” siempre eres tú- añadió con sarcasmo
Aarón dio media vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta de un portazo, esperando ser lo suficientemente capaz de controlarse ante el espectáculo que estaba a punto de presenciar. Y sin más opción caminó hacía el jardín, visiblemente molesto, pero en el fondo sabia que debía parecer animado o, por lo menos, indiferente aunque le era imposible, sobre todo al ver el esmeró en el que aquella boda se llevaría a cabo.
El montaje ya estaba dispuesto y delimitado por un césped perfectamente cortado que servía como base de la escena; un pasillo central adornado por arreglos florales bajos, conformados por flores blancas y azules fueron colocadas de manera continua a ras del suelo, dividiendo en dos bloques las sillas estilo crossback color rosa pálido que aguardaban a los invitados, cada una con un cojín discreto que suavizaba la rigidez de la madera.
Y al final, justo al centro, se encontraba la mesa de madera, del mismo tono que las sillas; acompañada por una banca acolchada destinada a los novios y por si fuera poco, detrás, una estructura rectangular cubierta con las mismas flores que cerraba el encuadre, delimitando el espacio con una elegancia digna de la familia que celebraba el evento.
- Ridículo!!!- exclamó Aarón entre dientes con enojo y frustración.
- Cuida tus comentarios- la voz de Susan resonó a sus espaldas, sobresaltandolo- sonríe, saluda y aplaude- y sin darle más tiempo a reaccionar, lo tomó del brazo adentrándose en el elegante jardín en el que los invitados comenzaban a reunirse.
Richard ya estaba ahi, por supuesto, platicando muy feliz y orgulloso con Alan y otros miembros del consejo mientras sus respectivas parejas departian un poco más allá cuchicheando sobre los rumores que durante mucho tiempo se susurraron sobre la sexualidad del novio y que hoy, aparentemente, llegaban a su fin.
Más allá, algunos asientos ya estaban siendo ocupados. Philips y el matrimonio que trabajaba en casa de Declan, acompañados por su hija fueron de los primeros en tomar su lugar; en otra hilera Lydia y Eugene parecían dos estatuas, completamente rígidos y sin saber que hacer más que observar con atención a su alrededor cómo si en cualquier momento esperarán ser obligados a atender a los invitados.
Y dos figuras más llamaron la atención apenas cruzaron el lugar, eran un par de amigas de Ellie, vestidas acorde a la ocasión, claramente fuera del circuito habitual de los invitados. Las dos chicas avanzaron con pasos disimulados, buscando sus asientos, procurando no llamar la atención, intercambiando miradas rápidas a su alrededor; apenas y sonrieron con timidez al verse rodeadas de apellidos importantes y conversaciones que parecían no incluirlas, y finalmente se acomodaron juntas, espalda recta, manos entrelazadas sobre el regazo, como si temieran ocupar más espacio del debido.
- Esta boda debió hacerse en un granero- murmuró Aarón inclinándose hacia su madre, sin disimular el fastidio- habría sido más acorde al nivel de los invitados.
Susan carraspeó, ensanchando un poco más su fingida sonrisa, y sin mirarlo siquiera, le lanzó un suave pero firme shh, al tiempo que movía suavemente sus dedos en gesto de saludo hacia Phyllis, quien apenas respondió con una mueca que ni siquiera intentaba parecer una sonrisa y con la misma frialdad desvió su atención hacia el jardín que lenta y constantemente empezaba a llenarse de los poco más de 50 invitados que habían sido requeridos para el gran evento.
- Maldita vieja desgraciada!!!- susurró Susan con desagrado, mientras ella y su hijo continuaron avanzando hasta el bloque contrario de asientos.
Ambos quedaron prácticamente en la penúltima fila, una ubicación que a Aarón le resultó casi ofensiva, aunque no le sorprendió; Susan, en cambio, se acomodó con calma, como si aquel lugar hubiera sido de su agrado.
Y en un instante, el murmullo general comenzó a bajar cuando la jueza apareció, acompañada de su secretaria. Las mujeres avanzaron con paso seguro por el pasillo central, y fue entonces cuando la organizadora de bodas del corporativo tomó su lugar al frente, con un gesto amable y una agradable voz que no perdía firmeza, pidió a los invitados que tomaran asiento.
Rápidamente todos comenzaron a acomodarse, expectantes al esperado momento, mientras la mujer agradecida la prontitud; y con un leve gesto de cabeza, hizo una breve señal al personal de servicio, quienes asintieron antes de retirarse con absoluta discreción, encaminándose a cumplir con su tarea: avisar a los novios que el momento había llegado.
El murmullo residual se disipó cuando un cuarteto de cuerdas comenzó a tocar una melodía suave y romántica, lo suficientemente discreta como para no imponerse, pero clara en su intención de anunciar el inicio del acto.
Richard fue el primero en levantarse, desde la primera fila avanzó hasta colocarse junto a la banca acolchada, su gesto era solemne, casi ceremonioso, sin embargo había un dejo de absoluta felicidad y satisfacción que no podía pasar desapercibido, y que lo obligó a erguirse con orgullo, listo para cumplir su papel y acompañar a su hijo.
Un segundo después, Declan apareció al inicio del pasillo, con la seguridad que siempre lo había acompañado, su expresión era tensa, aunque cuidadosamente contenida bajo una sonrisa medida.Y sin dudar un solo segundo, comenzó a avanzar; agradeciendo a los asistentes con leves inclinaciones de cabeza.
No se detuvo, no busco las miradas, todo en él parecía calculado para no desbordarse, cada paso lo acercaba al frente, y cuando por fin llegó junto a su padre, Richard lo rodeó con un abrazo firme, genuino y lleno de una emoción que no intentó ocultar, sin embargo, Declan no correspondió plenamente al gesto, apenas hizo lo necesario, su abrazo fue correcto, breve y más por obligación que por afecto; separandose casi en el segundo que inicio el gesto.
Richard solo sonrió, sin importar que la acción de su hijo le dolió, por hoy lo dejaría pasar pues lo único que importaba era que disfrutará de su momento y con una palmada en el hombro, le mostró su apoyo permitiendo que Declan ocupara su lugar de pie, a un costado de la banca.
El hombre cruzó los brazos a la altura de la cadera, abriendo ligeramente las piernas y adoptando una postura rígida, de control absoluto, con una seriedad en su rostro que no le costaba ningún esfuerzo y simplemente clavó la mirada en el inicio del pasillo, por dónde Ellie aparecería.
El cuarteto atacó el inicio de la melodía con una entrada limpia, solemne y diseñada para marcar un momento preciso, y, casi por reflejo, los invitados enderezaron la postura, algunos acomodaron la espalda contra los respaldos, otros giraron el cuerpo hacia el pasillo central con expectativa.
Era el punto exacto en el que la novia debía aparecer, y todas las miradas aguardaban por ella, sin embargo, la joven no apareció.
La música avanzó unos compases más, cumpliendo su función, sosteniendo la escena mientras el pasillo permanecía intacto, perfectamente dispuesto y absolutamente vacío; y el efecto en Declan fue inmediato, el hombre sostuvo la mirada al frente, al principio no hubo tensión visible, solo una atención demasiada rígida.
Luego, casi de forma imperceptible, el peso de su cuerpo cambió de apoyo, sus brazos siguieron cruzados, pero los dedos se cerraron con mayor firmeza, presionándose unos contra otros. En tanto los invitados comenzaron a notar la ausencia; Eugene, sentado en la segunda fila, inclinó la cabeza, buscando confirmación en la organizadora, Alan carraspeó, incómodo, y Susan comenzaba a sonreír con satisfacción.
Richard giró apenas el rostro para mirar a su hijo, y luego volvió la vista al pasillo, no dijo nada, pero su expresión dejó de ser ceremoniosa, y por dentro se cuestionaba si aquella jovencita sería capaz de abandonar a Declan y todo lo que él representaba.
La música continuó animando un momento que ya se estaba estirando más de lo debido; Declan inhaló despacio y apretó la mandíbula, la sonrisa de cortesía se desvanecía paulatinamente, y sin moverse de su lugar recorrió el inicio del pasillo con la mirada, como si pudiera forzar la escena a avanzar.
Los susurros comenzaron a surgir, breves, contenidos, apagándose al instante, el cuarteto repitió el motivo principal; aquella melodía, pensada para acompañar una entrada, empezaba a sentirse como un macabro acompañamiento de la inminente tragedia.
Declan giró el rostro hacia un costado, buscando a la organizadora entre los márgenes del jardín, pero la mujer ya no estaba ahí por lo que su atención volvió al frente con el gesto endurecido, pero el pasillo seguía vacío.
Y el inicio de la ceremonia, que debía ser impecable, comenzaba a tensarse bajo el peso de la ausencia, mientras todos comenzaban a cuestionarse:
Dónde estaba la novia?