El final que espere serenamente

1235 Palabras

Cuando las puertas se cerraron tras ellos, el ruido de los clanes inclinándose desapareció y solo quedaron los latidos de sus corazones. Kazuo apoyó la frente contra la de Sayuri, temblando, no de debilidad, sino de la magnitud de todo lo que acababa de recuperar.
—Nuestro hijo… —murmuró con la voz rota, como si las palabras fueran demasiado sagradas para pronunciarlas.
Sayuri lo miró con lágrimas cayendo libres.—Nuestro hijo, Kazuo. El heredero Arakawa.
El dragón cerró los ojos, un suspiro silencioso naciendo en su pecho. La besó como si le devolviera el alma que había perdido. Sus manos no la tocaron con violencia, sino con adoración, como si cada centímetro de su piel fuera un altar.
—Sayuri… —susurró contra su boca—. Te juro por él, por ti, por todo… que nadie jamás volverá a arrancarn

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