Entrar en su mente sería fácil. Apenas un susurro de mi voluntad y podría cruzar esa puerta. Lo he hecho con tantos otros. Lo domino. Es parte de mí. Y en ella… me consume la necesidad. Saber si sus gemidos son sinceros, si sus palabras de amor son verdaderas o repeticiones vacías. Si aún me pertenece, de alma y pensamiento. Pero cuando lo intento, su mente me lo impide. No es como las demás. Está… rota. Fragmentada. Llena de grietas y huecos, de espejos que muestran imágenes contradictorias, cicatrices que me empujan fuera con una fuerza que jamás había sentido. Hay partes que me rechazan. Otras que me atrapan con un dolor que me parte el alma. Siento sus miedos, sus pérdidas, sus recuerdos… y algo más. Algo que no pertenece a este tiempo. Ni a este cuerpo. Y entonces retrocedo. No por

