Yo soy un ángel oscuro ella, ella es como un ángel de luz. Mi dulce e inocente amor. La misma inocente que yo suelo corromper por la forma en que la hago mía… a veces es tan sucia, tan depravada, tan sin pudor. La he tomado en cada rincón de esta casa, en cada posición posible. De rodillas frente a mí, sobre la mesa, contra el ventanal, con sus muñecas atadas, con lágrimas de placer en los ojos. Y nunca se queja. Nunca dice que no. Es complaciente y eso me preocupa por que ya no puedo vivir sin enterrarme en su interior. —¿Quieres hablar, Victoria? —susurré con voz suave, burlona, mientras entraba a la habitación de Victoria y me sentaba junto a su cama—. ¿Quieres decir algo por fin? Extendí la mano permitiéndole recuperar el habla. —Ayúdame… —gimió su voz, rasposa, como un susurro d

