Cerré los ojos y volví a recordar los besos de James, como se sentía su toque, su aroma, sus labios. Era tan diferente a lo que Matt me hizo sentir aquella vez, no tenía dudas de lo que sentía por mi jefe. Pero cómo animarme a dar el paso, cuando sé perfectamente que puede llevarme al abismo. —Que carita... —dijo Alysa en lo que se sentaba a mi lado. —Ni me digas —tomo el cojín y lo pongo sobre mi rostro. Quiero dar un grito pero la garganta se me cierra. Alysa estira la mano y me quita el cojín. —¿Si sabes que no estoy sorda o ciega, verdad? Vi el espectáculo que te montaste con tu sexy jefe —mis mejillas se sonrojaron, y mis ojos se abrieron aún más. —Me invito a salir —solté de una —. Me dijo que era última vez, y ¡no sé qué hacer! Me paré y comencé a caminar por todo el cuarto. Lo

