El día laboral aún no acababa, pero mi humor era terrible. Sebastian, ya me había dicho que Darla que estaba buscando pero con el día que estaba teniendo preferí dejar eso para mañana y pegarme una salida temprana. Todos mis papeleos estaban hechos, y yo no veía la hora de salir de este lugar. Si no fuera porque tiene un gran sueldo... Ya hubiera renunciado. Una voz en mi cabeza lanzó una risa sarcástica. ¿A quién engañaba? Si no fuera pirque el jefe me trae loca, hace mucho que no lo prestaría tanta atención a todas las jóvenes que salen de aquí con el corazón hecho trizas. Era la única y oscura verdad, aunque me pesara aceptarla. Tomé mi auto y conduje a casa, el cuerpo me pedía a gritos un buen sándwich, y algo fuerte para tomar. Moría de hambre. A penas entré al departamento vi una

