Evadí su mirada, y entré a la oficina sin hacer expresión alguna. No le demostraría nada. Para mi sorpresa, lucía muy cómodo en mi asiento. Incluso estaba resolviendo el crucigrama que había dejado a medias la última vez. ¿Có.o era posible que casi lo acabara? Cuando yo ni siquiera había resuelto todas las filas horizontales. Giré los ojos cuando él me vio entrar.
Lo rodee esperando moverlo de mi lugar, aunque James fue mucho más rápido. Se levantó, rodeo el mueble y me arrinconó contra el escritorio. Asombrada por su osadía intenté alejarlo, sin demostrar nada de lo que sucedía dentro de mi, al tenerlo tan cerca. Su colonia la sentía tan fuerte, y la respiración tratan de traicionarme.
Su mano derecha se deslizo de manera rápida tras mi espalda y me arrimó a él con un rápido toque del que casi no soy consciente.
—Esto se llama acoso señor Adams —le digo con tono firme. Me mira con curiosidad por unos segundos, antes de dejar escapar un breve carcajada. Frunzo el ceño. ¿Qué es lo que le divierte? Me acerca aún mas a él, provocando que nuestros rostros queden a centímetros de distancias.
—Señorita Williams, estoy seguro de que no hago nada que...
—¿Nada que yo no quiera? —completo su frase con tono molesto. Trago, y le sostengo la mirada —. Debería mejorar sus frases. Están muy gastadas, y a diferencia de lo que seguramente cree, lo dejan como un ser petulante.
Coloco mis brazos en su pecho, provocando que se aleje de mi. Sorprendido, ladea un poco la cabeza y una sonrisa de medio lado me contempla. No logro alejarlo por completo, pues sus brazos se aferran a mi cintura.
—Despierta mi curiosidad Señorita William... —agrega con tono seductor.
—Y usted mi incomodidad. ¿Podría soltarme de una vez? —intento sonar agresiva y firme en la petición, pero su toque hace que por segundos me deje llevar por lo que siento, hasta que tomo consciencia y lo evito.
Sin darme cuenta me acerca hacia él, tomando por sorpresa mis labios y atacándolos con ferocidad y deseo. El ataque dura poco tiempo. En cuanto soy consciente lo alejó y me libero de su agarre. ¿Qué es lo que quiere este hombre? ¿Volverme loca? Mi respiración agitada me impide hablar. Me alejo hasta mi silla. De espaldas a él limpio de mis labios los vestigios de aquel beso, que aunque deseaba, él me robo sin consentimiento.
—¿Es tan difícil que acepte un "NO"? ¿Acaso su frágil ego no le permite entender cuando no le interesa a una mujer? —mi voz sale enojada, y nerviosa. Intento no romperme evitando su mirada.
—Si esa negativa fuera sincera la aceptaría —miles de emociones recorren mi interior, y sólo deseo que se vaya de una vez.
—Le pido que no repita eso o... —me detengo. Firme y convencida de mis palabras lo " amenazo" —. O me veré obligada a renunciar a esta empresa.
Un silencio incómodo crece en la habitación. Evito darme vuelta, no estaba lista para este enfrentamiento.
Un breve suspiro escapa de él.
—Nos vemos después Señorita Williams —dice desganado y hasta parece decepcionado —. Tenga un lindo día.
El sonido de la puerta al cerrarse es mi señal para voltear y dejar escapar el aire que se componía en mis pulmones. Me dejo caer en la silla y miles de pensamientos atacan mi mente. Un suspiro lleno de resignación y alivio abandona mi cuerpo. ¿Cómo se supone que seguiré este día después de esto? Estúpido James... Detesto que tanga tanto poder sobre mi.
****
Saliendo de la oficina camino al almuerzo, decido revisar mi celular. Hay varios mensajes de Matt que llaman mi atención. Todos eran de hace una hora atrás, por lo que pienso que es mejor llamarlo.
Marco su número y tarda tres tonos en responder.
—Heey, ya esta creyendo que te habías arrepentido de hablarme —dice a manera de broma. Al instante viene a mi mente el beso que me dio la última vez que lo vi y no puedo evitar compararlo con el de James. A pesar de que había sido bueno, el de mi jefe me había dejado desquiciada, con la piel de gallina y el deseo a flor de piel mientras que con Matt, muy a pesar, no me paso lo mismo. Sacudo la cabeza quitando esos pensamientos. No era momento para esto.
—Vi tus mensajes, pero no puedo almorzar contigo —agrego. Se escucha algo desilusionado del otro lado —. Pero ¿qué te parece si cenamos hoy?
—Me encanta la idea —responde de inmediato. Una sonrisa divertida brota de mis labios. Haría mi mejor esfuerzo para que esto con Matt llegara a buen puerto.
—Entonces quedamos así —llego al restaurante de siempre, entro y veo a Darla sentada a lo lejos aguardando por mi. La saludo con la mano cuando esta voltea a la entrada —. Te dejo, mi amiga me espera.
—No hay problema. Hasta la noche Alexa.
Corto y camino hacia la mesa. Dejo caer mi chaqueta en la silla y la mirada pervertida de Darla me recibe.
El mozo se acerca con el menú, toma mi orden de pollo con ensalada y se va.
—¿Y bien? —pregunta mi amiga elevando las cejas. Me quedo en silencio y agarro un palito de pan de la canasta entre nosotras. Suspiro resignada y la miro.
—Eres muy chismosa.
—Eso ya es algo sabido, así que habla. ¿Con quién te fuiste de la fiesta y quién es ese misterioso chico? —bebe un sorbo de su jugo de naranja, para luego mirarme a los ojos de forma fija.
—James me llevó a mi casa después de la fiesta —sus ojos se abrieron sorprendidos —. No es lo que crees, sólo me ayudó. Matt es primo de un amigo, y lo conocí hace unos días —tomo mi cabello entre mis manos y comienzo a jugar con él, para de esa forma liberar el estrés —. Salimos, nos llevamos bien y nada mas.
—¿Sólo eso? —pregunta esperando más —. Pensé que tu finde había estado tan interesante como el mío.
—Bueno, perdón por no ser tan interesante —el mozo llegó con nuestra orden, interrumpiendo la conversación. Además de aquello, no había muchas novedades que contar. Por lo que el almuerzo transcurrió tranquilo. El restaurante "La rosa dorada", al que tanto íbamos nos conocía tan bien, que siempre luego de acabar el mozo nos traía nuestros postres predilectos.
—Deberíamos traer a James a este lugar algún día —mi cara se desfiguró ante aquel comentario casual.
—¿Por qué? —dije en estado de shock. Suficiente tenía con tener que soportarlo todos los días en la empresa, como para ahora también preocuparme por encontrármelo en mi restaurante preferido.
—No sé, creo que le agradará... Pero veo que tu apatía hacia él sigue igual —rodé los ojos restándole importancia a lo que decía —. Pensé que después de que te hiciera el favor de llevarte a casa, te caería un poco mejor.
—Una cosa no tiene nada que ver con otra. Pudo ser caballeroso en ese momento —comencé a decir con tono molesto —. Pero eso no le quita que sea un libertino que se cree irresistible...
Darla iba responderme cuando su celular sonó. Bufó molesta al ver el nombre en la pantalla.
—¿Y ahora qué pasó? —a medida que la conversación avanzaba en su rostro la mueca de furia crecía más y más —. ¿Es qué es enserio? —con una mano tapó la bocina del celular —. Lo siento, Alexa, pero hay un problema en la oficina. Debo irme —asentí sin más y nos despedimos —. ¿No pueden resolver nada solos? Increíble...
Se alejó molesta y hablando rápido. Al parecer el problema era más grave de lo que pude imaginar. Pedí la cuenta y volví a la oficina. Cruzaba los dedos para no tener que cruzarme con James.
****
Subo al ascensor con la mente en los deberes que debo completar. Aún debía ver ciertos currículums, separarlos y entregárselos a John para que los archivara. El día se estaba acabando y mi trabajo sólo se multiplicaba. Entré a mi oficina, me quite la chaqueta y la deje en el espaldar de la silla. Mi computador estaba abierto, lo cual me sorprendió. Creí haberlo dejado cerrado, omití ese detalle y me senté. Revisé mis correos, y por poco se me pasa de largo aquel pequeño paquete envuelto sobre el escritorio. Frunzo el ceño, y lo tomo. Dentro de este, yace una pequeña nota cuya letra es impecable. No es necesario que piense mucho al responsable de aquello.
"Espero disfrutes de estos chocolates, tanto como yo disfruto de tus besos. No importa cuanto tiempo me tome conquistarte, ambos sabemos cómo acabará. Déjate llevar, y descubrirás el placer real"
James.
Mi respiración se torno agitada. Siento como la sangre comienza a hervir me por dentro. ¿Quién se cree para tratarme como a uno de sus juguetes sexuales?
Molesto tomo la noto, la arraigo y la tiro al tacho de basura que está debajo del escritorio. ¡Qué engreído! Es lo que pasa por por mi mente.
Pienso en hacer lo mismo con los chocolates, pero me detengo. El paquete estaba lindo para que sufra por las idioteces de quién lo compro. Lo dejo en cajón, y trato de concentrarme en eso.
Me meto de lleno al trabajo, intentando borrar de mi mente la escena anterior, ¿pero cómo hacerlo? Cuándo hasta una parte de mi me pide que le de esa oportunidad que me pedía. Pero no... James Adams no puede obtener todo lo que quiere. Por mas sexy que pueda ser, no caeré en sus brazos. Eso esta fuera de discusión. Yo no soy un objeto más de su lista. Y eso debe quedarle muy claro.
El día termina, y voy camino a casa. Ruego por no encontrarme a James a la salida, porque en ese momento era capaz de ponerlo en si lugar con un buen golpe. Abro la puerta de mi auto, y subo rápidamente. Por el espejo retrovisor veo su auto estacionado a unos metros del mío. Las orejas me comienzan a hervir y decido arrancar. No vaya a ser de malas, y termine despedida. ¿Por qué tenía que jugar conmigo? ¡Idiota!