6-Viejos Enemigos

2193 Palabras
La noche anterior no había podido pegar el ojo, la voz de James no salia de mi mente. Aún seguía molesta por su intento de conquista, pero más me molestaba que una parte de mi quisiera algo con él. Eso me estaba volviendo loca. Estaba tan ida, que decido cancelar y pasar mi cita con Matt para otro día. Por suerte él lo entendió, y no hizo un gran espamento, a diferencia de Alyna, quién casi me asesina por dejar ir una salida con ese chico guapo. ¿Pero qué podía hacer? Salir con él, y mientras Matt se portaba tierno conmigo, pasármela pensando en el bobo de mi jefe. Eso no era correcto para ninguno. Sacudí mi cabeza de aquellos pensamientos. La oficina ya estaba casi repleta, y si seguía ensimismada iba a perder el ascensor. Camine con prisa, y logré alcanzar al elevador antes de que se cerrara. Dos chicas yacían dentro de este, parecían secretarias. Ambas lucían muy bien y elegantes, inconscientemente me miré en el espejo del ascensor. Estaba perfecta, al menos me sentía cómoda con la blusa blanca de cuello V y la falda negra en forma de tubo que había escogido. El blazer me combinaba a la perfección. Me acomodé en un rincón, tratando de no parecer chismosa ante la no tan baja charla que ambas sostenían. Hasta que mi oído captó su nombre. —Es increíble, y súper guapo —agregó entusiasmada la castaña de baja altura. —Eso ya lo sé, ¿pero si sabes lo que dicen de él? —respondió casi en un susurro la otra. La castaña frunció el ceño —. Que no se cierra a oportunidades, si es que me entiendes—la pelinegra termina su discurso con un pequeño guiño. Rio para mis adentros al imaginarme que así no vemos Darla y yo cada que chismeamos de alguien. —Bueno, alguien tan de mundo es obvio que sea abierto de mente. Me conformo con que le guste yo —la castaña ríe y la otra la sigue. Me pregunto si hablaran de algún compañero. —Aunque también frecuenta de esos lugares que tú sabes... No entiendo cómo alguien de su porte necesita pagar por "ese" tipo de servicios —el rostro de la pelinegra se desfigura al hablar de aquello. —¡Eres una vidente! Lo sabés todo... —agrega la otra secretaria con un toque de asombro. El ascensor llega a su destino y ambas se alejan hablando. Quedó algo intrigada por conocer de quién hablaban pero ese no es mi asunto, por lo que decido olvidarlo. De manera tranquila espero a llegar a mi piso. Pues antes de ir a mi oficina necesito hablar con Darla sobre un asunto. El piso de marketing se encuentra en el 40, por lo que al abrirse las puertas salgo. Camino a su oficina saludo a las secretarías, quienes no lucen muy felices. Al parecer Darla no amaneció de buen humor. Ingreso a su oficina, y dentro esta ella hablando por teléfono, y al igual que ayer no luce nada feliz. Muerdo mi labio preocupada. La saludo con la mamo sin emitir palabra, asiente la cabeza y me hace el ademán de que me siente. —¿Puedes decirle a tu modelo que el trabajo es hoy? Ella no puede venir el día y a la hora que le de la gana aishhhh —corta de forma brusca y se deja caer molesta sobre la silla. Una sonrisa amigable brota de mis labios. —¿Aún con problemas? —bufó y rodó los ojos. —Ni me recuerdes, que si no lo resuelvo se me va una campaña a la mierda. En fin.. —me observo con un dejo de preocupación. Darla era muy abnegada a su trabajo y detestaba cuando las cosas no salían bien —. ¿Qué necesitas? —Los archivos de una campaña de hace dos meses que realizamos para la compañía italiana de pastas, James me la pidió... —sus cejas se enmarcaron y sorprendida me observó. —¿Ahora lo llamamos por su nombre? —una pícara sonrisa brotó en sus labios. Maldije internamente por haberme expuesto yo sola. —No es lo que crees, fue... Fue un accidente. —Ajá... —Qué más da, por favor dame los archivos —dije regresando al tema. Si Darla descubría que entre James y yo sucedía algo, no me dejaría en paz nunca más. De pronto un disturbio nos distrajo. Al parecer un grupo de gente tenía una acalorada "charla" con alguien. Darla, curiosa, se levantó y caminó hacia el pasillo. Se quedó estática en la puerta dándole órdenes a los maquillista y peinadores. —Al fin esa modelo se digno en aparecer... —agregó al voltear hacia mi —. Le diré a Vanessa que te mandé los archivos no te preocupes, pero ahora debo trabajar amiga —hizo una mueca para demostrar que lo sentía. Acepté. Me despedí y quedamos de comer juntas, cerré la puerta de su oficina y mis ojos quisieron morir cuando vieron parada frente a ellos, a la que era la modela de la campaña de Darla. Ella al notar mi presencia ladeó su cabeza y sonrió de manera cínica. —¡Alexa! —dijo pegando un pequeño y fingido grito de emoción. —Azul... —contesté queriendo morderme la lengua por el coraje. —Así que aquí es a dónde veniste parar... Nada mal. —Ya ves, después de la mierda siempre viene algo mejor —ante aquel comentario su rostro cambió de expresión por una de molestia. —Pero ni este lugar pudo cambiarte... ¿No? —rebatió con cinismo y maldad. Sabía que lo decía por mi apariencia pero eso no me molestaba. Yo estaba segura de mi misma. —Linda hora para llegar no ¿Azul? —una furiosa Darla salió de la oficina, en su expresión se notaba lo alterada y enojada que se sentía. Mi amiga detestaba trabajar con personas que no se tomaban las cosas en serio —. Tuvimos que haber comenzado hace rato, y tú no llegabas. —¿Qué te puedo decir? —Azul se quitó su abrigo n***o y se lo pasó a su asistente. Una joven chica de cabello corto y rubio —. Lo bueno se hace esperar. Además estoy segura de que a tu jefe no le molestará. Una sonrisa sarcástica salió de mi, ¿en serio decía aquello? Esta mujer se creía el centro del mundo. —Eso o simplemente, Azul —ambas me miraron cuando comencé a hablar —, no entiende todavía el reloj. Es que es tan complicado de usar ¿no? —Darla, sorprendida por mis palabras frunció el ceño. Era de esperarse, pues hasta ahora no le había Contado de Kevin... Bueno si, pero no especifiqué detalles. La cara de Azul se puso roja. No le gusto nada lo que había dicho. Iba a responder, cuando algo distrajo a la oficina. James se acercaba a nosotras ¿en qué momento había llegado? Me enderece, y trate de no parecer intimidada ante su presencia. Una sonrisa de lado fue su saludo. Se paro frente a la modelo, e ignorándome le dio un beso en la mejilla. —¡James! Sigues igual de guapo —resagadas a un lado, estábamos Darla y yo, vomitando por dentro al ver como el jefe trataba a Azul. —Y tú igual de hermosa, eso no se te quita —James, con disimulo mantuvo la mano en su cintura, y volteó a vernos —. Espero le den un buen trato a esta bella mujer... —sus ojos se clavaron en mi. Lo observé con seriedad —. Azul es de las modelos mas increíbles que he tenido el placer de conocer, y estoy encantado de que haya aceptado trabajar con nosotras —volvió a tomar su mano y la beso con delicadeza. Me quedé en silencio con cara seria. Una vaga idea cruzó mi mente en aquel instante. James estaba habituado al mundo de modelos, tal vez ambos ya habían tenido algo. Eso explicaría su confianza, y ese trato hacia ella de su parte. Me hirvieron las orejas de tan sólo pensar que hayan estado juntos, me causaba repugnancia tan siquiera imaginarlos en aquella situación. Me contuve y no deje que eso me afectara, pero ¿cómo lograrlo? —No te preocupes —comenzó a decir Darla —. Te aseguro que ka tratare como se merece... —su tono más que amable, parecía algo pasivo-agresivo. Conociéndola, Darla no se privaría de hacer algunas cosas. —Eso espero —respondió James —. ¿Nos dejarían a solas un momento? —preguntó mirándome a los ojos. Si planeaba ponerme celosa no le daría el gusto. Nos alejamos unos pasos mientras ellos charlaban. —¿Crees que esos días se traen algo? —me preguntó curiosa mi amiga. —No lo dudo. Para Azul no hay imposibles —ellos reían y hablaban muy cerca, era muy obvio para todos que estaban coqueteando. Y luego él viene a decirme que quiere algo conmigo. Maldito idiota. Mi cara estaba roja de furia. —En fin... Enseguida regreso voy por los papeles a mi oficina —asentí, y mientas mi amiga se iba, me acerqué de forma disimulada a ellos. Quienes estaban tan acaramelados, que no notaban mi presencia. —¿Está noche? —preguntó con fingida inocencia Azul. —¿Acaso tienes algo mejor que hacer? —James le hablaba con sensualidad y su mano recorría su hombro con delicadeza pero sobre todo con erotismo. Me dio nauseas ver su hipocresía. —No, claro que no —Azul lo miraba con deseo. Acercó su rostro al de él, y al oído le dijo algo que no llegué a escuchar —. Espero que esta noche sea tan inolvidable, como las otras. —No tengas dudas de eso —agregó él con tono seductor, y mirada profunda. Apartó de su rostro el cabello que caía sobre las mejillas de ella, y luego las beso. No tocó su boca pero si la rozó. Las insinuaciones eran muy obvias. James se alejó sin prestarme mucha atención, sentía que lo hacia a propósito y eso me hervía la sangre. Azul me miró con desprecio. —¿Disfrutaste el espectáculo pequeña chismosa? —iba a responderle pero Darla apareció. Además en cierto punto tenía razón. Era una chismosa. Ya no soportaba más aquello por lo que decidí salir de aquel lugar. Cortés, me despedí de todos. Por supuesto ignoré a Azul. No estaba dispuesta a jugar sus jueguitos. **** Al fin día había acabado. No soportaba más quedarme aquí. Por lo que con cuidado apague el computador, tomé mis cosas y salí hacia el ascensor. Lo único bueno del día había sido el dulce mensaje de Matt, en el que me deseaba un lindo día, en el almuerzo. Además de aquello el día había sido asqueroso. Necesitaba mi cama, una buena pizza y un vino fuerte que me hiciera olvidar que este día había ocurrido. Aunque sin dudar lo peor era lo de Azul. Tendría que verla dando vueltas por aquí quién sabe por cuanto tiempo. Al fin cuando creí que no me podía pasar algo peor, el universo me escupía en la cara. Al abrirse el ascensor, un James sorprendido pero nada disgustado me observó. ¿¡Es en serio!? Respiro, y contemplo la idea de huir, pero estoy tan cansada que mis piernas me dejarían a mitad de camino. —Adelante, Alexa —dice con tono petulante. En su rostro puedo ver como disfruta de la situación —. Te aseguro que no soy peligroso. Ja, eso lo dudaba. Azul era la prueba irrefutable de eso. Eran tal para cual. Obediente, ingreso y me acomodo lo mas lejos de él, en la medida en que permite el cubículo. Al comenzar a descender, ninguno dice nada. Pienso que tal pueda salvarme de este incómodo momento, pero claro que eso no iba a suceder estando él aquí. —Que coincidencia tan agradable —agrega con la mirada hacia el frente. —No pensé que los grandes ejecutivos —debía admitir que esas palabras salieron con cierto desdén —, también se quedaran hasta tarde. —Ya vez, no todos son privilegios y beneficios. Ser el jefe no siempre es tan fácil como esperarías... —ruedo los ojos ante su respuesta. —Tal vez no todos son privilegios, pero si que tiene distracciones que valen la pena —mi comentario mordaz salió sin pensar. Él no dijo nada, decidió ignorarlo. Ya íbamos por la mitad, y aún nadie entraba a este ascensor a salvarme de este incómodo momento. Rogaba internamente para que algo pasara, pero nada. Al parecer hoy todos habían decidido salir temprano. Trague, y me mantuve en silencio. Tal vez así, entendería que no me interesa hablar con él, aunque ya había método la pata con aquel comentario. ¿Pero qué podía hacer? Callarme... Claro que no. —¿Recibiste mis chocolates? —recordar aquello me hace enojar. La conversación que quería evitar al final, terminaría sucediendo. Y yo no planeaba guardarme nada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR