Asiento y miro para otro lado ante su pregunta. Lo último que deseo es seguir hablando con él. Menos dentro de un espacio tan pequeño, donde su presencia me afecta hasta tal punto. Por suerte el verlo coquetear con Azul me abrió los ojos y me demostró que tenía razón. Era un playboy acostumbrado a obtener todo, pero eso no funcionaria conmigo. —Tal vez suene presuntuoso, pero me atrevería a decir que que te conozco... —en su rostro nace una sonrisa de autosuficiencia. Una maldita y sensual sonrisa —. Mucho más de lo que pudo imaginar señorita Williams. Estaba seguro de que serían de tu agrado. Mordí mi labio para evitar responderle lo que se merecía. ¿Cómo una persona podía creerse tanto? ¿Qué demonios quiere de mi? Aunque como prosiguió no logré seguir callada, por dentro habían muchas

