Hay muy pocas cosas con la que podría comparar lo que siento ahora, ese indescriptible sentimiento de tranquilidad que llega después de cargar algo muy pesado por horas y luego soltarlo; el sentimiento que tengo se parece un poco a eso, aun así, las palabras se quedan bastante cortas.
Nunca había sentido una necesidad tan fuerte de estar cerca de alguien, pero cuando vi a mis padres, aquellas escenas en las que los niños corren desesperados a brazos de sus padres ya no me parecen tan ridículas como el momento en que las vi ¿Ahora cómo podré seguir burlándome de Shakespeare?
Bueno, supongo que ese tampoco es un tema de interés. El punto es que antes de que pudiera razonar nada, mi cuerpo ya se movía por su cuenta, estaba corriendo hacia mis padres exactamente como cualquier niño lo haría.
Curioso, ¿No? Lo que está frente a mi es una hermosa y amplia pradera decorada por uno que otro árbol, también hay una que otra roca por el lugar, aparte de eso nada obstaculiza mi frenético recorrido.
Debo decir que la forma en la que mi madre empujó a mi padre disimuladamente para hacerlo caer de forma precipitosa estuvo de más ¿Quizá quiere llegar a mi antes que cualquier otra persona? Supongo que ahora sé de quién herede esta mala personalidad que me caracteriza.
Instantes antes de encontrarnos, mi madre cayó sobre sus rodillas y extendió sus brazos tanto como pudo y por supuesto sin pensarlo dos veces salté hacia sus delgados y reconfortantes brazos.
—¡Raigar! ¡Mi chiquito! ¡Mi bebe está vivo!—ella me abrazó con toda su fuerza, cosa que no me importa porque yo hice exactamente lo mismo —¡Ugh! ¡¿Pero qué demonios?!—después de un rato noté que el rostro de mi madre empezaba a palidecer y disimuladamente la solté. Al parecer usé demasiada fuerza para abrazarla —¡Cof! ¡Cof! ¿Qué pasa con esa monstruosa fuerza?—Preguntó incrédula mientras recupera el oxígeno.
—L-lo siento mamá, estaba muy emocionado de verte y pues…—tal parece que acabo de matar de manera espectacular un momento muy conmovedor.
—Uhm… parece que has crecido y tus ojos se ven más malvados que de costumbre hijo—dijo mi padre mientras se limpiaba el polvo y fingía que nada había pasado.
—Supongo que sería mucho pedir que te preocuparas por mí, ¿no es así viejo?
—¿Preocuparme? Eres mi hijo, no hay motivo para que te pase nada malo—respondió con total seguridad.
—Sí suena tan creíble, sobre todo cuando lloriqueabas a diario frente a la puerta de casa en lugar de salir a buscar a nuestro hijo—bueno… ¿Cómo debería decir esto? Mi madre es tan mordaz que incluso siento algo de lastima por mi padre.
—¡Uhumm!—mi padre se aclaró la garganta de forma sonora —No eran lloriqueos, ¿de acuerdo? Solo…
—Olvídalo, a nadie le interesa de todas formas—sip, mamá no ha cambiado nada —Lo que me recuerda…—el ambiente empezó a tornarse frio y peligroso de un momento a otro —¿Qué hacías deambulando tan lejos de casa Raigar?—es curioso como un rostro sonriente y gentil puede llegar a ser tan espeluznante.
—P-p-pues yo solo…
—¿Tienes alguna idea de lo preocupados que estábamos? Mi pequeño estaba afuera, solo, sin nadie que lo proteja y todo por no obedecer…—en vista de que mi madre había superado su momento conmovedor y todo su amor había sido remplazado por una furia sin fondo, emprendí una rápida retirada estratégica y trepé al primer árbol que vi, el cual afortunadamente estaba muy cerca de donde estábamos.
Aparentemente me retiré a tiempo, ya que sentí un ligero rose en mi cabeza y cuando observe detenidamente lo que sucedía desde una de las ramas del árbol, vi que mi madre tenía su zapato en la mano por algún motivo.
—Demonios, se me escapo viva la paloma—dijo con una sonrisa —Baja aquí hijo, mamá solo quiere darte un amoroso abrazo.
—¿Sí? Pues qué clase de abrazo necesita que la persona emane un instinto asesino como ese…
—Solo baja aquí, no eres un animal Raigar.
—Bueno eso es discutible…
—¿Cómo subiste ahí arriba de todas formas?
—Pues… ¿salté?
—Espera, no recuerdo que tuvieras esa capacidad física… ¿acaso solo fingías ser débil?
—No es como si tuviera oportunidades para hacer algo más que jugar en casa…
—Eso es cierto. Ahora volviendo al tema que nos ocupa, ¿podrías bajar aquí por las buenas? Mamá necesita desahogar su frustración.
—“ha aha ha… que mujer tan agradable, parece que no me libraré de esto sin un castigo, eh.”—pensé mientras a regañadientes buscó un lugar para caer.
—Vaya, sí que es veloz miaestro—dijo una agitaba Shiba que apenas y nos alcanzaba.
—¿No será que te estás volviendo vieja Shiba?—respondí desde el árbol.
—¡Mia! Eso no es cierto-Mia.
—Ella tiene razón maestro, incluso a mí me costó seguirlo, aunque solo buscaba la oportunidad para bajar—tal parece que incluso Artia tuvo problemas para seguirme, pero de momento no le voy a dar importancia a estos temas. Justo ahora hay algo que me preocupa todavía más que eso.
—Ellas son las personas que salvaron nuestras vidas y amablemente nos trajeron a este lugar, sus nombres son Artia y Shiba—dije después de bajar del árbol.
—Muchas gracias por haber traído con bien a mi hijo—dijo mi padre mientras agacha la cabeza.
—No, mi señor. Somos nosotras quienes deberíamos agradecer—inmediatamente Artia hizo una postura similar y le agradeció.
Mi madre por su parte las observó y posteriormente me observó a mí, luego levantó su mano en el aire. Sabía lo que se avecinaba y por eso cerré los ojos y apreté los dientes para recibir la bofetada. Sin embargo, después de un rato empecé a desesperarme por la espera y recelosamente abrí mi ojo izquierdo para espiar. La mano de mi madre temblaba mientras estaba suspendida en el aire y finalmente todo lo que hizo fue darme un golpecito en la frente usando su dedo.
—No vuelvas a preocuparme así Raigar.
—S-sí mamá…
—Muchas gracias por traer a salvo a mi pequeño, no sé cómo podríamos pagarles por esto.
—No, no se preocupe ama, es un placer-Mia.
—¿Ama?—mi madre parece algo confundida por el comentario de Shiba, pero al final simplemente mantuvo su reverencia de agradecimiento.
—Parece que ya han terminado, ¿les importa si intervengo en la conversación?—quien hacia esa pregunta era Argor, el jefe de guerra de nuestro pueblo y también el padre de Gresia.
Argor es un hombre fornido cuanto menos, su espalda es enorme, tiene la piel de un animal decorando sus amplios hombros, junto con un collar con siete colmillos, su cuerpo está repleto de cicatrices, sus ojos son de un color malva y su mirada es penetrante. Demonios, incluso su voz infunde respeto. Simplemente de qué caricatura de acción salió este sujeto.
—Mi hija me ha contado todo lo que han pasado y debo darte las gracias por lo que has hecho—dijo aquel hombre mientras Gresia se esconde tímidamente tras él por algún motivo que no comprendo.
Luego de eso, mi madre me soltó y fue al lado de mi padre mientras nos observa en silencio. Tal parece que esto es algo importante, por lo que también me puse algo tenso.
—No hay problema, era mi deber mantener a la futura matriarca a salvo.
—Así que tu deber, eh…—dijo eso mientras me observa detenidamente —Debo decir que escuché un par de cosas que simplemente me cuesta creer, por lo que…
—¿Eh?—de un momento a otro, ese hombre extendió su lanza hacia mí y por puro reflejo la esquivé a duras penas. El árbol que estaba a mis espaldas quedó hecho añicos y por supuesto yo estaba en estado de shock sin entender realmente lo que estaba sucediendo.
—Impresionante—afirmó y luego me atacó nuevamente con su lanza. Su velocidad y fuerza son malditamente sobrehumanas, a duras penas puedo ver esa peligrosa lanza acercarse a mí una y otra vez a una velocidad vertiginosa.
Si no fuera porque mis reflejos y mi capacidad física han aumentado de una manera ridícula, creo que a estas alturas ya habría muerto unas 12 o 13 veces.
—“¡j***r! ¿Qué pasa con este tipo?”—Ese pensamiento cruzó por mi cabeza mientras esquivo los mortales ataques.
Después de que el árbol a mi espalda fue literalmente partico en dos por la estocada de la lanza me dio algo de espacio para retroceder y para esquivar una lanza, la mejor opción es dar rápidos pasos hacia atrás mientras te mueves de lado a lado, algo parecido a hacer boxeo de sobras, pero con tu vida en juego.
—¡Maestro!—Artia tardó un tiempo salir de su confusión y correr a ayudarme.
—¡Miaestro-Mia!—Shiba no se quedó atrás y ambas flaquearon a Argor en un parpadeo.
Ante el repentino ataque, el jefe de guerra extendió su lanza magníficamente bloqueando así el ataque de Shiba y usando su monstruosa fuerza la mando a volar. Luego y sin un momento de duda, esquivó las mortales garras de Artia la cual caía en picada para hacer el máximo daño posible.
Increíblemente después de esquivarla la sujetó de la cabeza y la estampó contra el suelo.
—¡Maldita sea!—exclamé antes de finalmente lanzarme al ataque después de ver a mis dos compañeras en el suelo —Siento tener que hacer esto, pero a ver si te tranquilizas con uno o dos brazos rotos maldito.
Inmediatamente me lancé al ataque para evitar que les diera otro golpe a las chicas y tal como pensaba el nuevamente extendió su lanza hacia mí. Por los pelos la esquive inclinando mi cuerpo hacia un costado y luego apunte a su codo extendido para darle un golpe con la palma de mi mano.
—¡Quieto Raigar!—la voz de mi madre me obligó a detenerme en seco y gracias a eso perdí la oportunidad de golpear a este hombre. Esa fracción de segundo en la que regresé a ver fue suficiente para que él conectara una poderosa patada en mi estómago y me enviara al piso.
—¡Ugh! ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof!
—Ahora veo que esas historias no fueron una exageración—dijo mientras me observa hacia abajo —Bienvenida a casa niña.
—“¿El acaba de decirme niña? Otro idiota que me confunde con una mujer… Que sepas que esta me la voy a cobrar viejo.”
Fue lo último que pensé antes de perder la conciencia, había llegado a casa después de pasar por muchos problemas y sin embargo, mi destino aún era incierto.