CAPÍTULO 12

1015 Palabras
Ellas deben escogernos. Gonsal levantó la mirada de los pergaminos, aquellos que contaban la historia de los inicio de su pueblo y volvió a mirar hacia la tienda de su Alfa, en concreto a la entrada de esta, deseoso de ver salir por ella a su compañera, que llevaba allí dentro desde que entró con él al medio día para curar y cambiar el vendaje a la hembra de su líder. De su boca salió un suspiro de desilusión a ver que la entrada de la tienda seguía cerrada y sin rastro de su hembra. Gonsal levantó la mirada al cielo que se estaba oscureciendo. Llevaba mucho tiempo allí dentro. Sus ojos recorrieron curiosos el campamento para saber como lo llevaban el resto de sus compañeros y vio que al igual que él, ellos también estaban controlando la tienda. Han, segundo al mando y futuro Beta de Clan de Nirud cuando todos se establecieran en su nuevo hogar, se había sentado fuera de su tienda y raspaba la piel del animal que había cazado, lanzado miradas seguidas a la entrada cerrada. Aslan, el más temperamental de todos ellos, cortaba leña entre dos tiendas al otro lado de la hoguera, justo frente a la de su jefe. Cada vez que miraba a la tienda de su Alfa y seguía sin rastro de su pareja, el hacha caía con furia sobre el tronco de madera, partiéndolo en dos de un solo golpe y enterrándose esta en la tierra varios centímetros. Kai y Tares hablaban entre ellos de la última casería, pero sus miradas no paraban de dirigirlas hacia la entrada de la tienda. Sin esperarlo, Gudo, el m*****o más joven de ellos, se dirigió ligero hacia el linde del bosque y se paró allí mirando la maleza, como buscando algo. Gonsal observó que todos habían dejado de hacer lo que estaban haciendo y ahora miraban curiosos al joven Lobre que había hecho un movimiento tan inesperado. Poco a poco, todos vieron como Gudo caminaba siempre mirando los arbusto, en dirección a la parte trasera de la tienda donde estaban las hembras, y se detenía justo detrás de esta, pareciendo siempre que estaba interesado en lo que había entre la maleza. La mirada de todos seguía centrada en el m*****o más joven del grupo, a la espera de verle cualquier reacción que les informara de que estaba escuchando a las hembras hablar. Aparte de que estaban deseosos de que salieran, también lo estaban por saber que tipo de conversación mantenían entre ellas para que llevaran tanto tiempo sin salir ninguna del interior de la tienda. Pasaron los minutos sin que la expresión de Gudo cambiara, no expresaba signo de que las estuviera escuchando, por lo que Gonsal supo que las hembras sabían que uno de ellos estaba cerca y habían dejado de hablar. El oído de un Lobre era muy bueno, por lo que a tan poca distancia como estaba Gudo de la tienda, era imposible que no las escuchara hablar si lo estuvieran haciendo, por lo que era evidente que sabían que las espiaban. Con una sonrisa pesarosa, Gonsal volvió a intentar concentrarse en la lectura de los pergaminos, estaba claro que hasta que Nirud no volviera y las echara a todas de la tienda, estas se quedarían cerca de su líder todo el tiempo que pudieran, ahora que ella estaba despierta. La noche llegó por fin e Icar, Alfa del Clan Lobo, vio como la luna llena se alzaba en el Cielo. Nervioso por ser el portador de la rama de fuego, acercó esta a los demás palo, que siguiendo los consejos mío, se habían cubierto de grasa animal para que prendieran con rapidez. Casi al instante, un gran fuego, tan grande como casi dos Lobres adultos, ardió frente a la cueva del Clan, iluminando la entrada de esta y todo lo que había alrededor de la hoguera a varios metro de distancia. Fuerte aullidos salieron del fondo de la cueva, avisando a Icar que la ceremonia de unión acababa de comenzar. Una a una, las únicas seis Lomu que aún vivían del Clan Lobo, comenzaron a salir en fila de la cueva, todas ellas adornando sus cuerpos casi desnudos, con las pinturas simbólicas que se pintaban cuando se llevaba a cabo un ritual. Por último y pintada con las runas de la unión, iba yo, su pareja predestinada, la única capaz de satisfacerlo en todo y a la que amaba más que su propia vida. Nada más salir al exterior, mis ojos se toparon con su ardiente mirada llena de futuras promesas. Me sentí la mujer más afortunada de este mundo y del mío, había conocido al gran amor de mi vida. Las Lomus, comenzaron a ejecutar su sagrada danza alrededor de la hoguera, era la primera vez que lo hacían de esa forma, con el fuego como elemento central en el baile. Karla, la Lomu de más edad, me hizo la señal indicada para que me uniera a la danza y con nerviosismo, obedecí a su señal como de antemano ya habíamos acordado. Tres Lobres más se unieron a Icar, todos queriendo participar en la celebración de mi elección de compañero. Esa había sido mi única petición cuando llegué a este mundo e Icar me capturó para obligarme a ser su compañera, ser yo la que escogiera con quién emparejarme… Gonsal se congeló mientras volvía a releer la última frase del pergamino. Este era una copia, escrita de su padre para él, de los pergaminos sagrados de la Diosa, dónde según cuenta las historias de sus antepasados, fue escrito por ella misma. En él se relata las vivencias de ella cuando llegó al planeta proveniente del mundo de los Dioses y se encontró por primera vez con su pareja predestinada, Icar, un antepasado de los Lobres actuales. En esas historias estaban escritas las leyes actuales que ella ordenó que todos obedecieran y que él como Cuman se las sabía por haberlas estudiado desde pequeño. —¡Que la Diosa me perdone por mi negligencia!— exclamó angustiado, levantándose para buscar con urgencia a Nirud.
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