CAPÍTULO 13

939 Palabras
Ellas no deben saberlo Nirud miró el cielo mientras volvía al campamento y se sintió culpable por haberse ausentado tanto tiempo, pero le había llevado más de lo que había imaginado calmar su deseo. La primera vez que se auto complació pensó que estaría saciado por unos días, pero el deseo volvió a la hora, después de haberse bañado en el río y justo en el momento en el que estaba tumbado en la verde hierba, dejando que los rayos de sol secaran su cuerpo antes de volver al campamento. Su mente había estado planeando los siguientes días, qué grupo cazaría, quienes recogerían madera, y por las noches quienes eran los que montarían guardia en el campamento, y sin darse cuenta, había vuelto a su cabeza los últimos momentos pasado con su compañera. Asombrándose incluso él mismo, notó cómo su v***a volvía a crecer sobre su vientre y sintió de nuevo por todo su cuerpo el fuerte deseo de poseer a su pareja. Poco después volvía a auto complacerse, sintiendo el mismo placer que la primera vez. Y aún hubo una tercera vez, por lo que supo que su deseo no quedaría de verdad saciado hasta que la poseyera a ella de verdad. Con esa intención volvía al campamento, esa noche pensaba por fin descubrir lo que de verdad se sentía al enterrarse dentro de una hembra y si se parecía a lo que había experimentado esa tarde en la orilla del río. —¡Nirud, he cometido un error!— Nirud salió de golpe de sus pensamientos y miró al Lobre que se le acercaba nervioso entre los árboles y lo reconoció. Su cuerpo se puso en tensión al entender sus palabras y temió por su compañera. Con rapidez, acortó la distancia que los separaban y le exigió que le contara lo que había ocurrido. —¡Tienen que escogernos Nirud, ellas son las que deciden con quién emparejarse en el ritual de unión, es la ley de la Diosa!— exclamó Gonsal exaltado. —¡Se me pasó esa ley porque nuestras hembras desde hace años son emparejadas desde antes incluso de su nacimiento con alguien del Clan y crecen aceptando y sabiendo quién será su futuro compañero!— —No, eso no es así, son los padres de las Lomus los que deciden con quién emparejar a sus hijas, ellas jamás han escogido a sus compañeros— le contradijo Nirud calmándose a ver que su compañera no estaba en peligro.— —¡No, hay veces en las que si escogen y tu madre lo hizo, ella eligió casarse con Rutal, ya lo sabes!— —Eso es porque sus padres están muertos y no podían elegirle de nuevo un compañero.— Le aclaró con calma Nirud.— —Te equivocas Nirud, yo estaba con tu madre cuando se le comunicó que tenía que escoger una nueva pareja. Ante la falta de Lomus y crías en el Clan, no se podía dejar más de un año de duelo a tú madre, por lo que el Alfa y el nuevo Cuman fueron los que le dieron la noticia de que tenía que volver a emparejarse. Ella por lo que pude ver, ya sabía que pronto se lo pedirían y les dijo a ambos en ese momento el nombre de Rutal. Entonces fue cuando me acordé de las leyes de la Diosa que mi padre me hizo aprender y supe que tú madre sabía de esa ley también y estaba ejerciendo su derecho en ese momento.— Gonsal vio como el rostro de Nirud se ponía blanco, casi del mismo tono que se habría puesto el suyo al comprender las futuras consecuencia que tendría esa ley para todos ellos. —Si de verdad es así la ley, ellas no pueden saberlo, ninguno de nosotros se emparejaría si se enteraran que pueden rechazarnos sin que podamos hacer nada para retenerlas a nuestro lado.— Soltó Nirud. Gonsal lo miró con asombro al escucharlo hablar. —En la próxima luna llena nos emparejaremos, ellas nos elegirán sin saber que tienen otra opción y todo quedará resuelto— siguió explicándole Nirud. —¿Qué le diremos a los demás cuándo sepan qué no pueden poseer a sus compañeras hasta la próxima luna?— preguntó Gonsal, reponiéndose de su asombro y aceptando mantenerse callado. —¿Quééé?— Nirud miró a Gonsal como si a este le hubiera crecido otro par de orejas en la cabeza.—¿De qué hablas Gonsal?— La expresión con la que lo miraba hizo comprender a Gonsal que de verdad Nirud no sabía que la ley de la Diosa prohibía poseer a una Lomus que tenía que escoger pareja en la próxima luna llena. —Según la ley de la Diosa, ellas deben de llegar puras al emparejamiento y eso significa que no deben de haber estado unidas íntimamente a ningún Lobre en el último ciclo lunar, y ahora nos encontramos desde hace dos días en ese periodo de tiempo— explicó apesadumbrado Gonsal— tenemos que dejarlas tranquilas veintiséis día más. Con un arranque de ira como jamás lo había visto Gonsal, Nirud arremetió contra todo árbol o arbusto que se encontraba a su alrededor, destrozando partes del tronco de dos árboles bastante gruesos y arrancando del suelo un arbusto de grandes dimensiones. Entre medio de aquel arranque de ira, Nirud miró enfurecido a Gonsal. —¿Y cómo se supones qué vamos a poder soportar esa tortura tanto tiempo?— Gonsal lo miró con empatía, entendiendo muy bien la pregunta de su Alfa. Iba a ser veintiséis días de torturas para todos ellos.
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