Me desperté muy feliz. Me levanté de la cama y me puse la camisa de Troy, que me quedaba grande y me hacía sentir su presencia cercana. Decidí preparar el desayuno favorito de Troy, el cual es [inserta el desayuno favorito aquí]. Mientras me movía por la cocina, sintiendo una oleada de satisfacción, Troy entró. Me abrazó por la cintura y dejó un beso en mi cuello. —¿Quién te autorizó a usar mi camisa? —preguntó con un tono juguetón. —Pero cariño, no traje ropa —respondí con una sonrisa, sintiendo su calidez a mi lado. Su risa baja y sincera llenó la cocina mientras él se acomodaba en la mesa, listo para disfrutar de la sorpresa que le había preparado. Troy se acomodó en la mesa mientras yo servía el desayuno. Sus ojos seguían fijándose en mí, llenos de afecto y gratitud. —¿Sabes

