Alma, no podía creer que su ex esposo Esteban hablaba en serio. Lo miró un poco aterrada y confundida. Deseo que Agustín, apareciera. Sin embargo, no lo hizo. —Por favor, no le hagas daño —suplicó y él se rió divertido. —Será difícil, porque es lo que más quiero hacer —comentó y ella hizo una mueca de tristeza. —Está bien, iré contigo, pero no le hagas nada a Agustín. Y así fue, Alma, se subió aquel auto, sabiendo que quizás ya no volvería a ver a Agustín. Le dolió el alma profundamente, pero si fuera para mantener a salvo a quien amaba, lo haría. Amaba a Agustín con todo su corazón. Cerró los ojos, porque el movimiento del vehículo. Le provocaba náuseas. —Llegaremos pronto. No te preocupes. —Te odio —comentó con lágrimas en los ojos. En menos de un segundo, habían llegado a

