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311 Palabras

—Quiero morir, quiero morir —repitió una y otra vez hasta que se quedó dormida. Así pasaron las noches, Alma llorando hasta el cansancio por el dolor que sentía y Agustin apoyándola. Eran días difíciles, llenos de tristeza y a veces también de felicidad. Como en esos momentos que Alma le gustaba caminar en el bosque tomada de la mano con Agustín. Iban hablándole a la bebé y Agustín se sentía feliz. —Mira amor, este es el claro donde te traerá papá. —La traeremos juntos —comentó Agustín. —No puedo creer que sea una niña. —Me gusta el nombre Emma. —Era de una amiga. Me pregunto qué será de ella. —¿Quieres visitarla?, podemos ir —No lo sé, quiero estar aquí. —Alma, eres fuerte, y... —Lo sé, pero cada día siento que se me va un pedacito de vida. —Estoy aquí y lo sabes. —No

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