—¿De qué estás hablando? —Oh, Alma no le has dicho la verdad a tu esposo ¡es increíble! Ahora entiendo todo. Si no ¿Por qué te casarías con una moribunda? —dijo y empezó a reírse divertido Esteban. —No lo escuches —suplico alma. Agustín enseguida, se acercó a un sofá, tomó una manta y la cubrió. —Tranquila cariño —murmuró con cariño. —No la trates bien, es una mentirosa —comentó Esteban. —Cállate y vete de mi casa. —Averígualo, adivina qué enfermedad tiene, y lo poco que te va a durar como esposa. Lo único que has hecho es desperdiciar tu vida, unos sacos de huesos que pronto va a desaparecer —siseó con odio y Agustín lo empujó de la casa. Cerró la puerta y se dio la vuelta. —¿Estás bien amor? —preguntó acercándose a ella y mirándola. —¡Ese idiota estúpido! ¡como te dejó el cuel

