—Espera, ¿Cómo sé yo si.. no me quiere secuestrar? y... —¿Acaso tengo pinta de secuestrador? —preguntó, levantando una ceja. —Básicamente me secuestraron. Así que un secuestro más un secuestro menos —murmuró y se encogió de hombros. El, emitió una sonrisa y ella le sacó la lengua, tal cual una niña de 5 años. El pasillo era extenso, Alma pensaba que en ningún momento llegaría hasta el final. En menos de un pestañeo, estaban frente a una gran puerta de madera. Parecía de roble macizo, con un acabado en caoba, y una manija dorada. El sujeto, que aún no sabía el nombre, giró la perilla e ingresaron. Ella, observa todo con sorpresa. El lugar, era básicamente puras estanterías de libros. Asombrada y entusiasmada, corrió para alcanzar algunos. Pero fue detenida por unas manos de su cin

