Capítulo 4

1356 Palabras
Cuando Samantha le echo los brazos al cuello, Juan la beso con toda la pasión que dominaba su mente y su cuerpo. Y ella respondió de la misma manera. En el instante en que Juan se tumbo encima, atraiéndola al mismo tiempo hacia si, Samantha pudo sentir la dura prueba de su excitación. Sujetándola de la cintura con una mano, él deslizo la otra bajo la solapa de la bata para descubrir la aterciopelada suavidad de un seno. >, pensó mientras cubría su cuerpo de besos, descendiendo cada vez mas, deteniéndose en el pulso que latía en su cuello antes de abrirle la bata y apoderarse de un pezón. Se lo acaricio meticulosamente con la lengua y Samantha gimo su nombre. Luego, lentamente, con la paciencia de un devoto amante, se dedico a lamerle y chuparle el seno hasta que sintió los dedos de ella clavándose en su espalda. -Ay, Dios mio. Deberían fusilarme por esto -musito, intentando aferrarse a algún resto de sentido común. Pero incluso mientras lo hacia se abrió el cinturón y se desabrocho los tejanos. -Ámame -le suplico ella, con su cuerpo esbelto brillante de sudor. Samantha lo recibió eufórica y, cuando la penetro, sintió una leve punzada de dolor antes de perderse en un mar de felicidad. Le acariciaba los duros músculos de la espalda y le besaba la cara y el pecho mientras se oía a si misma gemir, gritar...Chillar incluso cuando los crecientes embates de Juan la arrastraron a un clímax que durante varios minutos la dejo estremecida, convulsa. Poco a poco fue descendiendo a tierra y suspiro, maravillada. Envuelta en sus brazos, escuchaba los sonidos de la noche: la irregular respiración de Juan, tronar su propio corazón, el salto de un pez en el estanque, el sonido de una rama al romperse... Sintió que el se tensaba de repente. La beso con ternura antes de volver a cerrarle la bata. -Vuelve a casa -le susurro al oído. Acallo sus protestas poniéndole un dedo sobre los labios. -Pero... -Chist - escruto la oscuridad -, he oído algo. Creo que no estamos solos. Iré a buscarte pronto -le prometió. Sigilosamente, empiezo a vestirse. Lejos de discutir con él, Samantha siguió instrucciones al pie de la letra. Con una mano en el cinturón de la bata y sosteniendo las zapatillas con la otra, corrió descalza por el sendero. Entro jadeando en la casa a oscuras y subió por la escalera trasera hasta su habitación. Una vez acostada en la cama, espero con el corazón acelerado a que llegara Juan, atenta al menor sonido. Estaba segura de que cumpliría su promesa y volvería con ella. Solo era cuestión de tiempo. Con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que alguien debía habérselo impedido: quizás la misma persona que habia oído acercarse al estanque. Intento no darle demasiada importancia. Ya lo vería en la mañana. Enfrentarse con su padre, o con quienquiera que lo hubiera sorprendido, no iba a ser fácil, pero estaba convencida de que Juan podría soportarlo. Cayo en un profundo sueño y se despertó mucho mas tarde, pasadas las diez. Se ducho, se vistió y bajo las escaleras. Encontró a su padre sentado a la mesa de la cocina, tomando café y leyendo el periódico. -Buenos días - saludo Samantha. Todo parecía normal. Evidentemente, Cesar habia salido a hacer su revisión rutinaria de las cuadras al amanecer, como tenia por costumbre. Estaba  recién afeitado, sus botas estaban recién colocadas al lado de la puerta trasera y ya habia terminado de desayunar. Alzo rápidamente la mirada, frunciendo el ceño. -Buenos días. -Buenos días, cariño -dijo su madre, Victoria, entrando en la cocina procedente del comedor. Iba perfectamente peinada y aprecia que acabara de maquillarse-. Te has levantado muy tarde, hija. No estabas aquí para despedirte de Juan. -¿Despedirme? -repitió, consternada. -Si -Victoria se sirvió una taza de café mientras se sentaba frente a Cesar -. Parece que Melissa y él han decidido casarse lo antes posible. Ya era hora por cierto. Llevan juntos toda la vida. La boda sera probablemente la semana que viene, así que se ha marchado a Ciudad Bolívar, para alquilar su apartamento. Samantha se apoyo en el mostrador, a punto de dejar caer al suelo la taza de café. -Supongo que se habrá cansado de trabajar en el rancho -dijo Cesar -. No lo culpo . Desde que aprobó el examen de practicas, no hay razón de que siga perdiendo tiempo aquí cuando ya podría estar ejerciendo de abogado. -¡Cesar! -lo recrimino Victoria, pero su marido se limito a reírse entre dientes. A Victoria le brillaron los ojos de emoción ante la perspectiva de la boda. A Samantha, en cambio, le ardían por las lagrimas. -¿Por que nadie me ha despertado para que pudiera decirle adiós? -No habia razón para hacerlo -repuso su padre, encogiéndose de hombros -. Juan volverá. Es un bala perdida. Tiene la costumbre de dejarse caer de repente sin avisar. -¡Cesar! -volvió a reñirlo su esposa. -¿No quería Juan... hablar conmigo? -balbuceo Samantha. -No creo. No me dijo nada. ¿A ti te dijo algo, cariño? -No -respondió Victoria. Al ver la expresión dolida de su hija, esbozo una sonrisa amable -. Es normal, estaría pensando en los planes de la boda y todo eso. Ya lo veras entonces. Samantha se sintió traicionada, pero decidió no creerse nada... No hasta que lo hubiera escuchado de los labios del propio Juan. El problema fue que Juan no volvió a llamar ni regreso al rancho. Y se caso con Melissa dos semanas después de haber hecho el amor con ella en el estanque. >, se prometió, furiosa, la mañana de la boda. Para decepción de su madre, se negó a asistir a la ceremonia. -No puedo, mamá -admitió cuando Victoria le pidió una explicación -. Simplemente no puedo. -¿Por que no? - le pregunto su madre, sentada en el borde de la cama, mirando a su hija pequeña con expresión preocupada. Samantha se habia acercado a la ventana y fingía completar el paisaje. -Juan...Juan y yo hemos tenido un ...desacuerdo. -Eso es normal entre hermanos... -¡No es mi hermano! -Ah, entiendo... Victoria arqueo una ceja. -Pues no se como puedes entenderlo -repuso Samantha. Se sentía desgarrada por dentro. Nadie podría comprendedla, y mucho menos su madre. ¿Por que no dejaba en paz todo el mundo de una vez?  Pero las siguientes palabras de Victoria la dejaron paralizada de estupor: -Siempre es duro enamorarse del hombre equivocado. -¿Que? ¿Como...? -¿Que como lo se? Lo se y basta - esbozo una sonrisa triste -. Yo también he sido joven y ..., bueno. he cometido unos cuantos errores.  -¿Con papá? Virginia evito la mirada de su hija. -Sí, cariño. Con tu padre. Habia algo enigmático en su voz, pero Samantha no podía pensar en ello. Ni en nada mas, por cierto...¡Melissa iba a convertirse en la mujer de Juan Andrade! Tenia la sensacion de que todo su mundo se estaba desmoronando. -Pero es que lo quiero tanto...-admitió. -Y él esta a punto de casarse. No puedes hacer nada para evitarlo. Ya no. -Claro que si -replico. llorando -. Pienso olvidarme de él. Jamas volveré a dirijirle la palabra. Y...jamas volveré a enamorarme de ningún hombre. Victoria también se habia emocionado. Le sonrió a través de un velo de lagrimas. -No seas tan dura, ya encontraras alguno que merezca la pena. David te quiere. -Mamá...-Samantha puso sus ojos en blanco -. David solo es un... amigo. -¿Y Juan era algo mas? -Sí. -Ah -la respuesta pareció sorprenderla. Y preocuparla también. -No te avergüences de mi, por favor. -¿Todavía lo quieres? -pregunto su madre, suspirando. -Ya no -cerro los puños, decidida -. Ya no, y nunca mas. Juan pronto se convertiría en el marido de Melissa, así que ya no podía importarle menos. Lo que no se imaginaba era que nueve años después todavia estaría intentando convencerse de que no le importaba en absoluto.
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