Sebastian se habia ido directo a su casa. No podía seguir en las fachas que andaba, ya habia dado mucho de que hablar alla en la clínica. No hacia falta seguir así. Entro se dio una ducha y luego llego de nuevo a la casa pero esta vez como debió ser por la puerta principal.
Toco el timbre y de inmediato Samantha fue abrir. Cuando vio que era Sebastian ella no pudo aguantar las ganas de abrazarlo, primero por la ayuda que le habia prestado a su padre y segundo por que era su amigo. Él la recibió con los brazos abiertos.
-Ya era hora de que me saludaras como debía,- dijo él en ese instante emocionado de ser recibido como tanto el lo deseaba.
Ella lo miro y algo en sus ojos hicieron que ambos se sonrojaran. Aun habia algo muy misterioso entre los dos. Aunque ella siempre decía que solo era la costumbre de verlo como el hermano de su amiga. Él le prenso la nariz con sus dedos muy suavemente que ella sintió que su corazón se aceleraba.
-Ven pasa, tenemos mucho de que hablar.
-Si me imagino que si,- respondió él ya con la certeza de que ella se sentaría por un largo rato preguntándole hasta lo ultimo de su vida.
-Tú papá, ¿donde esta? No me digas que se echo a dormir. Para que lo consientan. Eso no esta bien.
-Esta en la habitación con mi mamí, dándole la cena.
Cuando ambos llegaron a la puerta de la habitación Victoria le estaba dando la comida ella misma. Cosa que le pareció muy gracioso a Sebastian y se carcajeo de una. Ambos voltearon a mirarlo, sorprendidos al verlo allí parado tan guapo. Pero esta vez con camisa pantalón y su cabello muy bien peinado. Y aquel aroma que dejaba a todos enamorados. Es fragancia a hombre que excitaba.
-Hola hijo, pasa adelante. Estoy consintiendo a este hombre para que se recupere pronto, no me gusta verlo enfermo. Y mucho menos lejos de casa. Aquí no tengo mis plantas, que yo se que lo ayudarían mucho.
-Bueno Victoria por ahora el solo necesita de alimentarse sanamente, nada de bebidas alcohólicas, ni de grasas. No hace falta que le quites las cosas que el come normalmente solo disminuye el exceso, solo eso. Recuerden que ustedes ya estan en una edad que los excesos no son muy buenos. Se acuerdan hace días cuando estaban bailando en el restaurante. Bebieron y se excedieron con las comidas pesadas.
-¿Y como sabes tú que estuvimos bailando?, pregunto Victoria confundida.
-Un pajarito me envío un ideo.
-Entonces ya habías hablado con Samantha.
-Si, pero no nos habíamos visto. Así que desde ese día no habia tenido comunicación con ella.
Samantha los interrumpió no quería que siguieran preguntando nada mas, no quería que sus padres se enteraran que habia estado encerrada por varios días y sin comer.
-¿Ya cenaste, Sebas?, pregunto Samantha enseguida.
-No, aun no. Aunque creo que es muy temprano para hacerlo.
-Te parece. Yo prefiero comer temprano así la comida se digiere antes de irme a dormir,- respondió Samantha. Ven acompañarme no quiero comer sola. Ahora estos dos aquí encerrados, te podrás imaginar.
-Bueno si es tu gusto. Una invitación de vez en cuando no esta demás, así sea muy temprano para mi. Siempre me adapte a comer casi a media noche, cuando la guardia me lo permitía,- dijo sonriendo.
-Dios Sebas, y nunca te enfermaste del estomago.
-No, solo la vez que mamá me castigo con el aceite de ricino,- se carcajeo al volver a recordar aquella anécdota.
-Que tiempos mas buenos. Como inventábamos. Pero cuéntame. ¿que has hecho durante todo este tiempo? Janet siempre me decía que estabas viajando haciendo postgrados en varios países.
-Si, estuve en Alemania, luego me mude a Nueva York y por ultimo pase un tiempo en África ayudando un poco por alla, sabes como es la vida en esos países. Y hace poco recibí una oferta para trabajar aquí en Venezuela en una parte del Amazonas. Mas que todo por cuestiones de investigación. Pero aun lo estoy pensando. Es que tengo algo pendiente por hacer en Canadá.
Eso le sonó un poco comprometedor a Samantha que de pronto sintió un estrago en el estomago.
-¿Que una novia?,- pregunto de inmediato Samantha, él era un hombre de pocas palabras pero cuando se le preguntaba algo era muy directo en responder.
En ese momento, no respondió por que estaba saboreando un gran sorbo de chiguire.
-No en realidad, es algo mas complicado. Por ahora no quiero hablar del tema. De pronto mas adelante. Pero por ahora me quedare unos días disfrutando de mi nueva casa.
-Eso es otra cosa, como no me dijiste que querías comprara la casa. El día que hable contigo, no me hiciste ningún comentario.
-Esa es la respuesta el día que tu hablaste, nunca paras, Sam. Si de broma me dejaste saludarte y cuando ya iba a contarte me cortaste la llamada.
-Discúlpame, tengo esa mala costumbre. Que no se me quita. ¿Que puedo hacer?,- ella hizo un gesto con los hombros y le guiño un ojo. Y, ¿donde dejaste los anteojos? Distes un cambio rotundo. Cuéntame.
-Bueno si, eso se lo debo a una chica que conocí en Alemania. Yessica Weber. Venezolana de padres Alemanes. Ella fue mi asesora durante los primeros años en el Intercambio Académico (DAAD) es la organización promotora del intercambio internacional de estudiantes y científicos más grande del mundo. Bueno, al principio mi aspecto no me ayudaba, así que ella junto a mis compañeros empezamos con fortalecer nuestros cuerpos. Practicábamos a diario escalar y a nadar en aguas heladas. Si no te querías morir congelado tenias que nadar con todas tus fuerzas. Luego cuando vio mis cambios físicos un día me quito los lentes y me hizo poner unos de contacto ya lo de peinarme sucedió el día que fuimos a conocer a sus padres. Cuando me vi al espejo me gusto lo que vi y bueno de allí en adelante. Las conquistas empezaron a llegar por montones.
-En serio Sebas, y ¿que paso con ... las chicas?
-Ninguna me tomo en serio,- jajaja se burlo él.
-Ellas o tú, - replico de nuevo Samantha.
-No vale. Mi propósito era estudiar, y seguir avanzando en mi carrera. No podía dejar las cosas a medias. Luego de tres años allí me mude a Nueva York. Seguí con el mismo grupo de intercambio y concluí lo que mas deseaba y era graduarme de Cirujano con los mejores honores. Allí, después de unos meses empece a salir con Nohemi Carvajal, era nueva en el grupo y fui yo quien la ayudo esta vez, pero ella tenia otras ideas de la vida con las que no cuadraba mi vida y decidimos cada quien seguir su camino. Hasta que me invitaron a pasar unos días en el África y sin decirte mentira ame estar alla. Las cosas no son fáciles en un país como ese. Hay días en que si despiertas sabes que pasaras un día bastante agitado. Hay muchos tipos de grupos terroristas que se adueñan de las tierras y de todo. Hasta de las propias personas. Cuando crees que estas bien en un lugar resulta que son los peores. Yo estuve en un sitio donde tuve que convertirme en un militar para poder ayudar a un grupo de personas que estaban muriendo de hambre y de distintas enfermedades. Por mas que fueran algo simple la indigencia era mucha. Me convertí en segundo al mando por unos dos años hasta que mataron a un grupo de niños y mujeres en un día de fiesta, donde estábamos celebrando la boda de la hija del jefe de la tribu Zúlu. No pude continuar allí, todo se convirtió en una guerra constante, logre sacar a una gran cantidad de niños y mujeres embarazadas. Viajamos por largos días con la poca comida que pudimos recolectar hasta que llegamos a una nueva tribu >, Esta tribu vive cerca del río Omo, en el Parque Nacional del Omo. Los habitantes de este pueblo son aproximadamente unos 9 mil, distribuidos en pequeñas comunidades con un líder local. No necesitan de las nuevas tecnologías para vivir. Solamente valerse de armas y el apego a sus tradiciones. Creen en una fuerza superior que está en el cielo a la que llaman Tumwi, que puede manifestarse como un arcoíris o un ave. Allí aprendí a meditar y a pedir al cielo.
Al principio las mujeres no querían quedarse allí por que se decían que tienen la fama de ser los más peligrosos. Los turistas que se avecinan a sus territorios y los fotógrafos que están ávidos por retratar su cultura, les pagan para pasar unos pocos minutos con ellos y luego se van rápido, asustados por las historias que cuentan los locales sobre su personalidad. Además, un dato no menor es que están fuertemente armados.
Me costo mucho convencerlas, aunque estábamos armados, ellas estaban embarazadas y el riesgo era muy grande pero necesitábamos alimentar a los niños y ellas estaban ya sintiéndose muy débiles, una de ellas empezó a presentar señales de parto cuando llegamos. Eso fue, lo que nos permitió que nos dejaran quedar. La esposa del jefe de la tribu Mursi nos tendió la mano y nos llevo a una choza para ayudar a Alika que ya estaba a punto de tener a su hijo. Ellos vieron ese nacimiento como una bendición traída de los cielos.
Pero más allá de eso, poseen una cultura digna de ser conocida. Ya que a medida que pasan los años, sus tradiciones, costumbres y prácticas pueden ir modificándose. Los Mursi saben bien como arreglarse. Este pueblo es especialista en la belleza y le dan mucha importancia a los adornos y a la decoración.
Aunque usen simplemente una manta ligera para taparse, envolviendo sus hombros o cintura, dominan muy bien el arte de la ornamentación. Una de las tradiciones más particulares de la tribu se observa en sus mujeres.
Estas estiran sus labios y orejas con discos enormes de arcilla que desfiguran su rostro casi de forma inhumana. Hoy, este ritual tiene que ver con conservar un alto valor como mujer y esposa, pero tiene su origen en un recuerdo doloroso. Esto lo empezaron a realizar debido a que cuando llegaban los europeos se enamoraban de sus mujeres y las raptaban o se las llevaban a vivir con ellos.
Allí permanecimos un largo tiempo hasta que todas parieron, unas se quedaron otras decidieron seguirme hasta que decidí regresar de nuevo a la vida civilizada donde me traje conmigo a Johari. Ella se convirtió en una enfermera del Hospital Monte Sinai, en Nueva York y aun esta trabajando y estudiando. Es una gran chica. Ya te mostrare fotos de todas ellas.
-Ah y es que coleccionas fotos y todo,- se bufo Samantha. Disculpa se que son muy importantes para ti. Creo que no ha sido fácil tener que haber vivido ese tipo de experiencias, me imagino que debes tener pesadillas.
-No para nada Sam. Yo ame cada una de mis experiencias, es allí donde tú aprendes a valorar, todo cuanto esta a tu alrededor. Sabes lo que es enseñar a un niño de apenas seis y ocho años a convertirse en hombres para salvar sus vidas y a una mujer cargar dos o tres niños en sus espaldas para poder salir de un mundo de guerras absurdas e innecesarias donde tu vez tierras por todos lados. Pero viven aterrados de que los que lleguen les roben sus mujeres o riquezas. Es algo que a veces no le encuentras la lógica.
-¿Regresarías de nuevo alla?, pregunto Samantha sorprendida aquel relato.
-No lo sé. Muchas veces cansa ver tanto dolor y decidía en el mundo que quisieras que esos lugares dejaran de existir en la tierra. Pero por alguna razón Dios permite que existan. - Sebastian se perdió en sus pensamientos por unos instantes y una lagrima broto de sus ojos.
-No quise lastimar tus sentimientos, Sebastian. Perdona.
-No te preocupes Samantha, hay muchas cosas en mi vida que jamas podre olvidar y haber vivido con esas tribu me enseño muchas cosas importantes que solo yo sé valorar. Bueno para concluir mi historia cuando regrese de nuevo a Nueva York. Trate de mantenerme activo nuevamente en lo que me apasiona que es la cirugía, pero este año decidí venir a ver a mi familia y disfrutarlos mientras estan con vida. Aunque no creo que sea muy larga la estadía.
-Pero por que compraste esta casa si la de tus padres es bastante grande.
-Bueno Samantha. Como te dije, aprendí muchas cosas de las tribu y una de ellas es que a veces me encanta vivir como Dios nos trajo al mundo, practico ciertos rituales y busco elevar mis pensamientos hacia ellos. Cosa que jamas podría hacer en casa de mi padre. Jamas me entenderían,- jajaja. Imagínate verme caminar desnudo por la casa.
Samantha se estaba metiendo un bocado cuando escucho aquello y su imaginación se elevo. Ver aquel hombre desnudo caminar por aquella sala. Era algo que la hizo... en eso su garganta no le permitió el paso a la comida y se ahogo. Sebastian le dio un golpe por la espalda y luego le paso un vaso con agua.
-Jajaja, imagínate que tú te ahogaste, mis padres se morirían de la vergüenza al verme así,- se carcajeo hasta dejar salir unas lagrimas.
Samantha se sonrojo y cambio de tema.