Su dedo se deslizó sobre la pantalla del teléfono, leyendo con desinterés los más de cien mensajes en w******p que le había enviado Zoe la noche anterior. Habían empezado muy pacíficos, pero luego se volvieron cada vez más salvajes, llegando a insultar y enviar notas de voz mientras lloraba. Rowan no podía adivinar si estaba llorando de verdad o era otra de sus artimañas para lograr doblegarlo y ablandarlo de nuevo.
La situación lo tenía harto, sus últimos años de secundaria fueron un infierno debido a la situación con su hermana menor, estuvo cerca de reprobar el año más de una vez, hasta ese día… El castaño podía decir fácilmente que había sido la peor experiencia que había vivido, nunca había sentido el miedo y la impotencia tan de cerca como aquella tarde. Nunca se había sentido tan ausente e incompetente como esa tarde.
Su mirada cayó hasta la palma de su mano, pasando sus dedos sobre la piel prominente y cicatrizada en la palma. Los recuerdos invadieron su mente al mismo tiempo que la fea sensación de la decepción aplastaba su corazón.
Bloqueó su teléfono, volviéndolo a guardar justo cuando Marcus apareció en su línea de visión, acercándose en un trote suave hasta que tomó asiento junto a él, aplastando su trasero sobre la banca.
"¿Vas a decirme qué es lo que te tiene tan depresivo?" llevó su mirada hasta su mejor amigo, encontrándolo tomando un largo sorbo de su botella y secándose el sudor del rostro con el dobladillo de su camiseta del equipo.
"Solo estoy cansado, no dormí bien por estar retocando el proyecto" mintió con facilidad. Marcus ya había cargado suficientes años con su malestar debido a su situación familiar, desde el bachillerato, no quería entrometerlo de nuevo y preocuparlo cuando el rubio tenía que mantener su mente centrada en los entrenamientos "Mejoraste mucho en los tiros largos" desvío el tema con ingenio.
No obstante, Marcus era un cabeza dura, así que se negó a dejarlo pasar, girando su rostro en su dirección con un surco apareciendo entre sus cejas "Es Zoe otra vez, ¿verdad?"
Rowan era un ser sensible, había roto en llanto más de una vez mientras veía vídeos de cachorros simplemente porque le parecían muy tiernos, así que no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas y ocultó su rostro tras sus manos cuando supo que no podía contenerse.
Marcus—quien era un insensible fanático del espacio personal por naturaleza—se acercó con torpeza hasta que lo atrapó en un abrazo. Rowan se soltó, importándole muy poco si los compañeros de aquipo del contrario todavía estaban presentes en la cancha y estaban presenciando como se rompía y buscaba consuelo en su mejor amigo.
"Está bien" Marcus murmuró, frotando pequeños círculos en su espalda "Déjalo salir".
"Yo en serio le creí cuando me prometió que lo dejaría" su voz se escuchó ahogada debido al llanto, su garganta obstruida por las lágrimas "Lo prometió por mamá, lo prometió por mí, ¿realmente le importamos tan poco?"
"No lo creo, Wannie" Marcus solo usaba la carta 'Wannie' cuando atravesaban un momento de verdadera vulnerabilidad, lo que solo lo hizo llorar con más ganas "Zoe los ama, son su familia, pero no es tan fácil salir de allí. Probablemente lo intentó, pero nadie puede hacerlo solo. Zoe necesita ayuda profesional y tienes que permitir que tu mamá se la busque".
Rowan lo sabía, muy dentro suyo estaba consciente de que su hermanita nunca podría volver a ser la misma de antes por su propia cuenta. Necesitaba conseguirle algún tipo de ayuda, pero él no tenía el dinero suficiente y no estaba para nada de acuerdo con las opciones de su mamá.
Sorbió por la nariz, rompiendo el abrazo y limpiándose las lágrimas de las mejillas. Echó un vistazo alrededor y se sintió aliviado cuando se dio cuenta de que la mayoría de jugadores del equipo ya se habían marchado, y los pocos que quedaban estaban lo suficientemente apartados para que no se sintieran como que estaban interrumpiendo algo. Rowan a veces amaba que las personas todavía tuvieran la habilidad de ser empáticas.
"¡Marcus!"
No, no, no, no, ahora no, por favor.
Tan pronto como Rowan divisó el pequeño cuerpo corriendo a través de la cancha, se apresuró a jalar las mangas de su sudadera para desaparecer cada rastro de lágrimas en su rostro, frotando sus ojos para intentar eliminar la evidencia. Observó de reojo a Marcus, quien parecía demasiado ocupado tratando de adivinar quién era la persona que había llamado su nombre—cortesía de la miopía—para darse cuenta de su pequeño ataque de pánico.
"¿Qué está mal, Holden?" inquirió el rubio cuando Holden llegó hasta ellos, luchando por recuperar el aliento que perdió en su pequeña carrera.
"Daniel se involucró en una pelea y ahora está en la oficina del director” informó con suave jadeo.
Rowan se dio cuenta de que Holden era potencialmente peligroso para su existencia porque podría estarle gritando que un autobús se estaba acercando en su dirección y él, a lo único que le prestaría total atención, sería a la manera en que la ropa que llevaba—cualquiera que fuese—lo hacía lucir como un modelo de catálogo.
Marcus prácticamente salió corriendo como un desquiciado cuando Rowan apenas parpadeó, levantándose lentamente de su lugar y tomando su mochila junto a la del rubio. Bajó lentamente de las gradas, procurando no caer y romperse la cara contra el césped, pero, sobre todo, no dejarse en ridículo frente a Holden de nuevo.
Pudo sobrevivir a dos veces, pero una tercera provocaría que finalmente se lanzara desde un puente.
Como era habitual, la vida lo odiaba, así que tuvo que caminar en un silencio incómodo junto al pelinegro, rezando al cielo por que su llanto anterior no fuera tan evidente y el contrario no hiciera preguntas. Aunque, de todas formas, Holden no parecía del tipo entrometido, Rowan lo clasificaría más en la categoría ‘desinteresado’.
Se aventuró a observar el perfil del más bajo, encontrándolo con la mirada clavada en las puntas de sus botines negros, probablemente perdido en sus pensamientos. No quería turbar su paz, pero la curiosidad lo estaba matando, así que se armó de valor—como siempre que se trataba de abrir la boca en frente de su amor supremo e imposible—y preguntó: “¿Sabes por qué estaba peleando Dan?”
Jodida mierda, su voz sonaba muy nasal, justo como si tuviera apilados en su nariz siete litros de mocos. Lo cual era cierto, pero no necesitaba que Holden lo supiera.
Esos orbes grisáceos se posaron sobre él, logrando que el corazón le saltara a la garganta, como era habitual, pero esta vez tuvo el suficiente control de su cuerpo para no derretirse como una masa caliente o tropezarse porque sus pies repentinamente habían dejado de funcionar, y mantuvo la mirada como todo un campeón.
Eso es, rey, muéstrale quién manda.
“Mmmm…” Holden rascó una de sus bonitas orejas, sonrojándose un poco y una mueca apenada pintó sus bonitos rasgos “No soy muy bueno captando el sarcasmo, así que no entendí la mitad de las cosas que se dijeron” lo vio entrelazar sus propios dedos “Pero el otro chico mencionó algo sobre su hermana y Daniel simplemente lo perdió”.
Su ceño se frunció, poniendo a trabajar su cerebro.
Daniel difícilmente era de los que perdían la cabeza y se agarraba a golpes como un simio, Rowan había convivido lo suficiente con el novio de su mejor amigo como para considerarlo su propio amigo, por lo que se le hizo extraño que Holden mencionara una hermana.
¿Daniel tenía una hermana?
Era extraño que no se la hubieran mencionado antes, teniendo en cuenta que Dan había sido tan honesto siempre. Tan honesto que Rowan aprendió varias cosas sobre su mejor amigo que no tenía ni el más mínimo interés de aprender... Más específicamente, cosas de carácter s****l. Aún luchaba con ver a Marcus de la misma manera después de haber pasado dos horas hablando con Daniel ebrio y extremadamente dispuesto a revelar secretos.
Pero volviendo al tema central, ¿qué cosa pudo ser aquella que lo enojó tanto para que terminara golpeándose como uno de esos tipos descerebrado de los que él tanto se burlaba? Aunque sus dos neuronas hicieron su máximo esfuerzo, no pudo siquiera armar una respuesta porque la verdad era que no tenía ni idea de la situación familiar de Daniel, más allá de que su padre era un imbécil alcohólico y lo odiaba.
Ja, recordó que eso fue lo que hizo que Dan le cayera bien en primer lugar; tenía un compañero para burlarse y cagarse en sus padres alcohólicos. Lo cual era irónico, ya que lo descubrieron dos meses después de que Marcus empezara a salir con él y con más de cuatro botellas de cerveza encima.
Bueno, todo estaba bien mientras no fueran padres.
Salió de sus pensamientos en cuanto vio por el rabillo del ojo a Holden detenerse, sacar su teléfono celular del bolsillo trasero de sus jeans, el cual aparentemente estaba sonando. Rowan pensó que era una llamada, pero por la manera en que el pelinegro deslizó su dedo por la pantalla y lo volvió a guardar sin siquiera mirarlo, intuyó que tal vez era una alarma.
“Lo siento” Holden se disculpó, sus grandes ojos de Bambi lo observaron apenado.
Rowan se estaba empezando a preocupar por que la única emoción que viera en el contrario cada vez que interactuaban fuera vergüenza.
“¿Qué es?” inquirió sin entender.
“Tengo algo que hacer en casa” informó el menor dando un paso hacia atrás con su mano señalando el edificio de la facultad a tan solo unos metros. El castaño ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento llegaron “Por favor, dile a Dan que volví a casa y que lo siento por no poder quedarme hasta que termine de hablar con el director”.
Rowan abrió su boca para responder pero Holden ya estaba girando sobre sus talones y retrocediendo por donde habían venido. Parpadeó cuando lo vio irse, la curiosidad asentándose en el fondo de su cabeza.
Se dio media vuelta también, planeando apresurar el paso para alcanzar a sus dos amigos en la oficina del director, pero entonces su nombre fue llamado a sus espaldas. Su corazón dio un salto involuntario dentro de su caja torácica, dándose cuenta de que era la primera vez que su amor supremo e imposible lo llamaba por su nombre.
Demasiado ensimismado en su nube homosexual, no se dio cuenta de que Holden estaba regresando en su dirección sino hasta que lo tuvo frente suyo de nuevo. Sus mirada lucía nerviosa mientras sacaba una barra de chocolate de uno de los bolsillos de su bonita chaqueta de cuero sintético.
“Está demostrado científica y empíricamente que el chocolate puede mejorar de una forma muy efectiva el estado de ánimo del ser humano porque, debido a su constitución de aceites grasos como lo son el ácido palmítico y el ácido esteárico, estimula la actividad neuronal en las zonas del cerebro que están relacionadas con el placer” Holden extendió la barra en su dirección, asintiendo levemente cuando Rowan la tomó con algo de duda “Además, un estudio alemán demostró que puede ayudar a disminuir la presión arterial, así el riesgo de enfermedad cardiovascular y, por consecuencia, reducir somáticamente el estrés”.
Rowan parpadeó entre el rostro estoico del pelinegro y la barra de chocolate en su mano, llorando internamente porque su cerebro seguía procesando las palabras del contrario aún cuando éste ya se había dado media vuelta y esta vez sí había desaparecido de su campo de visión.
¿Le había regalado la barra de chocolate para que se sintiera mejor, pero en vez de decirlo como una persona normal, le había dado un discurso como si fuera algún nutriólogo profesional?