3. Solo una semana

1427 Palabras
Rowan muchas veces se preguntaba por qué existía si el solo hecho de respirar ya era una razón para que le sucedieran desgracias. Sobre todo cuando ni siquiera buscaba obtenerlas, era un muchacho tranquilo que lo único malo que hizo en toda su vida fue cortarle el flequillo a su hermana menor con una máquina de afeitar, y fue una dulce venganza después de que ella asesinara a su pez dorado mientras él estaba en una excursión de la escuela. Más allá de eso, era un completo ángel, por lo que comúnmente no entendía por qué la vida le tenía preparados tantos momentos de vergüenza, el flequillo de su hermana no valía una vida entera de él siendo un imbécil con mala suerte.  Después del incidente en el que casi muere por asfixia en la entrada de su propio departamento y en frente de su amor supremo e imposible, se había disculpado, diciendo que tenía que ir a la tienda por unos cuantos pinceles y un bloc de papel de gramaje, sin siquiera despedirse apropiadamente o tomar su billetera siquiera. Así que así era como había terminado con el culo aplastado en una banca del parque que estaba a unas cuantas cuadras del edificio—las cuales tuvo que contar si no quería terminar perdiéndose—y mascando una gran cantidad de chicles de fresa que compró con las pocas monedas que tenía en los bolsillos traseros de sus jeans.  Rowan tenía veintiún años y no entendía muchas cosas de la vida, pero sí entendía que no funcionaba bien bajo presión. La mayoría de desgracias en su vida ocurrían en momentos de presión, como la vez en cuarto grado de primaria que tenía que hacer una presentación en francés y terminó cantando el opening de Pokemon. No se cayó hasta que su mamá vino a recogerlo y entonces rompió en llanto. A veces no entendía cómo es que no sufrió bullying en los doce largos años de su vida que pasó en la escuela. La bomba de chicle que armó reventó, haciendo eco en el silente parque mientras observaba a las personas ir y venir, con el viento soplando y sus extremidades congelándose lentamente.  Necesitaba volver al departamento y terminar de ordenar, así que dio por terminada su pequeña crisis cuando observó la hora en su teléfono celular. Se levantó de su sitio, sintiendo sus nalgas más frías que el polo Sur, y se deshizo del chicle en su boca en el contenedor de basura más cercano.  Los siguientes diez minutos los pasó ideando una excusa creíble del porqué no traía consigo ni las pinturas ni el bloc de papel de gramaje, decidiendo que diría que su tienda favorita estaba cerrada y no tenían pintura color verde neón.  Tomó una pesada respiración cuando se encontró de frente con la puerta de su nuevo departamento, estirando la mano para tocar el timbre pero descartando la idea cuando ésta se abrió antes de que lo hiciera. El corazón se le subió a la garganta cuando Holden apareció detrás de ella.  “Oh” el pelinegro se detuvo abruptamente antes de que pudieran chocar, levantando su mirada con una expresión apenada “Disculpa”. ¿Cómo—en toda la historia de la r**a humana—era posible que alguien tuviera ese rostro? En serio, ¿cómo? Holden Rivers debía ser el humano favorito de Dios porque, mientras el resto de mortales se veían apenas decentes, Holden era casi tan perfecto que daban ganas de sentarse a admirarlo y admirarlo durante largas horas. Y Rowan era un artista, en proceso al menos, así que tenía sentido que tuviera ganas de observarlo hasta que la imagen se grabara permanentemente en su retina, así después podría retratar cada reflejo de luz en esos orbes brillantes o las diminutas y casi imperceptibles pecas que salpicaban sus mejillas. De repente, una idea lo golpeó fuerte y de frente, su bombillo de artista encendiéndose. Su vista bajo hasta las manos del más bajo, observando largos y delgados dedos enredados sobre los cordones en la capucha de su sudadera. Por supuesto, un chico tan bonito también debía tener unas manos bonitas. “Creo que nunca nos presentamos” habló, rezándole a todos los santos del cielo para que no se escuchara tan nervioso como se sentía “Me llamo Rowan” estiró su mano en dirección al pelinegro, quien tardó unos segundos antes de tomarla.  Rowan supo que esas debían ser las manos en cuanto sintió la suavidad contra su propia palma carrasposa, pero sobre todo, cuando el contacto envió cosquilleos a su estómago y latidos acelerados a su corazón. Sabía que esas debían ser las manos no solo porque eran bonitas, sino porque le transmitían algo. Rowan podría no estar ni a la mitad de camino de su carrera, pero sabía que la única forma de que su ingenio artístico pudiera ser debidamente explotado, era pintando algo que le transmitiera emociones. Algo que pudiera sentir a través del pincel y la pintura. “Mira, sé que esto puede sonarte extraño porque literalmente nos acabamos de conocer…” empezó mordiéndose el labio inferior ante la mirada curiosa de Holden. Por Michelangelo Buonarroti, era realmente demasiado lindo para la salud mental de cualquiera, pero se obligó a mantenerse centrado “Pero, ¿podría hacerle una foto a tus manos?” ════ ∘◦❁◦∘ ════ Soltó un suspiro satisfecho cuando observó el resultado sobre el papel, sintiéndose mucho más conforme con el resultado que ahora había logrado. Sus dedos dolían debido a haber pasado dos largas horas dibujando y borrando sobre el papel, sus manos manchadas de nuevo pero al menos se sentía más satisfecho consigo mismo y con el trabajo que entregaría mañana temprano. Lo dejó a un lado y salió de su habitación, encontrándose con Marcus y Daniel todavía sentados sobre el sofá y besándose uno al otro. Negó con la cabeza y pasó directo a la cocina, observando el reloj empotrado a la pared en el camino para darse cuenta que eran pasadas las once de la noche. El descubrimiento solo logró que el cansancio de su cuerpo despertara después de haber estado dormido al dibujar como un maníaco durante dos horas seguidas.  Su estómago gruñó y procedió a hacerse algo de comer. Revisó su teléfono mientras esperaba que el agua de la sopa instantánea hirviera, encontrándose con dos mensajes: uno en el chat de su mamá y otro en el chat de su hermana menor. Abrió el de Zoe primero. Zoe si mamá te escribe histérica, no le hagas demasiado caso, no fue nada grave, lo prometo. estoy portándome bien Su ceño se frunció, dirigiéndose inmediatamente al chat de su madre sin responder. Mamá Zoe tomó mi billetera otra vez. Ya no sé qué hacer con ella, Rowan, ha estado escapándose por las madrugadas y tuve que enterarme después de que casi se fisurara el tobillo por saltar desde la ventana. Estoy cansada, está cada vez más rebelde y la semana pasada el director de la escuela me citó porque la encontraron en los vestidores fumando. Fue un milagro que no la expulsaran de esta escuela también. Sé que estás ocupado con la universidad, cariño, pero si pudieras pasarte alguna tarde y hablar con ella de nuevo, te lo agradecería infinitamente. También te sugiero que dejes de enviarle dinero, no ha hecho más que utilizarlo para esa mierda, dejó el taller de danza y me enteré porque una de sus compañeras llamó preguntando porqué no había vuelto.  Su buen humor se esfumó por completo, guardando su teléfono de nuevo. Se pasó las manos por las hebras castañas de su cabello, la decepción calando profundo en su pecho. Él en serio creyó en su hermana cuando le dijo que lo dejaría. Cuando le prometió que lo dejaría. El apetito desapareció instantáneamente, así que decidió apagar la estufa y volver a su habitación, ignorando el llamado de Marcus cuando notó que algo iba mal. Se encerró en su cuarto, desbloqueando su celular para marcar el número de Zoe. "Wannie, te prometo que- "Se acabó el dinero" cortó el monólogo de su hermana que ya se estaba aprendiendo de memoria "Y será mejor que te portes bien hasta el sábado, cuando pueda viajar, porque no me voy a entrometer otra vez si mamá decide que quiere enviarte a un internado".  Colgó inmediatamente después de lo que dijo, asegurándose de dejar su teléfono en silencio antes de apagar las luces y meterse en la cama.  Una sola semana en paz pedía, una sola.
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