5. Cuatro horas solos

2395 Palabras
Holden lo tenía mal, muy mal, demasiado, mucho, exageradamente, desmesuradamente, a una escala estratosférica y a un nivel incontable.  La situación más similar que su atrofiada cabeza podía idear sería un cachorro corriendo y babeando detrás del hot dog de algún niño pequeño; el niño agitaba el hot dog justo frente a su cara solo para retirarlo cada vez que el pobre cachorro se atrevía a saltar para alcanzarlo. Los niños siempre molestaban a los cachorros, Rowan vio escenas como esas decenas de veces y normalmente era él quien se acercaba para reprender al mocoso y librar al pequeño cachorro de su desgracia. El problema era que no existía otro Rowan en su ejemplificación de la vida real, así que estaba destinado a quedarse brincando eternamente hasta que sus pobres patitas se desgastaran, sus rodillas dejaran de funcionar y muriera solo, triste y feo. Él no quería pasar a ser un cachorro feo, triste y muerto, pero prefería serlo antes de siquiera insinuar alguna cosa a su amor supremo e imposible.  Aclarando algo—que a este punto ya debería estar más claro que el agua del inodoro después de jalar la cadena—, Rowan era un perdedor. Sip. Hace bastante tiempo que lo había aceptado y se había resignado a vivir con ello. El problema era que nunca antes le había molestado tanto, nunca le había molestado por el simple hecho de que nunca antes había desarrollado un crush por un ser humano como Holden. Básicamente, cada vez que lo veía era como recibir un fuerte puñetazo al rostro seguido por un sello ardiente en la frente que decía ‘sigue participando’. Rowan no quería seguir participando, en serio, ojalá pudiera dejar de hacerlo, pero ahí estaba su imbécil, atrofiado, estúpido, tonto, baboso, malparido corazón acelerándose cada vez que lo veía o cada vez que siquiera escuchaba su nombre. ¿Por qué? ¿Por qué la vida le estaba haciendo eso? Él vivía como un muchacho común y corriente, demasiado centrado en no morir mientras intentaba conseguir un título universitario. Además de eso, existía el obvio problema de que… ejem, ¡se estaba sintiendo atraído por otro chico por primera vez en toda su mísera existencia! Por el santísimo Claude Oscar Monet, Rowan no era un adolescente, a sus 20 años tenía más los pies en la adultez que en la adolescencia, ¿por qué de repente—cuando durante toda su vida había sido recto como una flecha—se estaba sintiendo atraído por una persona de su mismo género? Su primer año de universidad había sido loquísimo, había sido el año en que se había desquiciado por completo, incluso había perdido el foco de su vida y estuvo a nada de reprobar el semestre, sobra decir que no hubiera sobrevivido a eso, pero el punto importante es que se había liado con unas cuantas mujeres; rubias, castañas, pelirrojas, asiáticas, rizadas, morenas, altas, tímidas, extrovertidas, pandilleras… En fin, había sido su época de experimentación y descubrimiento s****l. Pero en ningún momento se le pasó por la cabeza liarse con otro chico. Nunca.  Nunca hasta que esos bonitos orbes grises bordeados por espesas pestañas y esos rasgos, geométricamente medidos desde el útero de su mamá, habían aparecido en su vida. Fue un flechazo instantáneo, tanto así que ni siquiera se dio cuenta sino hasta que la saliva ya se le escurría de la boca mientras lo veía respirar. Rowan ya hasta dudaba de que alguna vez alguien le hubiera atraído físicamente a ese nivel. Soltó un pesado suspiro, dándose media vuelta en su mullida cama para aplastar su rostro contra la almohada. Era un domingo en los que no sentía energía ni para levantarse de la cama, y de hecho no planeaba hacerlo, por ello se desveló la noche anterior terminando los infinitos trabajos que la profesora de Historia del Arte, amablemente, les asignaba día tras día y clase tras clase. Rowan estaba seguro de que aprendió más historia en solo dos semestres que de lo que aprendió durante toda la escuela secundaria.  Dos golpes resonaron contra la madera de la puerta de su habitación. "Rowan, ven a desayunar, tenemos visita" esa fue la voz de Marcus. El castaño soltó un bufido cuando sintió que su madre había poseído el cuerpo del rubio, deduciendo de inmediato que por 'visita' se refería a que Daniel había venido a desayunar, como era costumbre.  Se levantó de la cama, tronando los huesos de su cuello y metiendo sus pies dentro de sus pantuflas de perrito. Se sentía con demasiada flojera como para tomar una ducha antes o siquiera peinar su alocado cabello, después de todo solo se trataba del novio de su mejor amigo, y Rowan ya lo había visto tan ebrio que se vomitó encima, no tenía derecho a decirle nada.  "Buenos días, bello durmiente" tan pronto como puso un pie fuera Daniel ya estaba gritando en su dirección.  Rowan le dio su mejor mirada mañanera de 'no me fastidies o te rompo los tobillos', causando que Marcus soltara una baja risa mientras tomaba asiento en la isla de la cocina.  "Quiero dormir hasta tarde un domingo por primera vez en mi vida, antes de envejecer una década por tener que volver a la rutina de mierda con la universidad y el trabajo" un bostezo se le escapó a mitad de su queja y Marcus aprovechó para empujar un vaso de jugo de naranja en su dirección. "Seguro que Salvador Dalí empezaba sus domingos muy temprano y de muy buen humor" reprochó el rubio con una mirada de listillo. Rowan abrió la boca para darle una clase de historia a su mejor amigo, pero se vio interrumpido por el timbre. "¡Yo voy!" Daniel prácticamente se lanzó en dirección a la puerta. "¿Estamos esperando a alguien más?" frunció el ceño, tomando el jugo de naranja para dar un largo sorbo.  Observó a Marcus tragar la cucharada de huevos revueltos que había ingerido hace un instante antes de responder: "Creo que Dan mencionó antes que Holden vendría. Es su nuevo roomie, ¿ya lo sabías?"  Un sonido parecido al de un animal pariendo abandonó la garganta del castaño, logrando que ésta se cerrara y el líquido naranja le saliera por la nariz. Llevó sus manos hasta las servilletas para tomar una rápidamente mientras Marcus lo observaba con extrañeza. Tan pronto como la puerta se abrió, Rowan no pudo coordinar sus extremidades con su cerebro para salir corriendo del lugar antes de que su amor supremo e imposible arribara, porque estaba muy ocupado muriéndose en cuanto lo observó entrar en el departamento. Holden lucía como que había acabado de tomar una ducha por su cabello oscuro húmedo y despeinado sobre su frente, traía puesto un overol color blanco con un suéter de capucha n***o debajo, además de que su bonito y perfecto rostro, esculpido por los ángeles del cielo, estaba adornado con una suave sonrisa que apareció cuando Daniel le dijo algo que Rowan no alcanzó a escuchar porque estaba demasiado ocupado sollozando interiormente por lo asombroso que alguien podía verse un domingo por la mañana.  Volvió en sí cuando sus ojos favoritos se posaron sobre él, logrando que se sobresaltara y apartara la servilleta de su nariz, acomodando su trasero adecuadamente sobre el taburete.  Iba a entrar en pánico porque seguramente se veía terrible, con rastros de saliva en sus mejillas y lagañas en las esquinas de sus ojos, pero Marcus lo interrumpió: "Hey, Holden, ¿cómo estás?"  El castaño murió internamente—por sabrá la madre de Jesucristo cuál vez—cuando fue partícipe de la timidez que abarcó el pequeño cuerpo del pelinegro. Se balanceó sobre las puntas de sus zapatillas cuando respondió bajito: "Buenos días, Marcus".  Las inmensas ganas de tirar su cuerpo sobre su hombro y llevárselo hasta su habitación, construir un fuerte de acero impenetrable para que nadie pudiera hacerle daño bulleron a fuego alto dentro de su pecho.  Cuando la mirada de Marcus se posó sobre él, idéntica a la de su madre cada vez que le pedía silenciosamente que saludara, se relamió los labios con algo de nerviosismo antes de llevar la propia hasta Holden, quien ya estaba observándolo de vuelta. El corazón le saltó a la garganta, pero aun así se las arregló para decir: "Hey".  "Hola".  Podía sentir sus mejillas ardiendo, pero trató de ocultarlo volviéndose a atragantar con el jugo de naranja, aprovechando que el vaso le cubría la mitad del rostro.  "Toma asiento" Daniel lo llevó coincidentemente hasta el taburete de al lado y llevó toda su fuerza de voluntad no intentar encogerse en su sitio debido a su mala presentación personal.  Rowan no era igual a esas personas de las propagandas que despertaban como si acabaran de tener una cita en el salón de belleza, el comúnmente se levantaba con los ojos hinchados y la marca de la almohada en alguna de sus mejillas. Llámenlo idiota, pero en serio le incomodaba que un ser humano que se veía como Holden lo viera en ese estado. Estaba casi maquineando en su estúpida mente un plan perfecto para escabullirse hasta su habitación y arreglarse un poco, cuando la charla que mantenían los tres chicos llamó su atención.  "¿Todavía no sabes qué lugar fotografiar? ¿No era esa tu tarea para mañana?" Daniel tomó asiento del otro lado de la isla, comiendo su tostada tranquilamente. "Mmm no" Holden se mordió el labio inferior y Rowan se atragantó, tosiendo repetidas veces hasta que Marcus palmeó su espalda. "Estoy bien" informó con las mejillas todavía calientes y la voz ahogada debido al esfuerzo de toser. Sostuvo el vaso contra sus labios, bebiendo el jugo restante. "Holden, es tu primer semestre y necesitas obtener las mejores notas" regaló Daniel "Después se pone peor y es prácticamente imposible obtener notas decentes".  "Créele al que repitió semestre" Marcus añadió con burla mientras tomaba asiento junto a su novio. Daniel le propinó un golpe en el hombro y de repente Rowan ya no quería vivir más cuando su pequeña guerra de empujes terminó en una sesión de cortos besos. Por el rabillo del ojo, observó a Holden removerse algo incómodo en su lugar, jugueteando con sus manos entrelazadas sobre su regazo.  Cuando sus lenguas empezaron a involucrarse, tuvo que intervenir: "¿Les importaría dejar de contribuir a mi instinto suicida y terminar con su sesión de besuqueo antes de que vomite la cena de ayer?"  El chasquido que provocaron sus labios al separarse hizo que Rowan se estremeciera, estirándose sobre la isla para alcanzar una de las tostadas. Tomó el pote de mantequilla de maní y tomó un cuchillo para empezar a untarla sobre el pan, decidido a empezar a desayunar antes de que su apetito desapareciera por completo debido a esos dos. "No, pero en serio, Holden, tienes que dejar de sopesarlo tanto y tomar la maldita fotografía. La señora Martins no es exactamente alguien amable" Daniel continuó.  "Es solo que no he encontrado el lugar adecuado. No puedo simplemente fotografiar cualquier sitio y entregar un trabajo mediocre". "Entregar un trabajo mediocre es mejor que no entregar un trabajo en lo absoluto".  "¿De qué va el trabajo?" Marcus irrumpió en la discusión, tomando otro bocado de sus huevos revueltos. "Nada muy especial, solo necesita tomar una fotografía y analizar tonos, ángulos, luces y contrastes" Daniel respondió, apoyando sus codos sobre el mesón "Pero Holden siempre hace un escándalo al respecto". Rowan observó a Holden bajar la cabeza con timidez, todavía jugueteando con sus manos. Entonces decidió abrir la boca: "No es tan fácil, me pasó muchas veces que me quedé atascado en una tarea simple solo porque no lograba obtener la inspiración y no sentía correcto nada de lo que intentaba".  "Claro que sí, señor 'busqué durante dos semanas las manos correctas solamente para hacer un boceto'. Tú lo entiendes mejor que nadie" Marcus comentó con una sonrisa burlona.  Rowan entrecerró los ojos en su dirección.  "¿Hablas en serio?" preguntó Daniel con incredulidad. "La gente de la universidad empezó a decir cosas sobre él y un supuesto fetiche de manos".  Daniel rompió en carcajadas y Rowan tiró un trozo de tostada en su dirección. "Les expliqué a todos y cada uno de ellos porqué necesitaba que me dejaran ver sus manos" se defendió, enfurruñado en su lugar "No es mi culpa que todos estén así de corrompidos. ¿Siquiera existen los fetiches con las manos?"  "No lo sé, pregúntale a Dan que cada vez que estamos en la cama me pide que- "¡Cambiemos de tema!" prácticamente gritó, interrumpiendo el turbio secreto s****l que su mejor amigo había estado a punto de revelar.  No estaba interesado en saber todavía más sobre la vida s****l de sus amigos. Aún luchaba con los traumas.  Comieron en silencio durante unos segundos, hasta que Marcus volvió a hablar: "Pero Holden, si quieres, Rowan te podría llevar al mirador. Está a unas dos horas de aquí y, si se van en unos cuantos minutos, podrían regresar antes de que anochezca para que hagas el análisis. Los paisajes son realmente bonitos allí".  Rowan se perdió en algún lugar del discurso de su mejor amigo, precisamente en la parte en la que lo había ofrecido para viajar con su amor supremo e imposible solos, dentro de un auto y durante cuatro horas; dos de ida y dos de vuelta. ¿Qué mierda?  Su mirada voló hasta Marcus, quien no le estaba prestando atención por estar esperando una respuesta de parte del pelinegro.  "Uh, yo escuché sobre el mirador antes" respondió Holden, un surco apareciendo entre sus cejas mientras parecía considerarlo. Rowan rezó internamente a todos los dioses de cada religión existente, pero entonces ese bonito rostro se giró en su dirección. Se sobresaltó en su lugar cuando le dedicó una mirada brillante "¿No sería una molestia para ti? Iría por mi cuenta pero me mudé hace poco y no sé ir a ningún otro lugar que no sea la universidad".  Y Rowan se atragantó de nuevo, esta vez con la tostada. "Parece que a alguien se levantó sin saber cómo masticar" se burló Marcus. Tragó con dificultad el alimento en su boca, observando de cerca cómo esos ojitos esperaban pacientemente por una respuesta. ¿Y cómo en el mundo Rowan se iba a negar? Le podría pedir que pudiera una bomba en la Casa Blanca y Rowan ya estaría lanzándose contra los guardias de la entrada cuando Holden apenas estuviera terminando la oración. "Eh, s-sí, claro, yo p-puedo llevarte".  Su estómago dio un vuelco cuando una sonrisa se deslizó sobre los labios del pelinegro, quien asintió con emoción mientras volvía a su comida.  El resto del desayuno fue tranquilo para tres de los presentes, porque a cierto castaño le estaban sudando hasta el ano mientras trataba de asimilar el hecho de que pasaría tanto tiempo a solas con la persona que lo ponía tan nervioso como para hacerse pipí encima.
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