Un mensaje de voz: —¿Dónde estás? Por favor, contéstame ahora. Segundo mensaje de voz: —Isabella, sólo quiero hablar. Por favor, coge el teléfono. Tercer buzón de voz: —¿Te has mudado?... Mensaje de voz: —Llámame. Por favor, Isabella, contesta o llama. Dime dónde estás y allí estaré. Adrián esperaba. Pisaba con fuerza, marcando un ritmo constante. Como un loco, contaba los segundos. Contar era su forma de no pensar en nada más, de evitar perder el control. Sabía que era egoísta. Pero si pensaba en ello, se volvería loco. Cometería un error. Haría daño a alguien. Era dolorosamente consciente de ese riesgo. No dejes que les pase nada. Adrián respiró hondo. En los últimos días, había intentado mantenerse ocupado, alejándose de todo lo que implicara confrontación. Había descu

